Lectura 4:00 min
Huesos viejos
O de por qué decidí no ir al segundo día del Corona Capital
Son las 12 del día y sigo en cama, algo totalmente atípico. No soporto el dolor de las piernas. Soy corredora pensé que estar en forma era necesario para aguantar 8 horas de pie en el Corona Capital. Error. Dijo el poeta y con razón: ya no estoy para estos trotes.
A ver, ésta es la cosa: hace un par de años, cuando cumplí 30, decidí que los festivales ya no eran para mí. No importa qué tan atractivo sea el cartel, ya sé que mi rodilla derecha se va a rebelar y un dolor punzante va a empezar a recorrerme el cuerpo hasta las orejas.
Y ahí va Concha y compra boletos para el Corona 17. Quería ver a PJ Harvey, a Grouplove, a Alt J y sobre todo quería ver a Green Day.
Tengo una relación extraña con Green Day. No soy exactamente su fan —¿o sí?—, pero su música ha estado presente durante toda mi vida. Puedo pensar en, digamos, el disco Nimrod y regresar a la secundaria, un momento especialmente infeliz de mi vida. Y Green Day ahí estaba como un rock accesible, hablando de las mismas cosas que me ocurrían a mí.
Era como si Billie Joe, el líder de la banda, estuviera en mi jodido cerebro.
Bueno, quería ver a Green Day mi-no-banda-favorita, porque nunca los había visto en vivo. Lo más cercano ha sido ver American Idiot, el musical de Broadway. Lo disfruté como nada y eso que no soy de musicales.
Miren, despierto temprano para escribir esta columna, y en el radio, justo mientras escribo esto suena When I come around, una de mis preferidas de Green Day. Una joda, estos tipos están en mi vida quiera o no quiera.
El hecho es que quería verlos en vivo. Pero mi cuerpo me traicionó. Mi rodilla duele como el demonio y lo único que quiero es estar en mi cama viendo un juego de la NFL.
Ser adulto significa también renunciar a ciertas cosas y yo renuncio a mi boleto del domingo en el Corona Capital 2017. Me lo como como las empresas se comen las pérdidas. Ni modos, mil pesos al drenaje con tal de no romperme el ligamento.
Me cuentan que Green Day la rompió. Billie Joe proclamó: “¡Seguimos vivos!”. Aunque lo hacen de una manera un tanto infantil, Green Day son una banda política. No dejaron de hablar del duende naranja que ocupa la Casa Blanca ni del muro. Hace ya varios años (¡quizá más de una década!), Green Day vino y casi de inmediato se presentó REM, esa sí es mi banda favorita. Michael Stipe, vocalista de REM, nos dijo: “Me acabo de encontrar a los tipos de Green Day en el aeropuerto y Billie Joe dice que ustedes son el mejor pinche público del mundo”.
Algo así volvió a decir Billie Joe el domingo, que somos el mejor público del mundo, al menos los más gritones. Yo habría cantado todas porque me las sé todas: son como aire contaminado a mi alrededor.
Hay cosas peores que perderte a tu no-banda-favorita, por ejemplo lastimarse las piernas y ya no poder correr en una semana. Quiero pensar que así es.
Quizá soy millennial, pero en esto de los festivales soy la más generación X de los X. Soy una abuela.
Ahora viene la locura del Vive Latino y el cartel está increíble: incluye a Morrissey, Queens of the Stone Age y otra no-banda-favorita: Gorillaz. Quiero ir y no quiero ir. Los conciertos ya no me emocionan como antes. Yo prefiero un librito y mi cobija. Le he fallado al rock. Supongo que a todos nos pasa. Menos a Keith Richards.