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¿Por qué la gente fuma?: Ciencia, ritual y derechos
Mil millones de personas en el mundo fuman; en México, un 16% de la población adulta. Datos empíricos demuestran que la prohibición absoluta ha llegado a su límite de efectividad. "Al no ofrecer alternativas legales con controles de calidad, dejamos al usuario en una situación peligrosa, consumiendo productos de los que desconocemos su procedencia y contenido", señala la doctora Mariana Hoyo Vázquez.
El tabaquismo es una realidad que México no ha podido desterrar, y cuyos daños erróneamente se asocian a la nicotina, sostienen expertos.
En México, el debate sobre el consumo de tabaco y nicotina ha dado un giro importante con la reciente publicación de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025. Por primera vez, el Estado mexicano reconoce que ya no existe un mercado de un solo producto, sino un ecosistema diverso que incluye tabaco calentado, vaporizadores y bolsas de nicotina.
Ante este escenario y mientras la regulación se endurece, surge una pregunta fundamental: ¿Por qué la gente fuma? Y más importante aún, ¿por qué dejar de hacerlo no es tan sencillo como simplemente prohibirlo?
La biología del hábito
Fuera de la discusión de qué hacer para que los jóvenes no fumen y no consuman ninguna sustancia con nicotina, están las personas para las que fumar no ha sido solo una simple elección caprichosa. De acuerdo con la doctora Mariana Hoyo Vázquez, especialista en medicina integrativa, existen dos pilares que sostienen el tabaquismo y que la política punitiva suele subestimar: la dependencia fisiológica y el ritual conductual.
"La nicotina se une a receptores específicos en el cerebro, activando el sistema de recompensa y liberando dopamina", explica la especialista a El Economista. Esta interacción proporciona beneficios que el usuario valora mucho, como la gestión del estrés y la mejora de la concentración. Pero más allá de la química, el ritual representa un desafío mayor. El acto de manipular el producto y la pausa en el día forman un conjunto conductual difícil de romper. "Si no ofrecemos alternativas que satisfagan tanto la necesidad química como la del ritual, los usuarios seguirán buscando la recompensa en lo que tengan a mano, incluso si eso les causa un daño mayor o viene de la ilegalidad", advierte.
Uno de los mayores equívocos en la narrativa pública es equiparar el riesgo de la nicotina con el riesgo de fumar. Durante décadas, se creyó que la inhalación de humo era la única forma de consumir esta sustancia, lo que generó una confusión terminológica donde "fumar", "tabaco" y "nicotina" se volvieron sinónimos de enfermedad.
El malentendido: nicotina vs. combustión
La ciencia moderna ha demostrado que la nicotina sí es adictiva pero no es carcinógena. Organismos como la FDA en Estados Unidos o el Real Colegio de Médicos del Reino Unido afirman que, si bien la nicotina es la sustancia que genera adicción, el riesgo que conlleva para la salud es mucho menor comparado con el tabaquismo. De hecho, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud cuenta con monografías que enumeran los carcinógenos del humo del cigarrillo; la nicotina no figura en esa lista.
Aquí el verdadero enemigo es la combustión. Para que un cigarrillo funcione, requiere el "triángulo del fuego": combustible (tabaco), oxígeno y calor (encendedor). Al superar los 400°C se inicia un proceso que genera más de 6 mil compuestos químicos, de los cuales alrededor de 100 han sido catalogados como dañinos o potencialmente dañinos (HPHCs) y aproximadamente 70 son cancerígenos conocidos. Es la exposición repetida a estos químicos del humo, y no a la nicotina, lo que causa el cáncer y las enfermedades cardiovasculares. Esto es revelador para atender a aquellas personas que ya fuman y llevarlas a opciones menos dañinas para su salud.
La reducción del 95%
Hoy la innovación tecnológica ha permitido separar la nicotina del humo. Mediante sistemas de calentamiento controlado (que operan por debajo de los 350°C), es posible liberar la nicotina y los sabores del tabaco sin llegar a quemarlo.
