El sindicato de Pemex, como la mayoría de las organizaciones sindicales del país, ayudó al sistema político mexicano a mantener un sistema clientelar y de cooptación respecto de los trabajadores del país, durante prácticamente todo el siglo XX y principios del XXI, aseveró el académico Edgar Ortiz Arellano.

En entrevista, el catedrático de la UNAM dijo que el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), por lo menos hasta el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, tenía un peso político muy importante, debido a lo que representaba en términos económicos y por el gremio de empresa paraestatal tan importante que constituía.

Eso explica que durante años varios integrantes de la dirigencia nacional del sindicato fueran postulados por el PRI a cargos de elección popular, abundó.

A través de cuotas políticas, era la forma como el sistema político tenía que pagar a los lideres sindicales petroleros su lealtad y apoyo en todos los sentidos.

Por ello la dirigencia del sindicato de Pemex siempre representó un símbolo de ese pasado autoritario, corporativista y clientelar, corrupto.

En ese sentido opinó que ese gremio en particular es considerado un pilar fundamental del PRI y punto de referencia de la élite política, así como de poder económico construido a partir de los negocios que se hacen con el gobierno.

Cumplía una función de control

El académico destacó que el sindicato tenía principalmente una función de control hacia los trabajadores de base de la petrolera, pero también tenía como misión ser instrumento para darle mayor presencia al PRI frente a la sociedad y a sus adversarios políticos, en términos de que sus agremiados contaban con el apoyo legal, incondicional de un gremio que representaba mucho y en muchos sentidos al país.

También destacó la importancia de ese sindicato en términos económicos y por la capacidad operativa que podía desplegar.

Ortiz Arellano dijo que, con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, las características de la dirigencia del STPRM impidieron entablar una buena relación con el nuevo gobierno.

Concretamente señalo la percepción social de la mayoría de los mexicanos de que se trata de un liderazgo sindical corrupto, plenamente identificado con el PRI, lo cual choca con el mensaje del presidente de lucha contra la corrupción.

Además, el despliegue de riqueza material de sus dirigentes y sus familiares es ofensivo para la sociedad; si el presidente quiere proyectar a Pemex a escala internacional como un motor de desarrollo económico, necesita deshacerse de esas viejas estructuras corporativas y corruptas.

Asimismo, mencionó que los líderes petroleros del STPRM llevan muchos años en el poder, lo cual se traduce en un enorme desgaste y gran ilegitimidad frente a sus bases, lo cual dificulta operar políticamente tanto fuera de Pemex como a su interior.

A eso habrá que agregarle que la postura ideológica del actual sindicato petrolero, alineadas al PRI, no puede adaptarse a la llamada Cuarta Transformación o al gobierno del presidente López Obrador.

En opinión del académico, el presidente va a seguir la lógica de tener a los sindicatos cercanos, incluso los de Pemex, pero los favorables a sus políticas públicas, por ello lo que se prevé es que apoye para que los dirijan a personas que sean afines a su proyecto.

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