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Finanzas Personales

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La historia de ?Jesse Livermore

Se distingue al inversionista del especulador por no desear ganar todos los días, sino por observar periodos más largos que prueben la efectividad de su estrategia.

Como especulador, Jesse Livermore* se ganó toda una reputación cuando en 1907 y de nueva cuenta en 1929, dirigió sus apuestas en contra de la alza de los mercados. Cuando la caída de los precios cesó, su fortuna personal rondaba los 100 millones de dólares, una extraordinaria ganancia que hoy equivaldría a 1.2 billones de dólares.

Para enmarcar tal hazaña habría que recordar aquel año como el inicio de la Gran Depresión, una época salpicada de incertidumbre y que demandó al Índice Dow Jones la exorbitante cantidad de 25 años (1929 – 1954) para recuperar sus niveles previos a la crisis.

Sin embargo, 90% de la fortuna que acumuló en 1907 se perdió aquél mismo año con una mala apuesta en el precio del algodón y la de 1929 como lo hiciese con anterioridad fue completamente esfumada para 1934, a la vez que era suspendido de la Chicago Board of Trade.

A su muerte, y tras varias esposas, no dejó más de 5 millones de dólares, después de haber contado con diversas mansiones, yates y limusinas.

La simple posesión de acciones, bonos o cualquier otro instrumento no se convierte de inmediato en una inversión, máxime si ésta se ha adquirido bajo la naturaleza apostadora de Jesse. La intención es por sí sola la diferencia principal entre inversionistas y especuladores (apostadores).

Cierto es que todos compramos acciones con la expectativa de que éstas suban de precio y las vendemos cuando creemos que bajarán de precio. Pero lo que no se parece es el raciocinio implementado en cada compra o venta.

Para aquellos que se deciden por el camino de la inversión y no de la especulación para hacer crecer su patrimonio, existen un par de pautas a seguir:

1. Un inversionista hace a un lado la especulación al buscar un valor fundamental o intrínseco de cada acción con base en la investigación continua de la situación financiera de cada empresa, el precio actual puede estar por encima o por debajo de dicho valor, marcando puntos de compra y de venta de cada instrumento.

2. La implementación de estrategias de diversificación y optimización de los portafolios.

Se distingue al inversionista del especulador por no caer en excesos de confianza, al abandonar la destructiva obsesión por la vigilancia diaria de los resultados y el deseo de ganar todos los días, optando por la medición de periodos más largos que prueben la efectividad de las estrategias.

Un inversionista sabe de la utopía de ver triplicado su capital en sólo unos días (dinero fácil) y por supuesto es consciente del riesgo, por lo tanto recurre a técnicas para diversificarlo.

No cabe duda de que Jesse contaba con un olfato particular para detectar y explotar grandes oportunidades de mercado, pero al mismo tiempo acarreaba los defectos que cualquier persona puede sufrir al momento de invertir: miedo y avaricia.

Para ello, la gestión profesional de activos busca eliminar estos estados inherentes a la inversión transformando la selección de inversiones en un proceso metódico y bien fundamentado.

No es una ruleta

Invertir no es una ruleta sino una historia de objetivos fijados y alcanzados con base en dedicación y oportuna asesoría, la diferencia entre especulador e inversionista está en usted, su historia de éxito en los mercados puede empezar a escribirse desde ahora y acabar con un buen sabor de boca para usted y los suyos.

*Edwin Lefèvre (1923). Reminiscences of a Stock Operator. Richard Smitten (2001). Jesse Livermore: World’s Greatest Stock Trader.

*El autor es Associate Equity / Asset Management y Fiduciario de BBVA Bancomer.

oscar.rojas@bbva.com

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