Los estudios de laboratorio demuestran que, al eliminar la combustión, el aerosol resultante es fundamentalmente diferente al humo. Pruebas de microscopía electrónica revelan que, mientras un cigarrillo tradicional emite medio billón de partículas sólidas de carbono por unidad, el aerosol de los productos de calentamiento no muestra diferencias estadísticamente significativas respecto al aire ambiental.
En términos de toxicidad, los datos también revelan cambios:
Reducción de emisiones: Los niveles de sustancias químicas dañinas en el aerosol se reducen, en promedio, entre un 90% y 95% en comparación con el cigarrillo.
Carcinógenos: Se observa una reducción de hasta el 97% en carcinógenos específicos clasificados por la IARC y en tóxicos respiratorios.
Evaluación no dirigida: Al comparar el espectro completo de compuestos, el aerosol de calentamiento presenta aproximadamente una décima parte de la complejidad del humo (unos 500 compuestos frente a más de 4 mil detectados en el humo a niveles comparables).
El espejismo de la prohibición
Los datos de la ENCODAT 2025 también muestran una realidad a las políticas restrictivas. A pesar de años de impuestos altos y prohibiciones bajo el esquema MPOWER (impuestos altos, prohibición de publicidad y advertencias sanitarias), la prevalencia de fumadores adultos en México se ha mantenido estancada en torno al 16% desde 2009.
Paradójicamente, la prohibición de alternativas menos riesgosas como los vapeadores ha empujado a los usuarios al mercado negro. "Es triste ver decisiones basadas en la desinformación e ignorancia. Al no ofrecer alternativas legales con controles de calidad, dejamos al usuario en una situación peligrosa, consumiendo productos de los que desconocemos su procedencia y contenido", señala Hoyo Vázquez.
Además, la encuesta revela un dato preocupante: mientras el tabaquismo adulto se estanca, el consumo de otras sustancias ha aumentado del 10.2% al 14.4% en la última década. Esto sugiere que la prohibición no elimina la demanda de sustancias, sólo la desplaza hacia entornos sin regulación.
Reducción de daños y derechos humanos
La perspectiva de Reducción de Riesgos y Daños (RRD) de la que habla la doctora Hoyo no busca la abstinencia forzada, sino la minimización del impacto. Este enfoque se basa en tres pilares de derechos humanos:
Derecho a la información: Los fumadores tienen derecho a saber que existe un gradiente de riesgo y que no todos los productos de nicotina son igual de dañinos.
Derecho a la salud: El Estado debe proveer alternativas para aquellos que no pueden o no desean dejar la nicotina, permitiéndoles transitar hacia productos con menor carga tóxica.
Libre desarrollo de la personalidad: Cada individuo debe ser autónomo para decidir sobre su proyecto de vida, siempre que cuente con la educación necesaria para tomar decisiones responsables.
Hoy México se encuentra ante una oportunidad histórica. La ENCODAT 2025 ya separa oficialmente categorías como tabaco calentado, vapeadores y bolsas de nicotina, reconociendo que no son lo mismo que el cigarrillo combustible. Por otro lado, países como Suecia, Japón y Nueva Zelanda ya han demostrado que integrar estos productos en la salud pública acelera la caída en las tasas de tabaquismo y reduce la carga hospitalaria por enfermedades relacionadas.
La ciencia indica que un fumador que cambia completamente a productos sin humo reduce drásticamente su exposición a toxinas, situándose en un punto de riesgo mucho más cercano al de quien deja de fumar por completo que al de quien sigue fumando.
Regular la nicotina basándose en el nivel de riesgo y no en el estigma pareciera el camino para proteger la salud pública y respetar los derechos individuales. Como bien concluye la especialista, no es una cuestión de fomentar el consumo, sino de ofrecer una salida de emergencia a quienes hoy están atrapados en la combustión y detener a esos primeros usuarios con una regulación distinta.