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Arte e Ideas

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Para formalizar el trabajo en teatro hacen falta números

En el Día Mundial del Teatro hablemos del panorama del gremio en México. En un país donde el 76% de las relaciones laborales en teatro no se establecen a través de contratos, es necesaria una mayor organización gremial fundamentada a partir de más herramientas cuantitativas, explica la gestora teatral Hebzoariba H. Gómez.

En México, abunda la informalidad laboral en el gremio teatral. Prueba de ello es la información vertida por el Segundo Estudio del Observatorio Teatral, de Teatro UNAM, el cual se publicó en diciembre pasado a partir de una consulta a más de 200 profesionales o grupos escénicos, tanto de los ámbitos públicos como independientes y privados de todo el país, que hayan tenido funciones entre 2021 y 2022.

Esta consulta ofrece resultados determinantes sobre el pulso del quehacer histriónico en nuestro país, como que el 79% de los profesionales de teatro que forman parte de una compañía, un colectivo o productora teatral no cuentan con asociación o no disponen de representación gremial.

La formalidad de las relaciones laborales tampoco es halagüeña, toda vez que en el 76% de los casos consultados no se firmaron contratos o acuerdos formales, con obligaciones y beneficios explícitos, entre la producción y las personas integrantes del proyecto. Asimismo, un apabullante 82% de los honorarios de creativos, creadoras y creadores escénicos no se establecieron a partir de un tabulador. Por si fuera poco, el 97% de las y los creadores escénicos no contó con cobertura de seguridad social.

La semana pasada, so pretexto del Día Mundial del Teatro, que se celebra este miércoles 27 de marzo, Teatro UNAM realizó el segundo Coloquio del Observatorio Teatral, con el objetivo de socializar los resultados del estudio mencionado e intercambiar perspectivas sobre el estatus del quehacer teatral en el país.

Hebzoariba H. Gómez es dramaturga, teatrera y gestora independiente de artes escénicas, particularmente con énfasis social, de memoria y género. Ella fue co-curadora, junto con Bruno Zamudio, del encuentro realizado de manera híbrida, con mesas presenciales y virtuales en las que ponderaron temas como las políticas públicas y la relación laboral en el plano público y privado.

Generar cambios a partir de los números

“En todo el mundo hay una necesidad de organizarse, de mediar a través de la escucha, sin ir con la espada desenvainada, es decir, sin anteponer la estética o los criterios de búsqueda artística, sino reconociendo las condiciones diversas que nos atraviesan como gremio. Por otro lado, necesitamos tener acceso a la información y saber con números, a partir de metodologías cuantitativas, qué es lo que hacemos y cómo lo llevamos a cabo, porque en las artes, por su condición subjetiva, parece que hay una resistencia a explorarnos a través de los números. El saber cómo se relaciona una productora con su equipo y cómo el equipo se vincula con las instituciones es una manera de cuidarnos, salvaguardar y formalizar nuestras relaciones laborales en todos los niveles”, explica Hebzoariba H. Gómez.

Reconoce que la falta de conciencia profesional, con todos sus recovecos, principalmente la falta de noción para saber relacionarse con las instituciones, es un asunto de raíz. Comenta que en las escuelas de teatro no hay una visión educativa para transmitir a quienes se están desarrollando profesionalmente que su trabajo teatral debe tener un equivalente económico equiparable con el impacto cultural de su labor, una correlación que no ha sido bien atendida.

“Nadie nunca te dice cuando estás formándote que vas a ofrecer un servicio y por eso tienes que cobrar y tener un acceso garantizado a los derechos fundamentales. Por ejemplo, sobre los tabuladores, pareciera que el único tabulador en el que nos podemos basar los artistas de teatro es el que tiene el INBAL, pero, ¿qué pasa con las demás instituciones y cómo se regulan los salarios? No se sabe, y precisamente no se sabe porque no existen herramientas cuantitativas. Pero también hace falta que nos acerquemos como gremio para contarnos cuánto nos pagan. El asunto central aquí es que, claro, hace falta una regulación, pero el ecosistema es tan diverso, con tantas particularidades, que es difícil definir cómo atenderlas a todas”, señala la gestora.

Una de las grandes particularidades del teatro que menciona Hebzoariba es que en el amplio panorama del quehacer teatral en el país hay grandes compañías, con recursos suficientes para formalizar la garantía laboral en plenitud, desde la cobertura de seguridad social hasta el pago de seguros, pero hay un gran ecosistema de pequeños colectivos que no tienen recursos propios y dependen de las convocatorias públicas o donaciones, muchas veces en especie, y, por lo tanto, les resulta imposible garantizar la seguridad social de sus artistas.

