El mundo continúa asimilando las hostilidades entre los gobiernos de Vladimir Putin y Volodímir Zelenski. Como respuesta a la invasión sobre Ucrania, tanto EU como los países de la OTAN han implementado sanciones económicas sin precedentes y otras medidas en contra del gobierno, oligarcas y empresas en Rusia.

El fin de estas sanciones es limitar el margen de maniobra de Putin y con ello obligarlo a desistir del conflicto. En este sentido, el Instituto de Finanzas Internacionales estima que la economía rusa podría caer cerca de 15% este año. Sin embargo, Occidente también está consciente de los posibles efectos adversos de esta coyuntura tan compleja, con posibles ramificaciones de dichas sanciones sobre el resto de la región y la economía global, que ya se han comenzado a observar en varios frentes.

Uno de ellos ha sido el efecto sobre el mercado energético, tomando en cuenta que Rusia es un importante productor de petróleo (10.5 millones de barriles por día, equivalente a 11% de la producción global), además de un proveedor muy relevante de gas natural para Europa (cerca de un tercio de lo que la región consume). Un ejemplo de los efectos de estas medidas ha sido una contracción cercana a 3 millones de barriles por día en la oferta de crudo mundial, lo cual ha llevado a los precios de las principales referencias a niveles máximos desde 2008. También debemos de recordar la importancia que tienen tanto Rusia como Ucrania en la producción de granos (e.g. trigo) y fertilizantes para todo el mundo. En general esto podría contribuir tanto a la persistencia de las presiones inflacionarias, como a las disrupciones en las cadenas de suministro.

Además de los efectos negativos sobre el comercio internacional e inflación, el mundo también ha enfrentado una mayor aversión al riesgo y volatilidad de los mercados financieros. Existe una exposición importante de Países Bajos, Irlanda, Suiza, Austria y varios países europeos, asiáticos y el mismo EU al riesgo que representa Rusia, tanto en portafolios de inversión como en inversión extranjera directa. Esta situación ha puesto en vilo a los inversionistas, pero también ha complicado la conducción de políticas públicas en el mundo, como el caso de la política monetaria. Especialmente en un contexto en el cual EU iniciará su ciclo de restricción monetaria esta misma semana (16 de marzo).

Dada esta coyuntura, algunas preguntas relevantes para los tomadores de decisiones globales son: ¿cuánto tiempo más podrá aguantar Putin estas presiones por parte de una gran fracción de la comunidad internacional, especialmente con las sanciones económicas que podrían debilitarlo al interior de Rusia? ¿Hasta dónde podrá llevar a cabo su idée fixe de expansionismo y a qué costo? De ello dependerá la duración y alcance del conflicto y, por ende, el efecto sobre el resto del mundo.

Para México –como ya lo he analizado en otros artículos– los principales canales de contagio de las tensiones en Ucrania vendrán del desempeño de los precios de materias primas (especialmente energéticos y granos) y su afectación sobre la difícil dinámica de inflación y la volatilidad en los mercados financieros. Dado el peso limitado del comercio internacional que tenemos con Rusia y Ucrania, los efectos directos serán limitados, aunque algunos indirectos podrían resentirse. De igual manera, las implicaciones para el PIB y las finanzas públicas hasta el momento lucen contenidas. Pero nuevamente, todo esto dependerá del desenlace de este riesgo geopolítico global.

*El autor es director general Adjunto de Análisis Económico y Financiero de Grupo Financiero Banorte.