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Masculinidades tradicionales, barrera para enfrentar el cambio climático en la ganadería de Sonora, estudio

Un estudio de caso encontró que factores culturales como el individualismo, la resistencia física y el rechazo al cambio pueden influir en la adopción de prácticas sostenibles en el sector ganadero.

Ganaderosfoto: archivo

La ganadería enfrenta el desafío de adaptarse a los efectos del cambio climático y, aunque factores económicos y tecnológicos suelen ocupar buena parte de la discusión, una investigación realizada en Sonora pone sobre la mesa otro elemento: las concepciones tradicionales sobre lo que significa “ser hombre”.

Un estudio publicado publicado por Estudios Sociales. Revista de Alimentación Contemporánea y Desarrollo Regional, una publicación del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), analizó la relación entre la percepción del riesgo climático y las masculinidades dentro de una empresa ganadera de Sonora, encontrando que valores como el individualismo, el esfuerzo físico, la resistencia al cambio y la autosuficiencia pueden convertirse en obstáculos para reconocer los impactos ambientales y adoptar prácticas más sostenibles.

Los investigadores Héctor Eduardo Munguía-Morales, Alejandro Mungaray-Lagarda, Karen Montaño-Silva y Jaciel Ramsés Méndez-León, adscritos a la Universidad Estatal de Sonora y la Universidad de Sonora, analizaron específicamente una pequeña empresa dedicada a la ganadería bovina intensiva. Para ello utilizaron encuestas, observación y entrevistas a profundidad.

¿Qué tienen que ver las masculinidades con el cambio climático?

La ganadería en Sonora es una actividad históricamente vinculada con los hombres y con valores como la fortaleza física, el trabajo duro, la resistencia y la capacidad para enfrentar situaciones de riesgo.

El estudio explica que, en espacios rurales y actividades productivas primarias, el reconocimiento social masculino puede asociarse con la resistencia y el enfrentamiento al peligro, mientras que la vulnerabilidad, el autocuidado y el reconocimiento del daño pueden ser desvalorizados.

Estas concepciones pueden funcionar como una especie de filtro al momento de evaluar amenazas y decidir si se adoptan medidas preventivas. Asimismo, determinadas masculinidades se relacionan con ideas de control y dominio sobre la naturaleza, lo que puede reducir la preocupación por los impactos ambientales.

En el caso de la empresa analizada, los investigadores identificaron una minimización de los riesgos relacionados con las actividades laborales, reflejada en acciones como realizar tareas arduas pese a las altas temperaturas, efectuar esfuerzos físicos excesivos, ocultar padecimientos y omitir medidas de seguridad.

Escepticismo sobre el impacto ambiental

Uno de los principales hallazgos fue el bajo reconocimiento inicial sobre el impacto que puede tener la actividad ganadera en el medio ambiente.

El 54.5% de los integrantes de la empresa afirmó que las emisiones provenientes de eructos y gases del ganado bovino no provocaban afectaciones relacionadas con los gases de efecto invernadero, mientras que el resto desconocía el fenómeno.

Algo similar ocurrió con los desechos orgánicos del ganado: 63.6% consideró que no provocaban daños ambientales, 18.2% desconocía sus efectos y solamente 18.2% percibía cierto potencial de afectación.

Los investigadores interpretaron estos resultados como muestra de una actitud escéptica y de distanciamiento respecto a los efectos negativos que la actividad ganadera puede generar frente al cambio climático.

La desconfianza también apareció cuando se abordaron las regulaciones ambientales. El 90.9% de los participantes estuvo de acuerdo con considerar que las leyes de protección ambiental son una “moda”, mientras que 81.8% consideró que son elaboradas por personas que desconocen la dinámica de la ganadería.

Información científica cambió la percepción del riesgo

Sin embargo, uno de los resultados más relevantes del estudio fue que las opiniones no permanecieron estáticas.

Cuando los participantes recibieron información científica básica sobre el cambio climático y sus posibles consecuencias, aumentó su percepción sobre los riesgos que podría enfrentar la propia actividad ganadera.

Por ejemplo, antes de recibir esta información, la posibilidad de enfrentar “días más calurosos durante la temporada de calor” tenía un nivel de certeza de 48%; posteriormente aumentó hasta 82%.

Además, después de explicar algunos riesgos y vulnerabilidades relacionados con el cambio climático, todos los participantes reconocieron una potencial afectación para la empresa: 54.4% consideró que el riesgo era alto, 36.4% lo ubicó como mediano y 9.1% como bajo.

En cuanto a las posibles consecuencias sobre ellos y sus familias, el 100% también reconoció que podría existir una afectación futura, aunque hubo diferencias respecto a su gravedad.

¿Estarían dispuestos a cambiar la forma de producir?

La investigación también evaluó qué tan dispuestos estaban los participantes a adoptar alternativas para reducir el impacto ambiental de la actividad.

Una de las propuestas con mayor aceptación fue implementar un biodigestor para aprovechar los desechos orgánicos: todos mostraron algún nivel de aceptación y 72.7% estuvo muy de acuerdo.

Sin embargo, las alternativas que modificaban directamente el proceso de engorda enfrentaron mayor resistencia. Por ejemplo, 72.7% mostró un alto grado de desacuerdo con permitir que el ganado aumentara de peso a un ritmo menor. 

Los resultados muestran que la disposición a implementar medidas ambientales puede variar dependiendo de las modificaciones que estas impliquen para la actividad productiva.

Ganadería y emisiones de metano

La discusión adquiere relevancia debido al papel que desempeña la ganadería en las emisiones de gases de efecto invernadero.

El estudio explica que el ganado bovino genera metano durante la fermentación que ocurre en su aparato digestivo. Este gas tiene un potencial de calentamiento considerablemente mayor que el dióxido de carbono.

Además, el artículo recupera estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) según las cuales las emisiones procedentes de la producción ganadera representaron alrededor del 12% de las emisiones antropogénicas mundiales, siendo los bovinos el principal contribuyente dentro de la actividad ganadera.

¿Qué concluye el estudio?

Los investigadores consideran que dentro de la empresa estudiada persisten barreras tanto económicas como culturales para avanzar hacia prácticas más sostenibles.

Entre ellas aparecen concepciones de masculinidad vinculadas con el individualismo, la resistencia física, la competencia, la autosuficiencia y la resistencia al cambio, factores que pueden influir en la forma en que se perciben tanto los riesgos laborales como los ambientales.

Por ello, plantean que las estrategias frente al cambio climático no deberían limitarse únicamente a soluciones tecnológicas o económicas, sino considerar también la dimensión cultural de las masculinidades para facilitar la adopción de prácticas sostenibles dentro del sector ganadero.

No obstante, los autores hacen una precisión importante: los resultados corresponden únicamente al estudio de caso de una empresa ganadera y no representan el comportamiento de todo el sector ganadero de Sonora ni de México. La investigación busca identificar dinámicas que pueden ayudar a comprender la relación entre masculinidades, percepción del riesgo y cambio climático, pero sus resultados no pueden generalizarse al conjunto de los productores.

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