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Sobreexigencia: El enemigo silencioso de los líderes
La exigencia impulsar el desempeño, pero cuando la sobreexigencia aparece se afecta el rendimiento y bienestar del líder y del equipo.
Mantener un ritmo exigente por largos períodos puede afectar la salud física y mental en los líderes.
Exigirse en el trabajo puede ser parte del desempeño profesional, pero cuando este ritmo se prolonga, se presenta la sobreexigencia, una situación que enfrentan muchos jefes que priorizan los resultados por encima de su bienestar.
Quedarse horas extra, corregir todas las tareas hasta que sean “perfectas” e irritarse con facilidad son señales de un jefe que se sobreexige. Juan Carlos Ramírez, consultor de Ramírez y Asociados, relata que estas conductas suelen estar normalizadas, tanto en puestos directivos como gerenciales y esto puede afectar tanto su rendimiento como el de su equipo.
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Es decir, la sobreexigencia puede provocar estrés laboral, depresión y desánimo y, si se mantienen, con el tiempo puede aumentar el riesgo de burnout. Esto resulta alarmante considerando que en México el 71% de los trabajadores de entre 35 y 44 años presenta estrés laboral, de acuerdo con el Reporte de Salud Mental 2026, realizado por Axa.
La sobreexigencia es engañosa, porque puede darte resultados sobresalientes al inicio, pero también tiene un costo muy alto”, señala Mauricio Contreras, director general de Liderazgo REx.
Detrás de la sobreexigencia
La sobreexigencia en los jefes suele tener dos orígenes: el entorno laboral en el que se desarrollaron y la inseguridad por demostrar buenos resultados.
Me ha tocado que los directivos expresan que crecieron con ese estilo de liderazgo y no lo piensan cambiar; pero las nuevas generaciones están dispuestas a dejar un empleo cuando hay sobreexigencia”, comenta Juan Carlos Ramírez.
Sin embargo, el especialista recalca que no significa que los jóvenes vean mal la exigencia, sino que cuando se sobrepasan los límites, pueden considerar renunciar, lo que representa un reto para las organizaciones que buscan atraer y retener talento.
En este sentido, la generación Z, es la que prioriza el bienestar y equilibrio entre la vida personal y el trabajo y, por ende, el 53% considera dejar su empleo en los próximos seis meses, de acuerdo con ManpowerGroup.
Por otra parte, la inseguridad influye en la sobreexigencia en los jefes por la creencia de que deben cumplir con altas expectativas a causa de su puesto. A esto se suma que este comportamiento puede intensificarse en ambientes laborales donde la comparación constante propicia mayores niveles de presión.
“Esto se encamina hacia el perfeccionismo y genera cierto miedo, porque con cualquier error se suele recriminar y no nos permite entregar algo aceptable”, comenta Mauricio Contreras.
¿Cómo frenar la sobreexigencia?
La exigencia puede ayudar a mantener la disciplina y cumplir con las responsabilidades, pero cuando se mantiene durante largos periodos puede afectar las relaciones personales, disminuir actividades fuera del trabajo e incluso deteriorar el bienestar.
Por ello, para identificar cuándo se está llegando al límite y es necesario hacer una pausa. Los especialistas aconsejan fortalecer la confianza con el equipo para que puedan expresarse cuando el ritmo o la carga de trabajo es insostenible.
Aunque 67% de los trabajadores afirma que puede hablar sobre salud mental en el ámbito profesional, solo 17% puede hacerlo con sus jefes, de acuerdo con Axa.
Asimismo, recomiendan modificar algunos hábitos, como priorizar el proceso y el esfuerzo por encima de los resultados, entender el error como parte del aprendizaje, buscar soluciones y solicitar retroalimentación a personas de confianza.