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“Martínez”, la bella historia de un "godín" en la crisis de la edad, busca triunfar en el FICG
La ópera prima de Lorena Padilla forma parte de la competencia oficial de la edición 38 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Se trata de una bella comedia, señala el elenco, sobre las máscaras, el engaño, la melancolía, pero las nuevas oportunidades, filmada en el momento más incierto de la pandemia.
Foto: Cortesía
Martínez está enfrentando una crisis de la edad. Martínez (Francisco Reyes) es un hombre mayor, chileno, pero llegado a México ya hace varios años, que trabaja en una oficina burocrática de esas que parecen congeladas en el tiempo, rodeado de pilas de papeles y con un dispensador de agua cuyo garrafón aún es de vidrio y donde abundan los colores grises y marrón, como para colorear la monotonía.
Martínez inició su chamba en este sitio cuando todavía se usaban las máquinas de escribir y ha desarrollado un minucioso método de clasificación de archivo, un archivo físico, con anaqueles llenos de carpetas que le permite mantener todo celosamente bajo control.
Martínez es un sujeto de pocos amigos, acorazado, celoso de su trabajo, ensimismado en un rincón de la oficina, detrás de una computadora que tampoco es la más nueva del mercado. Nosotros los conocemos uno de esos días en los que visita el departamento de Recursos Humanos y le anticipan que está próxima su jubilación, pero éste la rechaza, asegura que debe haber un error, que él no quiere jubilarse. Pero RH ya le envió a quien deberá ser su reemplazo, Pablo (Humberto Busto), un hombre de mediana edad originario de la costa, dicharachero, platicador, la antítesis de Martínez.
Para sus pulgas, nuestro héroe malencarado recibe la orden de adiestrarlo antes de su jubilación, aunque él reitera, y hasta levanta la voz, que hay una equivocación, que él no está próximo a jubilarse. Por si fuera poco, este viejo gruñón tiene que lidiar con el contubernio que Pablo hace con Conchita (Martha Claudia Moreno), una vieja compañera de oficina que es casi el estereotipo de la oficinista que vende dulces y un sinfín de objetos por catálogo, que mira a Martínez con una mezcla de resentimiento, extrañeza y amor.
Son tres personajes que solamente podrían convivir en una oficina, seres tan diferentes que, sin embargo, están hermanados por la soledad, en un hilvanar de conversaciones adornadas con frases cotidianas, preconcebidas y tan normalizadas, que no notan que se trata de una dañina añoranza de la juventud y un rechazo feroz de la vejez. Pero estos tres personajes, pese a todo, encontrarán una historia en común, de afecto, complicidad, sabotaje, evasión y aceptación. Martínez va a comenzar un idilio fantasioso con el fantasma de una vecina y será ese punto, al borde de la evasión absoluta, cuando abre los ojos sobre su manera de llevar la vida.
Se trata del planteamiento de la película del mismo nombre, “Martínez”, la bella ópera prima de la realizadora Lorena Padilla y una de esas películas que se filmaron durante los momentos más inciertos de la pandemia. Se trata de una especie de comedia de enredos y sátira, al mismo tiempo que un relato enternecedor sobre lo terrible del absurdo idilio con la juventud y donde queda más que sentado que una cosa es la soledad y otra la desolación, aunque a veces pueden comulgar.
Esta cinta forma parte de los 11 largometrajes en Competencia Oficial por el Premio Mezcal de la edición 38 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), que este fin de semana arranca sus actividades en el Conjunto Santander de Artes Escénicas, en la capital jalisciense.
Filmación y cuarentena
“Martínez”, comenta la directora Lorena Padilla, es una carta de amor a los padres, a los varones adultos, “un ensayo sobre las soledades individuales” de personajes tan complejos al interior, pero tan simplificados por la rutina diaria, que llena la vida misma de contrariedades. “Pero la peli también trata de segundas oportunidades, de tratar de animarse a hacer las cosas y de que todos en cierta medida estamos mintiendo, pero a veces nos metimos a nosotros mismos para sobrevivir”.
Además, comparte el elenco, la película se filmó durante el momento más delicado de la pandemia, cuando aún no había vacunas, por lo que el planteamiento sobre el aislamiento, las soledades, la nostalgia del pasado, el anhelo de juventud, volvieron esta historia una aún más potente y necesaria.
Al respecto, Humberto Busto comparte: “el hecho de haberla filmado en pandemia permeó de maneras en las que en ese momento no estábamos conscientes. Había una sensación de tristeza acumulada, de un cierto vacío, de incertidumbre”.
El actor relata que, a la mitad de la filmación él se contagió y no sólo él sino todo el elenco tuvo que someterse a la cuarentena, con el tiempo de filmación encima y con el riesgo, cada vez mayor, de parar el rodaje.
“No podíamos alargarla. Si después de cinco días volvía a salir positivo, iba a tener que venir otro actor, porque ya no iba a poder filmar después (…) y los personajes tienen un nivel de ternura, de humanidad, que sí están puestas en el guion, pero es cierto que también influyó lo que estábamos viviendo”, complementa Busto.
Francisco Reyes, el actor protagonista, declara: “todos estos personajes son vulnerables. Su presente y su futuro son inciertos. Incluso el pasado de Martínez. A él lo encontramos en su etapa final, no sabemos mucho de cómo llegó ahí. Nos hacemos un constructo para poder dibujar mejor el personaje, pero mucha gente en la vida real se hace constructos enormes para poder lidiar con la vida. En el caso de Martínez, ese constructo no lo llevó a un futuro glorioso ni a ninguna felicidad (…) pero cuando uno se abre a la vida, empieza a gozar en todos los aspectos, gozar la vida, el amor, la comida, la amistad”
Para la actriz Martha Claudia Moreno, “Conchita es muchas Conchitas, es un personaje solitario pero no desolado. Pero ella llena su soledad con flores, con colores. Ella no se siente sola por más sola que esté. Ella está construida con mucho amor y honra a todas las mujeres que están en las oficinas, y que dejan ahí su vida y su energía”.
Las películas en competencia por el Premio Mezcal:
- Ficción
- Adolfo, de Sofía Auza (Estados Unidos, México)
- Amor y matemáticas, de Claudia Sainte-Luce (México)
- Heroico, de David Zonana (México, Suecia)
- Martínez, de Lorena Padilla (México)
- Mujeres del alba, de Jimena Montemayor Loyo (México)
- Rabia, de Jorge Michel Grau (México)
Documental
- Toshkua, de Ludovic Bonleux (Estados Unidos, Francia, México)
- Ch'ul be, senda sagrada, de Humberto Gómez Pérez (México)
- Kenya, de Gisela Delgadillo (México)
- La frontera invisible, de Mariana Flores Villalba (México)
- Una jauría llamada Ernesto, de Everardo González (México)