Lectura 3:00 min
El mayor factor de creación de riqueza
Existe un punto intermedio entre la inversión y la filantropía que combina lo mejor de ambos.
Utilizamos las inversiones para ganar dinero y la filantropía para salvar al mundo, como si ambas cosas no coexistieran en el mismo planeta y tuvieran consecuencias excluyentes. Poco a poco en el mundo incrementa la sensibilización hacia darnos cuenta de que el retorno de nuestras inversiones no sólo es financiero, sino también genera impacto en el ámbito social e impacto para el medio ambiente. Gradualmente, nos percatamos que la responsabilidad social corporativa no es en lo que se gasta una parte de las utilidades de la empresa sino cómo estamos generando estas utilidades.
Analizando el ADN de nuestras inversiones, debemos estar preguntándonos si las consecuencias que generan benefician a todos los involucrados o si perjudican a muchos para beneficiar sólo a unos pocos.
Existe un punto intermedio entre la inversión y la filantropía que combina lo mejor de ambos. La intersección de la rendición de cuentas, generación de utilidades, y eficiencia de la inversión privada combinada con los objetivos de justicia social de la filantropía forman un concepto llamado inversión de impacto; aunque también es llamada inversión inteligente, por ser la inversión que tiene la capacidad de resolver problemas sociales (siendo los principales la pobreza y desigualdad) y ambientales (cambio climático, entre otros) mientras ofrece el potencial de rendimiento económico.
El concepto ha evolucionado alrededor del mundo desde los esfuerzos reactivos de desinversión en las industrias destructivas (los ejemplos más comunes son industrias de armamento, tabaco, industria petrolera, entre otras) hasta los esfuerzos más proactivos de crear inversiones y empresas sociales con objetivos concretos de resolver ciertos problemas y generar mayor innovación social y ambiental.
Cabe destacar que los estándares para distinguir una inversión o empresa de impacto social de una inversión o empresa que sólo busca generar utilidades son más profundos que la simple creación de empleos.
Todas las empresas generan empleos, pero las empresas que se consideran de impacto social generan transacciones con un concepto de ganar-ganar para todo el sistema al que impactan; es decir: clientes, proveedores, empleados, comunidad en la que viven, inversionistas y medio ambiente. Una empresa social es una organización que aplica las estrategias comerciales para maximizar las mejoras en la calidad de vida humana y la sustentabilidad ambiental, en vez de sólo maximizar utilidades para accionistas externos.
Afortunadamente en México existen ya numerosas empresas sociales, fondos dedicados a la inversión de impacto y organizaciones de apoyo que cada vez prosperan más y van incrementando su capacidad transformativa.
En América Latina se estima que para el cierre del 2013 ya había 2 billones de dólares destinados para inversión de impacto social, de los cuales 800,000 millones de dólares ya habían sido invertidos. Esta cifra representa un crecimiento de 12 veces desde el 2008 hasta el 2013, de acuerdo con un estudio publicado por Bein en noviembre del 2014.
Cómo dice Bernardo Toro, de Fundación Avina: La ética define la inversión de impacto: toda transacción ética es una transacción ganar-ganar. La ética es el arte de elegir lo que conviene a la vida digna de todos/as y contribuye al cuidado de los servicios ecosistémicos del planeta. La ética es el mayor factor de creación de riqueza .
El autor es estratega de Inversión Renta Variable de Banca Patrimonial y Privada en BBVA Bancomer.