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Arte e Ideas

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El diablo fuma: el cine como espejo de la memoria

Tras ser premiada en la Berlinale y en el Festival de Cine de Morelia, El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) llega a salas de cine de la Ciudad de México este 23 de abril, luego de inaugurar el Festival CÁCARO.

Escrita a lo largo de siete años, la película utiliza el "realismo alterado" y los vacíos narrativos para replicar la imperfección del recuerdo infantil, evitando el rigor cronológico en favor de la atmósfera emocionalCreditos automáticos

¿A qué huele la nostalgia de los años 90? Para el cineasta Ernesto Martínez Bucio, la respuesta no reside en el rigor de los datos históricos o la precisión de un calendario, sino en los "huecos" y las impresiones difusas de la infancia. Tras un laureado recorrido por festivales de la talla de la Berlinale, donde ganó en 2025 el premio a Mejor ópera prima, y en el Festival Internacional de Cine de Morelia, el filme El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja), se prepara para confrontar al público en su estreno nacional.

La cinta, producida por Mandarina Cine, llegará a las salas cinematográficas el próximo jueves 23 de abril. Sin embargo, antes de su entrada al circuito de exhibición tradicional, tendrá una función especial al aire libre en el Monumento a la Revolución el 18 de abril, marcando la inauguración del Festival CÁCARO. (Creando Acceso al Cine, al Arte y a la Representación Original). Esta proyección masiva busca devolver al espacio público una historia que, aunque íntima, resuena con la identidad colectiva de una generación.

Una escritura entre la prosa y la poesía

El guion es el resultado de un proceso de maduración de siete años, escrito de manera coautoral por Martínez Bucio y la poeta Karen Plata (ganadora del Premio Elías Nandino 2015). Esta dualidad creativa permitió que la película no sólo fuera una sucesión de escenas, sino una exploración sensorial. “Fue un proceso largo porque ninguno de los dos estábamos maduros como realizadores; no entendíamos bien qué tipo de película queríamos hacer”, revela el director a El Economista.

La colaboración permitió que la estructura cinematográfica de Ernesto se fundiera con la sensibilidad literaria de Karen. “Replicamos los mecanismos que utiliza la memoria”, explica Martínez Bucio. “La memoria no es perfecta; necesitamos olvidar para poder recordar. Nos permitimos dejar vacíos, errores o anacronismos en la historia porque así funciona el recuerdo: no recordamos un año específico, sino una época, una sensación”.

Karen Plata añade que este enfoque permitió llegar a significados profundos a través de la insinuación: “Había esta idea de cómo llegar a un signo a partir de no nombrar, de no dar respuestas claras, pero que, al poner estos elementos juntos, construyeran algo más”.

Dirigir desde la vulnerabilidad: el reto de las infancias

Ambientada en la Ciudad de México de los años 90, la trama sigue a cinco hermanos de entre 7 y 14 años que, tras el abandono de sus padres, intentan sobrevivir bajo el cuidado de una abuela entrañable pero incapaz de sostenerlos. Trabajar con niños fue, para el director, un desafío nacido de un consejo de su sinodal en el CCC, Alonso Ruizpalacios: “Ponte en lugares incómodos”.

“Le tenía muchísimo miedo y respeto a dirigir infancias”, admite Ernesto. Para lograr las interpretaciones profundas que se ven en pantalla, se realizó un taller de dos meses liderado por Michelle Betancourt (Lobata Casting). El objetivo no era solo enseñar actuación, sino construir relaciones reales entre los pequeños. “No hay que subestimar a las infancias”, señala el cineasta. “Ellos sabían perfectamente qué estaba pasando en el guion. Para que un niño se abra y se vulnere, primero tienes que dar tú para recibir; hay que compartir emocionalmente con ellos”.

La estética del "realismo alterado"

A pesar de la dureza de la premisa, los creadores evitaron caer en el amarillismo o la denuncia social panfletaria. Martínez Bucio define su propuesta como “realismo alterado”, una visión que prioriza la percepción infantil sobre la objetividad adulta. “El arte no puede ser puramente discursivo; se vuelve peligroso. Me parece más interesante la lucha del 'bien contra el bien', donde todos tienen razones de peso y no hay juicios de valor sobre los personajes”.

La atmósfera de la cinta es un personaje más. Filmada en una casa real en Tlalpan, el equipo evitó las locaciones convencionales del cine mexicano. “Queríamos que el espectador no pudiera reconstruir geográficamente el espacio”, explica el director. Usando lentes largos para limitar la referencia espacial, la película obliga al cerebro del espectador a llenar los huecos con sus propias vivencias. Como señala Plata: “Mucha gente nos dice que es igual a la casa de su abuela. No es que lo sea, es que al no ver el todo, el espectador reconstruye el espacio con su propia memoria”.

Sonidos de ausencia y sismo

Otro elemento fundamental es la banda sonora, que incorpora piezas del músico experimental Emilio Hinojosa. Una de las instalaciones utilizadas consistió en grabaciones de voces de mujeres que "viajaban" de un lado a otro del Lago de Chapultepec, una metáfora sonora de la madre ausente que los niños esperan.

Otra pieza, titulada “Réplicas”, es una composición que traslada a partitura los registros de los sismos en la historia de México, grabada en un templo con coristas distribuidos como epicentros. “Para mí, eso es México: es arte, es caos y es alma”, comenta Martínez Bucio sobre la profundidad sonora que envuelve al filme y de la que está orgulloso.

Llamado a ocupar las salas

Ante el estreno masivo, Martínez Bucio hace un llamado a la audiencia y a las instituciones para defender el cine nacional en su propia tierra. “El cine mexicano está en un momento muy importante a nivel internacional, pero no destaca en las pantallas en México. Muchas veces nos echan la culpa a los directores diciendo que nuestras historias no conectan, pero la verdad es que ni siquiera se le da la oportunidad al público de verlas en horarios dignos”.

La película, que según sus creadores se resume en la premisa de que “el amor es más fuerte que el miedo”, es una invitación a la empatía y al reconocimiento propio en la pantalla grande. “A mí me hubiera gustado ver una película así de niño, una donde me pudiera identificar”, concluye Karen.

El diablo fuma... se presentará en la Cineteca Nacional, Cine Tonalá, La Casa del Cine y diversos centros culturales en Guadalajara, Morelia, Zacatecas y Tijuana, buscando que el público mexicano se deje llevar, más que por el entendimiento lógico, por la fuerza del sentimiento.

El diablo fuma (y guarda la cabeza de los cerillos quemados en la misma caja)

Dirección:

Ernesto Martínez Bucio 

México 2025

1h 37min

Estrenos:

18 de abril: Función inaugural en el Monumento a la Revolución (Festival CÁCARO)

23 de abril: Salas comerciales y circuitos culturales.

Sedes: Cineteca Nacional, Cine Tonalá (CDMX), Cineteca Guadalajara, Cineteca Zacatecas y Cineclub Casa Natal de Morelos.

Escrita a lo largo de siete años, la película utiliza el "realismo alterado" y los vacíos narrativos para replicar la imperfección del recuerdo infantil, evitando el rigor cronológico en favor de la atmósfera emocional

Periodista de ciencia en la sección Arte, Ideas y Gente de El Economista. Cuenta con maestría en periodismo sobre Políticas Públicas por el CIDE y es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UVM.

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