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IA y robots entran al cuidado del Alzheimer: así ayudan a calmar y estimular a pacientes
Residencias y hospitales de Francia prueban herramientas conversacionales y robots para estimular funciones cognitivas y tranquilizar a personas con deterioro cognitivo

Robots buscan estimular la memoria y reducir la agitación
En su habitación, una paciente con Alzheimer de 83 años toma el teléfono que le acerca una auxiliar de enfermería. Al otro lado de la línea escucha la voz de su nieto Bastien o, mejor dicho, la de una inteligencia artificial que lo suplanta.
"Estoy muy bien, ¿y tú?", responde la mujer, cuya identidad no se revela para proteger su privacidad. "He pagado mis impuestos. Ya no tenemos que pagar nada, ¡y tú tampoco!", añade con orgullo desde una residencia del suroeste de Francia.
Es una frase que repite de manera obsesiva a lo largo del día, uno de los síntomas asociados a su enfermedad.
La conversación se prolonga durante unos 10 minutos, hasta que la paciente se cansa y cuelga.
El teléfono está equipado con una inteligencia artificial llamada Livana, que desde hace varias semanas se prueba en una unidad especializada en personas con Alzheimer del centro La Septfontoise.
"Livana está personalizada al 100%" y fue "preconfigurada previamente por la familia y la psicóloga del centro", explica su fundador, Nicolas Raulin, quien desarrolló la idea después de que uno de sus familiares fuera diagnosticado con Alzheimer.
La familia proporciona a la IA información sobre momentos felices de la vida del paciente para que pueda mantener conversaciones relacionadas con sus recuerdos mediante una voz natural, alejada del tono característico de las primeras generaciones de asistentes virtuales.
La herramienta conversacional puede utilizarse para tranquilizar a los residentes durante episodios de agitación y también como una forma de entretenimiento cuando existe falta de personal.
Sin embargo, Ghislaine Verines, directora del centro, subraya uno de los límites fundamentales de esta tecnología: Livana "nunca sustituirá al profesional"
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La doctora Maribel Pino, responsable del Broca Living Lab, un laboratorio de investigación aplicada de la Asistencia Pública-Hospitales de París (AP-HP), también estudia las posibilidades de la inteligencia artificial en el cuidado de personas mayores.
Su trabajo analiza las reacciones de personas con discapacidad cognitiva o pérdida de autonomía ante robots humanoides o con apariencia de animales equipados con inteligencia artificial.
Varias residentes voluntarias del servicio de geriatría del Hospital Broca participan en los experimentos.
Frente a Michèle —nombre modificado—, Miroki, un robot humanoide de color naranja, mueve sus grandes orejas. Su aspecto recuerda más a un personaje de dibujos animados que a un ser humano.
"¿Me puedes decir cómo podría ser útil en el hospital?", pregunta el robot.
"Quizá leyendo un libro a quienes no pueden hacerlo", responde Michèle, quien se encuentra en silla de ruedas.
A sus 72 años, la residente conversa sin dificultad con el robot, que le plantea preguntas y busca estimular su memoria.
"Con Miroki realizamos estimulación cognitiva, es decir, proponemos ejercicios para reeducar la memoria, la atención, el lenguaje; en definitiva, el conjunto de las funciones intelectuales", explica Léa Vecchioni, psicóloga e ingeniera de investigación del Broca Living Lab.
La reacción, sin embargo, cambia dependiendo de cada persona.
Ginette —nombre ficticio—, de 99 años, muestra desconfianza cuando observa al robot naranja.
"¡Tiene las manos demasiado largas!", se queja.
Ginette se niega a interactuar con Miroki, pero acepta colocar sobre su regazo a Paro, una cría de foca robótica utilizada con fines terapéuticos.
Paro está equipado con sensores que le permiten adaptar sus movimientos y vocalizaciones al comportamiento de la persona con la que interactúa.
"El papel de Paro es diferente", explica Vecchioni. "Ayudará a calmar y a fomentar la conversación", al igual que los robots con apariencia de perros y gatos disponibles en el laboratorio.
"El hecho de que sean animales también permite, en ocasiones, evocar recuerdos", añade.
La especialista insiste, sin embargo, en que estas herramientas no reemplazan el contacto entre personas.
"No sustituye a la interacción humana, siempre es el terapeuta quien dirige la sesión", concluye



