Desde el cielo, las instalaciones de la central termoeléctrica “Adolfo López Mateos”, de Tuxpan, Veracruz, parecen fichas de dominó, junto a un cenicero, al lado de una gigantesca ensalada de mangles, sobre la barra de tierra que separa del mar a la Laguna de Tampamachoco.

En la tierra, dista mucho de ser un juego en una mesa: es un enorme chacuaco que inunda de gases tóxicos 100 kilómetros a la redonda y mata y enferma de apoco.

Considerada como una de las tres plantas generadoras de energía más grandes del país, es también una de las más contaminantes.

Y eso no es de ahora, viene desde el 30 de junio de 1991, cuando fue inaugurada por el presidente Carlos Salinas de Gortari, en la línea costera de la región de la Huasteca Baja veracruzana.

Opera seis centrales con combustóleo y técnica convencional con una capacidad efectiva de 1,750 Mega-vatios (MW).

Cuenta con tres enormes chimeneas, cada una de 120 metros de altura y 5.5 metros de diámetro, dispuestas en fila paralela al Golfo de México. Siempre, alguna de ellas está lanzando vapores que ondean con el viento que desgarra sus nubes. A veces hacia el Este, donde parecen perderse en la inmensidad del océano y, otras, hacia el Sur, donde reparten sus suciedades tierra adentro.

Cada una descarga gases provenientes de la combustión a una velocidad entre 22 y 23 metros por segundo con una temperatura de entre 425 y 428 grados kelvin.

Si bien se trata de una instalación que tiene un destacado papel en la generación de la energía que requiere el país para su desarrollo, constituye un problema ecológico que se incrementa conforme se acerca el término de su vida útil de 30 años.

En el año 2000, esa central ubicada a seis kilómetros al norte de la desembocadura del Río Tuxpan, emitía 257,000 toneladas de dióxido de azufre (SO2) al año y 17,000 toneladas de partículas con un diámetro aerodinámico inferior a 2.5 micrómetros (PM2.5), según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

Para 2004, la Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte la consideraba como la más contaminante del país. Según su reporte “Emisiones atmosféricas de las centrales eléctricas en América del Norte”, con base en información de 2002, cada año generaba 15 millones 030,690 megavatios-hora (MWh), pero también 10 millones 603,037 de toneladas de dióxido de carbono (CO2), debido a que quema combustóleo para trabajar.

Actualmente, de acuerdo con el reporte de emisiones atmosféricas de la Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA), que reúne información de México, Estados Unidos y Canadá, es la más contaminante del país en cuanto a la emisión de partículas PM2.5, PM10 y SO2. Además, es una de las cinco que más expulsa CO2 y dióxido de nitrógeno (NO2).

Según ese reporte, cada año emite 6,032 toneladas de PM2.5; 7 millones 971,795 toneladas de CO2; 190,123 toneladas de SO2, 14,982 toneladas de NO2 y 8,277 toneladas de PM10.

La contaminación se esparce en un radio de 100 kilómetros

Al respecto, el reconocido experto en ciencias ambientales, Adrián Fernández Bremauntz, explica que todo aquello lo esparce el viento, al menos 100 kilómetros a la redonda.

Recalca que está demostradísimo que las plantas de combustóleo son tan contaminantes como las de carbón y que la contaminación del aire de estas plantas tiene un impacto en un radio de más de 100 kilómetros a la redonda.

“Emiten bióxido de azufre, que con la humedad se convierte en ácido sulfúrico, o sea, gotas, aerosoles y partículas que llevan ácido sulfúrico además grandes cantidades de partículas finas que incrementan los niveles de concentración en las zonas urbanas”, explica.

De acuerdo con el informe del Instituto Nacional de Ecología (INE) de 2006, denominado “Introducción a la evaluación de los impactos de las termoeléctricas de México” elaborado por Miriam Zuk, Verónica Garibay, Rodolfo Iniestra, María Tania López, Leonora Rojas e Israel Laguna, la contaminación generada por esa central eléctrica llega a Tuxpan, Cerro Azul, Álamo y Cazones. Eso quiere decir que la población expuesta es de alrededor de 800,000.