“Hay muchas personas impulsoras de teatro que cuestionan cómo se van a asesorar financieramente o en temas de contabilidad si apenas y tienen dinero para la cobertura de los honorarios. Por otro lado, hoy en día, con todo el talento que sale de las escuelas, hay mucha más gente que hace teatro y hay mucha más demanda de apoyos institucionales, lo cual es increíble, porque hay más oferta, pero también hay mucha gente que tiene que trabajar en dos o tres proyectos para subsistir”.

Formalizar se dice fácil…

“Es difícil formalizar nuestro trabajo, y tiene que ver precisamente con que nos hacen falta herramientas cuantitativas para tener la claridad frente a quien tengamos que mostrarla. Nos hace falta comprender cómo está enmarcada nuestra práctica artística y también necesitamos adoptar prácticas al interior, como grupos de trabajo, para no precarizarnos entre nosotras y nosotros”, precisa la entrevistada.

A partir de ello, se le pregunta su perspectiva sobre la posible adopción de algún tipo de representación gremial tradicional, como la formación de sindicatos dentro del teatro.

“Pienso que no sería viable un tipo de organización gremial vertical a la que, además, haya que hacer aportaciones económicas. Me parece que conviene mucho más otro tipo de organizaciones no sindicales, porque esa concepción significa jerarquía y una obligación económica más. ¿Cómo vamos a aportar económicamente a algo más si estamos precarizadas y vamos al día? Estamos en un momento donde se está renovando todo y hay una transición para saber cómo nombramos esas nuevas maneras de organizarnos”, responde, pero reitera que eso no exenta la necesidad de otro tipo de organizaciones mucho más horizontales.

Otro factor a considerar, plantea, es que no hay suficiente tiempo para organizarse, porque, en la mayoría de los casos, el gremio ensaya día y noche y los tiempos libres los usa para concretar sus proyectos personales.

“Por eso creo que el momento de puesta en escena, el momento del montaje, cuando nos vemos en los ensayos, es la oportunidad que tenemos para empezar a organizarnos, para transformar en la práctica nuestra manera de relacionarnos laboralmente”.

Disparidad de género, otra de las causas

El 77% de los proyectos escénicos considerados en la encuesta se desarrolló de manera individual, y por lo tanto, solamente el 23% se llevó a cabo de manera colectiva. Asimismo, del total del trabajo teatral realizado de manera individual, el 61% corresponde a la creación masculina y el 36% fue trabajo de mujeres. También llama la atención que el 56% de los proyectos teatrales realizados de manera colectiva corrió a cargo de mujeres.

En otras palabras, hay una notoria diferencia en la visión del proceso creativo teatral según el género: mientras que hay más hombres que prefieren trabajar de manera individual en la dramaturgia o en la dirección escénica, las mujeres están más dispuestas a impulsar creaciones escénicas desde la colectividad.

Al respecto, Hebzoariba H. Gómez comenta que es desde los feminismos que se están gestando otras maneras de organización gremial que garanticen espacios de descanso y cuidado mutuo.

“La brecha de género, el patriarcado está introyectado en nuestros cuerpos y persiste en distintos ámbitos del trabajo teatral. Pienso en los técnicos, donde hay mucha más disparidad de género. Ahora, la situación sí se ha ido modificando, pero no por voluntad de las instituciones sino gracias a la lucha de otras mujeres y algunos hombres que han trabajado para que haya protocolos de género. Pero persisten situaciones, porque me ha pasado cuando he trabajado en producción, en donde tengo que gritar o que ciertos directores o programadores prefieren hablar con mi jefe, aunque yo sea la encargada de producción. Falta mucho por hacer”.

¿Qué tipo de proyectos escénicos se desarrollan en México?

Títeres: 18%

Teatro físico: 17%

Comedia: 17%

Teatro documental: 16%

Teatro comunitario: 9%

Tragedia: 9%

Clásico: 6%

Teatro musical: 5%

Clown: 3%

Alternativo: 2%

Cabaret: 2%

Pantomima: 1%

Otros: 31%

43% de los proyectos escénicos no contó con presupuesto para difusión y/o relaciones públicas

28% de los proyectos no tuvo recursos para nómina una vez estrenado

57% de éstos dependió en gran parte de la taquilla para mantener la nómina

Fuente: Segundo Estudio del Observatorio Teatral.

“Nadie nunca te dice cuando estás formándote que vas a ofrecer un servicio y por eso tienes que cobrar y tener un acceso garantizado a los derechos fundamentales",

Hebzoariba H. Gómez, dramaturga, teatrera y gestora de artes escénicas.

Conoce el Segundo Estudio Teatral

https://www.teatrounam.com.mx/pdf/documentos-observatorio-teatral-segundo-estudio/observatorio-teatral-segundo-estudio-documento-integral.pdf

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