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Crisis de vivienda en América Latina exige transformar el sistema habitacional

Para Hábitat para la Humanidad el principal desafío habitacional de la región no es solo construir más casas, sino transformar los sistemas de financiamiento, ubicación, resiliencia y gobernanza para garantizar hogares dignos

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La crisis de vivienda en América Latina y el Caribe requiere un cambio de enfoque. Más allá de aumentar la construcción habitacional, el reto consiste en atender problemas estructurales que mantienen a millones de familias en condiciones precarias, de acuerdo con Ernesto Castro-García, vicepresidente para Latinoamérica y el Caribe de Hábitat para la Humanidad.

En un análisis al respecto, el directivo sostuvo que la discusión ya no puede centrarse únicamente en el déficit cuantitativo, sino también en la calidad de las viviendas y en las condiciones que limitan el acceso a un hogar seguro y adecuado.

“La pregunta más importante hoy no es solamente cuántas viviendas podemos construir; la pregunta es qué sistemas debemos transformar para que cada familia pueda construir, mejorar, alquilar, financiar, heredar o habitar una vivienda digna, segura, asequible y bien localizada”, escribió.

De acuerdo con el artículo, cerca del 45% de las familias de América Latina y el Caribe carecen de una vivienda digna y alrededor de 120 millones de personas viven en asentamientos informales, con base en estimaciones de organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Déficit cualitativo y acceso al financiamiento

Castro-García resaltó que entre 70 y 80% del déficit habitacional corresponde a la mala calidad de las viviendas existentes. Entre los principales problemas mencionó pisos inadecuados, techos deteriorados, hacinamiento, falta de servicios básicos y viviendas ubicadas en zonas de riesgo.

“Por eso necesitamos cambiar el enfoque de pensar la vivienda como un producto final a entenderla como un proceso y una plataforma de desarrollo”, afirmó.

El análisis también identifica la exclusión financiera como una de las principales barreras para acceder a una vivienda adecuada. El autor explicó que gran parte de la población trabaja en la informalidad, mientras que los sistemas tradicionales de crédito y subsidio exigen ingresos formales e historial bancario.

Como alternativa, propuso mecanismos de evaluación que consideren el comportamiento financiero de las familias, el pago de renta, las remesas y otras fuentes de ingreso consistentes.

Ubicación, cambio climático y gobernanza

Otro de los problemas señalados es la ubicación de las viviendas. El directivo indicó que un hogar alejado del empleo, las escuelas, los centros de salud y el transporte público puede convertirse en un nuevo factor de exclusión.

El análisis también aborda la vulnerabilidad frente al cambio climático. Según el autor, la vivienda debe concebirse como parte de la infraestructura de adaptación, ya que puede representar la primera línea de protección ante fenómenos naturales.

“La vivienda no puede seguir pensándose como una unidad aislada. Debe entenderse como infraestructura crítica de adaptación climática”, expresó.

Finalmente, Castro-García advirtió que la fragmentación de las políticas públicas limita la efectividad de los programas de vivienda. Señaló que los sectores de vivienda, suelo, agua, saneamiento, financiamiento, gestión del riesgo y desarrollo urbano suelen operar de manera independiente.

“La innovación que necesitamos no es solo tecnológica, es institucional, financiera, urbana, climática y social”, afirmó. El directivo concluyó que reconocer las fallas estructurales del sistema habitacional permitirá diseñar políticas públicas con mayor evidencia y responder de forma más efectiva a las necesidades de las familias de América Latina y el Caribe.

Fernando Gutiérrez es editor de EconoHábitat

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