El exdirector de Inspección del Banco de España, Pedro González, cuestionó y calificó de opiniones sin respaldo documental lo manifestado por el también inspector José Antonio Casaus, que en diversos correos electrónicos fue muy crítico con la fusión de cajas que dio lugar a Bankia.

Durante su declaración como testigo en el juicio por la salida a Bolsa de la entidad, en julio del 2011, González defendió la labor del Banco de España, pero también la situación en la que se encontraba en el momento de la oferta pública, motivo por el que se juzga al expresidente Rodrigo Rato y a una treintena de directivos.

González reiteró que “una cosa son debilidades”, algo que nadie niega que hubiera en algunas de las cajas que dieron lugar a Bankia, “y otra cosa son cuestiones que hacen necesaria la intervención”.

El inspector se refirió a los reparos expresados por el inspector José Antonio Casaus y defendió la fluidez con la que circulaba la información entre los distintos departamentos del Banco de España, cuya estructura es “jerárquica, pero flexible”.

En una ocasión, relató, en julio del 2010, un año antes de la salida a Bolsa y cinco días después de que el organismo aprobara el plan de integración del Sistema Institucional de Protección (SIP), Casaus le llamó para informarle que iba a reunirse con el entonces gobernador, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, un encuentro cuyo contenido luego incluyó en un correo electrónico que González leyó ante la sala.

Aunque el abogado de Rodrigo Rato pidió que se incorpore a la causa, la fiscal Carmen Launa se opuso basándose en la igualdad de trato, ya que hace unos días la sección cuarta de la Sala de lo Penal —que dejó para adelante su decisión sobre este correo— descartó incorporar a la causa cuatro correos electrónicos.

El correo, explicó González, “expresa la opinión que todos teníamos en el Banco de España sobre Bankia”, que era que el SIP era imprescindible para la viabilidad de las cajas.

González insistió en que los reparos expresados por Casaus “son opiniones”, que no tienen reflejo en ningún informe que los avale; todas las opiniones son válidas, añadió, pero “una opinión no es una información sólida que lo soporte, en todo caso será una conjetura, pero no una prueba”.

En el 2010, el Banco de España hizo una inspección “y no se habla de nada de eso, hubo análisis individualizado y no aparece nada de eso”.

La relación con Casaus era “buena, fluida”, y sus análisis “te van alertando, pero no está en ningún solo informe que diga que hay una pérdida incurrida identificada y registrada, no hay ni un informe que lo sostenga, son opiniones pero en ningún informe está establecida la cifra que sostenía Casaus”.

Después llegó la salida a Bolsa, en julio del 2011, y paulatinamente fueron cambiando las circunstancias, entre otras un empeoramiento de la situación económica que nadie pudo prever, y se produjo “un proceso de formación de opinión que ha ido cambiando”.

Hasta septiembre del 2011 “no tuvimos conciencia de que Banco Financiero y de Ahorros (BFA), no Bankia, BFA”, insistió, “no era viable; y eso fui yo el que se lo dijo a Rato”.

De igual modo que admitió dificultades, González valoró a los ejecutivos de algunas cajas, en particular a los de Caja Madrid, “los más profesionales y que más podían aportar a la gestión y a los que más valoraba el Banco de España”.