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Arte e Ideas

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Este es el hombre

El destrozo del Ecce Homo de Borja da para pensar sobre el porqué y el cómo un hecho tan sin importancia se transformó en un atractivo mundial.

Ecce homo es la traducción latina de las palabras que Poncio Pilatos dice al entregar a Jesús a la muchedumbre para su crucifixión (leer el Evangelio de Juan ).

Ecce Homo también es el nombre genérico con el que se denomina a las pinturas y esculturas que retratan dicho tema.

Ecce Homo era el título de un óleo que Elías García Martínez hizo a principios del siglo XX sobre una pared salitrosa en la iglesia La Misericordia, en Borja, pueblo aledaño de Zaragoza, España, que en el reciente mes último cobró fama no por su calidad artística aunque era una obra técnicamente correcta , sino porque una octagenaria, Cecilia Giménez, en un acto de buena voluntad, quiso restaurar sin los mínimos conocimientos pictóricos al Cristo doliente, convirtiéndolo en el mono más repetido, comentado, parodiado y reconocido de las redes sociales.

Así, a partir del 7 de agosto que el Centro de Estudios Borjanos diera noticia de la restauración fallida, la nueva obra que provocó el afecto en millones de personas, que ubicó a Borja en los mapas del planeta, que abrió la polémica si valía el esfuerzo de restaurar la pieza original y que ha sido el detonante de las teorías de arte más descabelladas de los últimos tiempos, da para pensar sobre el porqué y el cómo un hecho tan sin importancia se transformó en un atractivo mundial.

El cómo se explica fácilmente. En la actualidad, gracias a internet y las redes sociales, cualquier suceso se puede conocer y replicar en segundos de lado a lado del mundo. El porqué, sin embargo, contiene más miga.

¿Qué es, pues, lo que el mono de Cecilia Giménez causa tanta fascinación en la gente?

Lo primero, pienso, se trata de un tema absolutamente reconocible, que no requiere de ningún esfuerzo intelectual para comprenderlo, juzgarlo y, a la postre, sentir afecto tanto por la falsa restauradora como para su creación.

Pero, ¿por qué se siente simpatía por un acto fallido?

Por una presunción de inocencia contraria al dogma cristiano de que todos somos culpables hasta que se laven nuestros pecados (el pecado original) con el agua milagrosa del bautismo. Y la gente, de alguna u otra manera, responde con cordialidad a actos ingenuos, candorosos y simples como el de Cecilia Giménez y su obra, de allí las expresiones de complicidad con la dibujante de monos.

Dos. Porque el acto de restauración no solicitado ni pedido por nadie, pero solapado por los habitantes de Borja cada vez que entraban a la iglesia, al ser un acto fallido implica cierta transgresión, cierto romper con lo establecido, y nada mejor que infringir desde la inocencia una imagen venerable (nada menos que el rostro de Jesucristo), sagrada pero con apenas un mínimo de valor artístico y, de esta manera, convertirla en una pieza terrenal, en un mono que puede significar cualquier cosa menos el inicio del vía crucis del hijo de Dios rumbo la cruz, a la salvación de nuestros pecados.

Y tres. Porque ese trance inocente y transgresor a la vez resulta no sólo una crítica a la iglesia como generadora de dogmas, pobreza y sumisión, sino también, a esa otra generadora de dogmas, riqueza y charlatanería, que es el arte contemporáneo en sí, en el que un pinta monos puede ser reconocido como un gran artista, pero una pinta monos, sin pretensiones artísticas, no pasa de ser una pinta monos de Borja, un pueblecillo perdido en Zaragoza, a pesar de que su obra tenga la simpatía de medio planeta.

Ecce homo, por último, es el libro autobiográfico de Friedrich Nietzsche, filósofo alemán que decía que el hombre vive en una lucha perpetua entre dos extremos de sí mismo, el mono y Dios.

marcial.fernandez@eleconomista.mx

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