En ese documento se señala que, esa empresa es considerada la planta generadora de energía con mayores emisiones de SO2 de América del Norte, con descargas de PM2.5 10 veces mayores al promedio de las estadounidenses y 38% mayores que el promedio mexicano.

“Estas elevadas emisiones se deben, en gran medida, al alto contenido de azufre en los combustibles que utiliza y también a la falta de sistemas de control de emisiones”, menciona.

De acuerdo con la Dirección de Ecología y Medio Ambiente del ayuntamiento de Tuxpan, hay por lo menos 37 especies de animales sujetas a protección especial, según la NOM-059-SEMARNAT-2010 en la zona, entre ellos la iguana coronel, tortuga verde, la garza morena, la aguililla negra menor y el halcón peregrino.

Además, está en peligro de extinción la tortuga lora y el chorlo chiflador.

Son consideradas amenazadas 12 especies, entre ellos el halcón guaco y el pato cuchara.

Asimismo, se consideran especies vegetales o forestales amenazadas cuatro tipos de mangle (rojo, negro, blanco y botoncillo) y bajo protección especial el cedro y la vainilla, éste último distintivo de la zona.

Por otra parte, un diagnóstico del área de conservación de Barra de Galindo (donde está la termoeléctrica), elaborado por la investigadora de la Universidad Veracruzana, Krystyna Paradowska, señala que, con base en testimonios de pescadores de la zona, el manglar experimenta un proceso de desecación y mortandad de peces y ostión.

Lo atribuyen a la contaminación térmica de aguas costeras y química a raíz de lavado de maquinaria y producción de desechos de la termoeléctrica. Incluso destacan que hay una “mancha” amplia de manglar seco en la zona que recibe agua caliente. También influye, dicen, lluvia ácida provocada por la termoeléctrica

Los pescadores denuncian la disminución de la pesca, tanto por la actividad de la termoeléctrica, como por las descargas del drenaje de la ciudad, el aceite que tiran las lanchas y barcos camaroneros y el “arrastre” que practican barcos pesqueros.

“Enfatizan el daño causado por la termoeléctrica (sus torres de alta tensión colocadas dentro de la laguna, agua caliente que vota al mar, turbinas que jalan y destruyen las larvas) y por derrames de las plataformas y boyas de Pemex”, asegura Fernández Bremauntz.

Pescadores recienten las consecuencias

Por su parte, Samuel Bermúdez Cortes, presidente de la Sociedad Cooperativa de Producción Pesquera del Puerto de Tuxpan de Bienes y Servicios, subraya que en los últimos 20 años ha bajado considerablemente el volumen de pesca no solo en los cuerpos de agua del macizo continental, sino mar adentro.

Entrevistado vía telefónica señala que existe una estrecha relación entre la operación de la termoeléctrica y la baja en la producción de pescados y mariscos en la zona, lo cual ha generado una serie de litigios en los últimos años, de los cuales poco han conseguido los pescadores.

Además, dice que le queda claro que las emisiones de la central eléctrica afectan también directamente a los humanos. “Lo que pasa es que el combustóleo que usa esa termoeléctrica, daña, los ojos y la piel y, por otro lado, la producción (pesquera) ha bajado, tanto en la mar como en la laguna y es en todas las especies tanto el ostión como el camarón y caracol”.

Según sus cálculos, en los últimos 10 años ha bajado hasta en un 85% la captura de ese tipo de productos. “Estamos en las últimas nosotros como pescadores”.

Refiere que la baja en la producción en las lagunas ha obligado a los pescadores a ir a trabajar en la mar, pero lo que antes sacaban en un día, ahora lo sacan en cuatro.

En la zona se encuentran instalaciones de Pemex y el puerto. Ambos tienen una alta contribución a la contaminación al ecosistema.

De acuerdo con el inventario de Gases de Efecto Invernadero (GEI), citados en el Programa de Acción Climática Municipal de Tuxpan, elaborado en 2016, ese municipio genera alrededor del 20% de la electricidad del país, a través de la Central Termoeléctrica “Adolfo López Mateos” y la Central Ciclo combinado Tuxpan II, III, IV y V, construida con tecnología japonesa a través de Mitsubishi Heavy Industries.

Todo un polo de generación de energía, necesaria para el desarrollo del país en esa orilla verde esmeralda de México, pero a un alto costo.

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