Lectura 3:00 min
Nabucco, buen canto ?y experimento fallido
No resulta fácil aceptar que se promocione un Nabucco y ya dentro del teatro uno se dé cuenta que es otro.
En la representación de Nabucco, de Giuseppe Verdi, el domingo 10 de junio en Bellas Artes, el director de escena Luis Miguel Lombana quiso sorprender con la técnica de ópera-dentro-del-teatro ; sin embargo, vimos que no ganó el espectáculo operístico, al contrario: le restó brillo y fuerza al convertir una ópera grandiosa en un ensayo. De este modo, el público que llenó la Sala Principal quedó encantado con la música y el canto, aunque confundido por lo que había visto en el escenario.
No resulta fácil aceptar que se promocione un Nabucco y ya dentro del teatro uno se dé cuenta que es otro. Durante los primeros 15 minutos de la obra escuchábamos la obertura de Verdi, pero no veíamos el Nabucco por ningún lado. Qué necesidad de torcer un camino recto cuando teníamos en el escenario de Bellas Artes a una soprano dramática de la talla de Elena Pankratova interpretando un papel dificilísimo, como es el de Abigaille, que resolvió de manera brillante.
Porque la gente fue al Palacio no a presenciar experimentos, sino a escuchar arias bellísimas, duetos formidables y sobre todo el famoso coro Va, pensiero (Vuela pensamiento) que la agrupación a cargo del director huésped Alfredo Domínguez trabajó bien, a conciencia.
También tuvimos a un Genaro Sulvarán (Nabucco) que nos ha acostumbrado a un buen desempeño, aunque esta vez no lo vimos a 100% en un papel que demanda mucha fuerza de su cuerda baritonal. En este contexto, merece una mención especial el bajo Noé Colín (Zaccaria), pues desarrolló bastante bien un papel complicado en que debe cantar en pianissimo en una buena parte de la obra. También fueron sobresalientes Carlos Arturo Galván (Ismaele) y Belem Rodríguez (Fanena).
Sin embargo La ópera Nabucco que se presentó este 10 de junio es un experimento fallido que, para empezar, demanda del espectador -si quiere entender la obra- conocer la historia de Italia de mitad del siglo XIX y la vida de Verdi unas semanas antes del estreno de esta ópera (1842).
El problema más grave es que esta puesta rompe con la unidad básica, fundamental, de la ópera como totalidad, como unidad armónica de otras artes. De este modo, se hace un galimatías porque a las escenas del original Nabucco se les despoja de su fuerza dramática al ser presentadas como un ensayo .
Además, la Orquesta del Teatro de Bellas Artes debería estar también en el escenario como parte de la representación.