México es un pueblo sufrido, fue la conclusión del papa Francisco, quien dedicó su mensaje final al tema de la migración, la cual, en sus palabras, ha significado una crisis humanitaria en zonas fronterizas como Ciudad Juárez, donde se concentran miles para enfrentar terribles injusticias .

Jorge Mario Bergoglio se acercó a la llamada Cruz del Migrante, colocada en una plataforma cerca de un tramo de barda que marca el límite con EU; colocó una ofrenda floral y bendijo a los que se arremolinaban al otro lado del Río Bravo.

Luego se dirigió a las casi 300,000 personas que le aguardaban en el área de la feria y a los que lo escuchaban en el Estadio Sun Bowl en El Paso, Texas, EU. A ellos advirtió que los migrantes son esclavizados, secuestrados, extorsionados y víctimas del tráfico humano.

No podemos negar la crisis humanitaria que en los últimos años ha significado la migración de miles de personas , sentenció el jefe de la Ciudad de Vaticano.

Migrantes que salen expulsados por la pobreza, la violencia y el narcotráfico. Frente a tantos vacíos legales, se tiende una ley que atrapa y destruye siempre a los más pobres .

El papa Francisco enfatizó, nuevamente, en los jóvenes, quienes son carne de cañón , perseguidos y amenazados cuando tratan de salir del espiral de violencia y del infierno de las drogas .

Habló sobre la muerte de mujeres, a quienes se les ha arrebatado injustamente la vida . Lo hizo en una entidad donde se han dispuesto cientos de cruces para recordar a las muertas de Juárez.

Reconoció también a aquellos religiosos y activistas que comprometen su trabajo y vida para garantizar la de aquellos que cruzan territorio nacional en busca de una situación mejor en Estados Unidos.

Para despedirlo, por la noche el presidente Enrique Peña Nieto encabezó la ceremonia en Ciudad Juárez, donde acudió acompañado por gran parte del gabinete. Al acercarse al pontífice, la procuradora general de la República, Arely Gómez, se llevó una medalla con la bendición del papa.

En el Aeropuerto Internacional de Ciudad Juárez le entonaron Las Golondrinas 5,000 los asistentes. Se escuchó el Himno Nacional de México y el del Vaticano. Sin mediar palabras públicas, ambos se despidieron a pie del avión que lo llevaría de regreso a Roma.