El Impuesto Empresarial a Tasa única (IETU) sin duda marcará el sello de la administración de Felipe Calderón. Fue creado por el entonces Secretario de Hacienda Agustín Carstens como parte de la Reforma Hacendaria Por los que Menos Tienen.

La propuesta original contemplaba una contribución empresarial a tasa única, la Contribución Empresarial de Tasa Única (CETU) para sustituir el Impuesto Al Activo (Impac).

También se planteó otro gravamen para combatir la informalidad, que terminó siendo el Impuesto a los Depósitos en Efectivo (IDE).

En el caso del IETU, se planteó que era necesario dado que la mayoría de las empresas evadía el pago del Impuesto Sobre la Renta (ISR). Después de varias negociaciones y polémica con el sector empresarial, se logró que naciera como un impuesto y en lugar de la CETU se obtuvo el IETU, un nuevo gravamen de control para cerrarle el paso a los contribuyentes que hacían todo por no enterar el ISR.

El IETU también generó ruido en el ámbito internacional. La mayoría de los países con los que México tiene firmados tratados para evitar la doble tributación lo aceptaron, mientras que Estados Unidos optó por el acreditamiento temporal en lo que se analizaba su impacto. En el primer año de vida del IETU se rebasaron las expectativas.

Luego el gobierno hizo una evaluación a tres años de su implementación para justificar su existencia ante el Congreso, en donde se destacaba que el impuesto estrella había logrado incrementar la recaudación de ingresos tributarios en poco más de 100,000 millones de pesos, al fijar un piso para el sistema renta. Se aseguró que se logró ampliar la base y el número de contribuyentes, incluyendo en ésta a aquellos contribuyentes que gozan de regímenes especiales en el ISR.