Un día ha bastado para que quede de manifiesto el poder que la inyección masiva de liquidez a tres años del Banco Central Europeo tiene para relajar el riesgo soberano. La inyección de 530,000 millones de euros concedida a la banca el miércoles encontró ayer un primer destino en las subastas de deuda que realizaron España y Francia, cuyo éxito permitió una caída generalizada en la rentabilidad que piden los inversionistas en los bonos públicos europeos, incluido el portugués, que a duras penas se aleja del ojo del huracán.

El uso de la liquidez de Draghi y la certeza de que servirá para sostener con holgura la demanda en las próximas subastas del Tesoro relajó la presión a niveles que no se recordaban desde hacía meses. Y dio además un valioso balón de oxígeno a España, cuya prima de riesgo llegó a caer ayer de los 300 puntos base, una cota que no alcanzaba desde el pasado noviembre.

La rentabilidad del bono español descendió a 4.8%, nivel que no se veía desde noviembre. Fue la respuesta a la colocación por parte del Tesoro de 4,501 millones de euros en bonos a tres y cinco años, que registró una demanda de 11,475 millones de euros.

Emitió 1,061 millones de euros en bonos a tres años con una rentabilidad de 2.213%, frente a 3.633% anterior; otros 1,909 millones también a este plazo, con un rendimiento de 2.748%, frente a 2.989%, y 1,530 millones a cinco años con un interés marginal de 3.478%, por debajo de 3.557% de la subasta precedente.

El efecto de la abundancia de liquidez que campa por el mercado fue incluso más significativo para la deuda italiana. La rentabilidad del bono italiano también retrocedió por debajo de 5%, a niveles de agosto, y la prima de riesgo se relajó hasta los 308 puntos.

Así, el diferencial entre la deuda española y la italiana se ha reducido a tan sólo ocho puntos base, con lo que el mercado ya casi trata por igual a la deuda de ambos países, una situación que no se daba desde agosto.

Pese a la euforia de la deuda soberana, no faltaron las advertencias inquietantes. El Bundesbank alemán lanzó su crítica a las inyecciones de liquidez del BCE, que están inoculando riesgo soberano en el balance de la institución, que no para de crecer. Además, los inversionistas advierten que el efecto benéfico de tanta liquidez no podrá durar para siempre y en la subasta de deuda española de ayer ya se vio que la caída de la rentabilidad fue menor en el plazo más largo, el que no queda ya bajo el abrigo de la liquidez a tres años de Draghi.

En cualquier caso, no fue el día para pensar en todos los problemas que aún hierven al margen de la actuación del BCE. El sector bancario recibió además una buena noticia, al conocerse la decisión de la Asociación Internacional de Derivados y Swaps (ISDA, por su sigla en inglés) de no activar los seguros de crédito (CDS) de la deuda griega, para la que está prevista una quita de 53.5% dentro del plan de rescate de la UE.