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Distribuidores automotrices suman construcción de escuelas primarias

Actualmente, las escuelas construidas por la fundación benefician cada año a más de 50,000 alumnos y alrededor de 12,000 docentes.

Foto: Cortesía

Con más de 25 años de operación y una inversión acumulada superior a 530 millones de pesos, la fundación impulsada por distribuidores de automóviles Nissan en México ha construido y reconstruido 125 escuelas primarias en comunidades vulnerables del país, beneficiando a más de 1.4 millones de estudiantes, informó Kurt Aschentrupp, director general de los distribuidores de Andanac.

En entrevista, el directivo explicó que el proyecto nació hace un cuarto de siglo con el objetivo de “regresar un poco de lo mucho que los negocios han dado” a las comunidades con mayores necesidades educativas, especialmente en zonas alejadas y de difícil acceso.

“El distribuidor, al ser un hombre de negocios local, conoce las necesidades de su comunidad. Muchas veces las autoridades o incluso los propios empleados identifican la falta de una escuela y a partir de ahí se genera el proyecto”, señaló.

La fundación se enfoca exclusivamente en la construcción y rehabilitación de escuelas de nivel primaria. Cada plantel cuenta con seis aulas —de primero a sexto grado—, oficinas administrativas para ambos turnos, salón de usos múltiples, sanitarios separados, plaza cívica techada y espacios destinados para alimentos.

Aschentrupp detalló que las nuevas escuelas representan una inversión promedio de 10.5 millones de pesos, mientras que las reconstrucciones rondan los 2.5 millones, dependiendo del deterioro de la infraestructura.

Además, destacó que las edificaciones utilizan un sistema constructivo conocido como “polyshel”, un material térmico que ayuda a mantener temperaturas más estables en climas extremos.

“En época de calor no son tan calientes y en época de frío no son tan frías. Eso mejora considerablemente las condiciones de aprendizaje”, comentó.

Actualmente, las escuelas construidas por la fundación benefician cada año a más de 50,000 alumnos y alrededor de 12,000 docentes. Algunas operan con doble turno y grupos duplicados, lo que amplía significativamente su alcance social.

El modelo de operación funciona de manera tripartita entre la fundación, distribuidores locales y autoridades educativas. Las autoridades donan el terreno y, una vez concluida la obra, la infraestructura es entregada a la Secretaría de Educación Pública estatal o federal, que se encarga de la operación del plantel.

“Nuestra labor termina con la entrega de la escuela, aunque tratamos de regresar periódicamente para supervisar condiciones y, si es necesario, apoyar con remodelaciones o mantenimiento”, explicó.

El financiamiento del programa proviene de aportaciones realizadas por los distribuidores de la marca por cada vehículo vendido. Dichos recursos se concentran en un fondo administrado por la fundación, la cual cuenta con autorización oficial como donataria ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

“Todo es completamente transparente. Se hacen declaraciones fiscales y se entrega la información requerida a las autoridades”, afirmó.

Uno de los principales desafíos del programa ha sido la logística en comunidades remotas. Aschentrupp recordó el caso reciente de Monteverde, Oaxaca, donde los materiales de construcción tuvieron que transportarse en camionetas pequeñas debido a que los tráileres no podían acceder a la cima de la montaña.

“Toda la comunidad se involucra. Padres de familia ayudan incluso con pintura o trabajos menores. Es una labor social muy bonita porque todos cooperan”, relató.

Para los próximos años, la fundación planea acelerar el ritmo de construcción y rehabilitación de escuelas. La meta es edificar al menos cinco nuevas escuelas por año y reconstruir ocho más anualmente.

Asimismo, buscan intervenir cerca del 80% de los planteles con más de 10 años de antigüedad para mejorar sus condiciones de infraestructura. “Queremos llegar a 150 escuelas en los próximos cinco años. Estamos convencidos de que invertir en educación es invertir en el futuro del país”, expresó.

Desde la perspectiva empresarial, Aschentrupp consideró que el sector privado debe asumir un papel más activo en el desarrollo social y educativo de México. “Muchas industrias deberían participar en devolver algo a las comunidades. Creemos firmemente que una niñez educada permitirá construir un país mucho más grande”, concluyó.

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