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Las deudas se pueden congelar y pagar

Una persona que ha consumido por largo tiempo más de lo que puede pagar con su ingreso puede optar por los llamados planes de salida que ofrecen los bancos, cuyo principal atractivo es que no causan un reporte negativo en el Buró o el Círculo de Crédito.

Fue una gran satisfacción recibir la semana anterior comentarios y solicitudes de información sobre la historia, real, de una mujer a la que persigue el descrédito por no pagar el dinero que pidió prestado a instituciones financieras.

Los comentarios me produjeron también un gran pesar, al confirmar que lamentablemente numerosas personas identificaron la situación, sea en carne propia o en algún familiar, amigo o simple conocido de su círculo cercano.

“He estado en el Buró de Crédito”, es una expresión común, que trata de expresar que su expediente de crédito está manchado con notas negativas producto del incumplimiento de los compromisos contraídos con sólo firmar.

Recordé a un banquero que expresó nunca haber presenciado dolor ni tristeza en una apertura de un crédito para un automóvil o una casa.

Sin embargo, atestiguó, consternado, la frustración de pesar en las personas que debían devolver un bien o entregar una vivienda que era parte de un proyecto de vida, por no haber cumplido con los pagos.

Sin moratoria

De entre los comentarios y solicitudes de información destaca una, muy válida: el lector me preguntaba si era posible declarar la moratoria, el concurso mercantil, y si el banco debía conceder un plazo de gracia para reanudar los pagos, cuando las condiciones fueran más favorables.

La consulta se refiere a líneas de crédito personales, tarjetas bancarias que mantienen un saldo, a mi juicio no sólo elevado sino inapropiado.

Y la mala noticia es que no, los bancos no tienen obligación de ofrecer un periodo de gracia a un deudor de tarjeta de crédito.

Es posible que las personas asocien esa facilidad con el periodo de gracia, que se concede para el pago de créditos hipotecarios a trabajadores que cotizan al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado y que realizan, y reciben aportaciones a los institutos de vivienda de cada institución.

Deudas a la hielera

No obstante, para todo existe solución, incluso para recuperar la salud financiera de una persona que por un largo tiempo ha consumido más de lo que puede pagar con su ingreso.

Se trata de los llamados planes de salida que los bancos ofrecen y cuyo principal atractivo es que no causan una observación negativa en el expediente crediticio, en el reporte que emiten el Buró o el Círculo de Crédito.

El esquema consiste en congelar el saldo y aplicar una tasa más baja de interés al saldo en adelante, conforme con las consultas realizadas con especialistas en otorgamiento de plásticos.

De esa manera, la tarjeta deja de ser una línea de crédito revolvente y ahora el usuario se apega a un plan de pagos, que se compromete a cumplir por ser más acordes a su capacidad a la distribución de su presupuesto. Cabe advertir que mientras se liquida la deuda no se podrán hacer nuevas disposiciones, ya que tanto el saldo como la tarjeta estarán congelados.

Los expertos advierten que otros programas como las “quitas” que consisten en pagar menos del crédito solicitado ocasionan las indeseables notas negativas en los expedientes de crédito, que pueden ocasionar rechazo crediticio en el futuro.

mtizq@eleconomista.com.mx

Tres síntomas de complicaciones financieras

No sano. Más de 40% del ingreso mensual bruto (antes de impuestos) se ocupa en pagar deudas, en cubrir créditos, incluido automóvil e hipotecario.

No sano. Más de 30% del ingreso mensual bruto se utiliza para el pago de la vivienda, sea en renta o hipoteca.

No sano. Más de 15% del ingreso mensual bruto se usa para pagar tarjetas de crédito.

Tarjeta: herramienta o amenaza

La tarjeta de crédito deja de ser una herramienta útil para una persona o familia cuando su usuario no es capaz de cubrir el monto total antes del periodo de servicio, cuando no genera intereses, de 30 días en promedio.

Y a menos que haya aprovechado una promoción de meses sin intereses que le obligue a mantener un saldo hasta liquidar en el tiempo convenido, el resto del saldo resulta oneroso y puede llegar a pagar varias veces el precio de cualquier producto o servicio que haya consumido y se tarde en liquidar en por lo menos un año.

Y lo más triste es que quizás se pudo aplazar o cancelar la compra de un mueble, de ropa nueva, perfumes, accesorios, que por el alargamiento de la deuda costarán el doble o el triple de su precio.

Y como siempre se vale considerar prescindir temporalmente de un bien y canalizar esos recursos a pagar el crédito o por lo menos liquidar la mayor parte.

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