Política

Lectura 1:00 min

¿Un Macron panista?

Avatar de Mónica Uribe

Por Mónica Uribe

Si Ricardo Anaya quiere ser candidato presidencial, lo suyo no es el modelo de Emmanuel Macron.

Trascendió hace poco la ríspida disputa entre José Luis Rodríguez Prats y Felipe Calderón durante la reunión del Consejo Nacional del PAN el pasado sábado 29 de abril. Los dimes y diretes se redujeron a que el tabasqueño reclamó al michoacano su insistencia en querer imponer a Margarita Zavala como candidata presidencial panista para el 2018 y que Calderón amenazó con salirse del PAN.

El resumen es sucinto, pero el tema es de un interés político más profundo que el chisme por el pleito entre dos señores ya mayorcitos disputando por la candidatura presidencial panista. Primero, porque ninguno de los dos es candidato y, segundo, porque representan dos formas de ser del PAN que van a entrar en conflicto hasta que se pongan de acuerdo en quién será el candidato presidencial, acuerdo al que los panistas llegarán a trompicones.

El rifirrafe entre Rodríguez Prats y Felipe Calderón fue un incidente entre otros más ocurridos durante la reunión. Ese fue el que se dio a conocer de manera inmediata y que dio al tabasqueño tema para entrevistas y retornar a la escena pública. El otro incidente, según refieren algunas columnas es que Calderón increpó a Ricardo Anaya, líder nacional del PAN, en la misma reunión. No trascendió, quizá porque el interés fue balconear al expresidente en sus intentos por candidatear a Margarita Zavala. De lo anterior se desprende que el responsable de la filtración pudo haber sido Ricardo Anaya o alguien de su entorno inmediato, en el contexto de la lucha por la candidatura panista para el 2018.

El más beneficiado de la exhibición de la intemperancia de Calderón es precisamente Anaya, pues así se sacude de una buena vez de una competidora que las encuestas desde hace tiempo han colocado como la favorita entre los precandidatos presidenciales de Acción Nacional, a pesar de los lastres que carga.

Este incidente ocurrió una semana antes de que la segunda vuelta electoral confirmara la elección de Emmanuel Macron como presidente de Francia. El lector se preguntará: y eso ¿qué tiene que ver con Anaya? Pues lo mismo que tiene que ver con todos los procesos electorales en el mundo occidental, donde las derechas y las izquierdas, salvo sus versiones radicales, se desdibujan; los partidos muestran su ineficacia frente a los movimientos sociopolíticos y surgen candidaturas independientes, ajenas a los partidos, sin ser antisistémicas.

OPINIÓN:

Los candidatos independientes suelen ser parte del establishment, de la élite (aunque lo nieguen) de alguno de los grupos de presión empresarios, intelectuales, sindicalistas, medios de comunicación, militares y, generalmente, en algún momento fueron parte del gobierno o de un partido.

Macron responde a ese esquema y se convirtió en el modelo paradigmático de los candidatos que atraen a las masas porque rompen con los partidos tradicionales, pero no del todo con las diversas agendas, lo que les sitúa en el centro del espectro político-ideológico.

El hartazgo como elemento en el juego por el poder

Existe un cuestionamiento generalizado a las formas de hacer política en aquellos regímenes donde los gobiernos no han logrado cumplir con las expectativas de sus electores, muchas derivadas de promesas de campaña. El cuestionamiento se agudiza cuando la corrupción campea, como ocurre en nuestro país.

Los candidatos independientes surgen frente al hartazgo que los electores muestran por políticos y partidos por igual. Ello no es gratuito; se debe a la incapacidad de los gobiernos emanados de los partidos para garantizar condiciones básicas de seguridad y bienestar para los ciudadanos.

Si en países como Estados Unidos, la ciudadanía se inclinó por un candidato relativamente ajeno a la clase política aunque integrante del sistema, como Donald Trump, prácticamente un candidato independiente arropado por un partido tradicional lo hizo también en función del hartazgo de los políticos de toda la vida. La gracia de Trump fue precisamente haber captado el estado de ánimo de una franja poblacional que se identifica aspiracionalmente con Trump, y supo prometerles el retorno a la grandeza perdida mediante la confrontación con el otro , con los que llegaron a aprovecharse de la grandeza americana .

Al igual que Trump, Macron supo captar la insatisfacción popular, pero a diferencia del norteamericano, su éxito se basó en no radicalizar el discurso, en situarse en el centro, en buscar la conciliación. Y eso habla de un electorado más maduro, que busca consensos y procura alejarse del conflicto, aunque no es posible olvidar que 11 millones de franceses votaron por la ultraderecha.

¿Habrá en México quien pueda ocupar una candidatura independiente con posibilidades de llevarse la elección presidencial del 2018?

Ahí están Armando Ríos Piter, Juan Carlos Romero Hicks, los que recientemente se sumaron a Emilio Álvarez Icaza como candidatos independientes, por no hablar del Bronco quien, por cierto, ha dejado bastante que desear como gobernador de Nuevo León pero el escenario de un candidato independiente no parece ser el tendencial. Y no lo es por un pequeño detalle: para postularse como candidato independiente se necesitan más de 80,000 firmas de ciudadanos que estén en el padrón electoral, recabadas en al menos 17 entidades del país. No es imposible, pero tampoco fácil.

Si Anaya quiere ser candidato presidencial, lo suyo no es el modelo de Macron. Primero, porque es presidente de un partido y no parece que vaya a abandonar la estructura partidaria que sojuzgó en apenas dos años para hacer un movimiento. Anaya, al igual que Macron es joven, inteligente y políticamente hábil, pero carece de experiencia en el sector privado, no fue banquero como Macron ni acudió a una universidad de élite, ni sus apoyos provienen de la academia.

Segundo, Macron no es convencional, incluso para una sociedad de avanzada como la francesa. Su vida personal revela una tendencia a la rebeldía y a la ruptura de esquemas. Anaya es lo más convencional del mundo, como lo demuestra su trayectoria pública y privada; se apega a lo socialmente aceptable, comme il faut. Ricardo Anaya es liberal, pero no tanto; sería extrañísimo que se corriera más al centro, que se convirtiese en un candidato líquido , como lo fue Macron.

Como sea, Anaya tiene una identidad partidaria clara y precisa, que le impide navegar sin un compromiso ideológico, como lo hizo Macron, el que genera aún muchas dudas porque nadie sabe a ciencia cierta cuál es su programa económico más allá de que proseguirá con la liberalización de la economía como lo prefiguraron las reformas laborales que realizó como ministro de François Hollande. Anaya será, irremediablemente, un candidato de derecha, si es que logra vencer a la oposición interna: a los resentidos, como Madero; a quienes representan el ala ultra, como Juan Carlos Romero Hicks; a los calderonistas rezagados; a los nostálgicos del panismo de los 80, como Ernesto Ruffo Appel; y por supuesto, Rafael Moreno Valle, considerado un advenedizo.

Con la habilidad que le caracteriza, Ricardo Anaya puede asegurar la candidatura presidencial panista, pero tampoco puede descartarse que, si considera que los vientos políticos no le favorecen, deje que la candidatura recaiga en alguien más, por supuesto una criatura suya o, de ser preciso, buscar una alianza. Como sea, es lo suficientemente joven para esperar al 2024. Aún queda por verse el resultado electoral del Estado de México, un factor definitorio de todas las candidaturas del 2018.

Conéctate con nosotros.

Recibe nuestro newsletter diario con los contenidos destacados.

Al suscribirte, aceptas nuestras políticas de privacidad.