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Gloria Álvarez vs cierta ideología política
En su libro, la politóloga hace una fuerte crítica sobre aquellos que comulgan con esta corriente.
Uno de los talentos de la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez (1985) es su capacidad para contagiarnos con su animadversión por cierto tipo de personas que comulgan con las ideas de izquierda. Y por el contexto de su discurso es casi seguro que sus palabras van dirigidas a los de su generación.
Claro, que si uno se encuentra imbuido a 100% con esas ideas, querrá quemar su libro (y a ella) en leña verde. Y si somos un poco como ella; es decir, con cierta desconfianza por la izquierda que ella describe, podríamos caer en la euforia de concederle toda la verdad.
En su obra Cómo hablar con un izquierdista. Por qué, en lugar de hacerla desaparecer, la socialdemocracia aumenta la pobreza, Álvarez despotrica y argumenta contra esos izquierdistas que provienen de la clase media o alta, pero que no renuncian a su vida cómoda a pesar de que esas comodidades provienen de su principal enemigo, el capitalismo. Abrazan causas pacifistas, ecologistas y feministas, pero son incongruentes en su discurso igualitario, porque se sienten moralmente superiores para tomar decisiones con respecto al resto de la sociedad, sobre todo si ésta no apoya su discurso, en cuyo caso son personas que están a favor de un régimen opresor.
“Para la izquierda es condenable que Pinochet haya acabado con la vida de cerca de 3,000 opositores, pero para nada es considerado un crimen, a su juicio, los miles que Ernesto Che Guevara fusiló confesando el placer que le daba hacerlo en sus cartas a su padre”, expresa.
Al tiempo que la autora va narrando, de manera ligera y entretenida, la tipología del izquierdista y deshaciendo esa superioridad moral y su discurso que parece ser la única solución, va cimentando sus argumentos sobre la problemática que plantea la socialdemocracia y, para ella, el engaño sobre el cual está sustentada, y los efectos adversos que ha generado esa postura a través de sus conceptos económicos e ideológicos.
A simple vista, su libro es un manual para entender la postura de los izquierdistas desde una postura contraria; al menos los izquierdistas de su generación y el discurso de muchos políticos actuales. Es evidente que la politóloga no parte de la objetividad, sino de su desagrado por dichas posturas, lo cual puede ser un argumento en su contra, así como también lo es la generalización con la que trata dicha ideología.
Si conseguimos mantenernos ecuánimes y no dejamos que nos gane la euforia que Álvarez provoca, y somos capaces de echarnos un paso para atrás, descubrimos la importancia de cuestionar una corriente política y modo de vida que parece ser la única que existe, o peor aún, que pareciera ser infalible y una verdad absoluta. Y sobre todo, que entendamos que nosotros tenemos el poder de decidir no sólo el rumbo del país en una elección sino también en el día a día de nuestra vida. Y esto va más allá de los aciertos y desaciertos que la politóloga pueda exhibir: es importante entender que no podemos dejar que el Estado o alguien más tome las decisiones por nosotros o que ellos decidan lo que es bueno o malo.
Lo importante es abrirnos (y abrir) la discusión y el diálogo, y cuestionar incluso lo que tenemos como certeza. Y por supuesto, hacernos responsables e informarnos sobre lo que nos compete como ciudadanos, para así poder tomar mejores decisiones.