Si se analizan los resultados de las encuestas que miden la aceptación del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador de enero, febrero y marzo, hay una tendencia a la baja y el hecho de que en la de abril se haya registrado un “rebote”, no significa necesariamente un cambio en la tendencia o un rompimiento, sino que, en estos momentos, la opinión de la gente es altamente volátil, expuso el director de Parametría, Francisco Abundis.

Entrevistado vía telefónica, el experto en investigación de opinión pública y de mercado explicó que, dado que la población está en un periodo de confinamiento como medida de contención del Covid-19, las empresas encuestadoras no pueden hacer trabajo en campo y se están limitando a realizar encuestas vía telefónica o internet.

Por esa razón los resultados que consiguen tienen un sesgo de estrato social y escolaridad y edad. “Lo primero que hay que advertir es que se está midiendo de manera imperfecta”.

Dicho eso, detalló que las últimas mediciones que se hicieron a principios del año, cara a cara en vivienda, reflejan que la aceptación del presidente venía a la baja.

Luego, si se toman los resultados de las encuestas telefónicas de marzo, que no es del todo comparable con las anteriores por lo antes expuesto, también hay un registro de descenso. Dados esos resultados pareciera que hay una tendencia a la baja, pero en abril se observó una especie de “rebote” de 53 a 65% de aceptación.

Dijo que, a diferencia de otros meses, en donde todo estaba bastante estable, tal vez por todo lo que está pasando en el país, da la impresión de que lo que tenemos es una opinión pública muy dinámica. “Todo se está moviendo mucho, lo cual no es casual, dado lo que está sucediendo en el país”.

El también exprofesor del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), dijo que, si bien esto está muy dinámico, el “rebote” podría atribuirse a dos factores: primero, el gobierno está llenando todos los vacíos de comunicación.

En la mañana el presidente, en la noche el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, acompañado de otros funcionarios, lo cual, independientemente de que sea buena o mala información, a la gente le cubre vacíos, le quita angustias y hace que el gobierno le esté muy presente.

El otro elemento es que las propuestas económicas, si bien han sido muy cuestionadas, la gente está de acuerdo con ellas, aunque y ya veremos cuanto resiste.

El especialista llamó la atención en que en estos momentos lo que no se sabe es cuánto se puede mover esa percepción en los siguientes meses, cuando tenga más información sobre los efectos económicos negativos de la pandemia del Covid-19 en el país.

Sobre todo —destacó—, hay que tomar en cuenta que esta crisis económica va a ser dura y larga. Por eso no hay forma en que no le afecte al presidente. “Lo que no se sabe es cuánto y está por verse cómo salimos de la crisis de salud y cómo entiende la gente la crisis económica que viene con ella”.

Abundis dijo que, incluso en el caso de que sí hubiera habido un “rebote” en los niveles de aceptación del mandatario, dadas las condiciones de la realidad actual, al siguiente mes puede darse un resultado a la inversa, porque está muy volátil la opinión de la población.

Incluso dijo que eso mismo sucede en otros países, por ejemplo, en Alemania, donde la aprobación de la Canciller, Angela Merkel pasó de una aceptación de 49 a 75% de un mes a otro.

Asimismo, dijo que incluso puede ocurrir que al presidente López Obrador no le vaya tan mal en cuanto a los niveles de aceptación de su gobierno, pero al que definitivamente sí le irá mal es a su partido, Morena.

Explicó que ya ahorita se puede ver un deslinde entre lo que la gente opina del presidente y lo que opina de Morena. Si en la elección de 2018 había 10 puntos de diferencia en la aceptación de uno y otro, 53 contra 43, esa diferencia ya se amplió alrededor de 20 puntos.

Por eso consideró que podría comenzar a ocurrir algo parecido a lo que le pasó en su momento al presidente Vicente Fox, cuando las cosas no le empezaron a salir bien y la gente lo justificaba porque consideraban que no lo dejaban gobernar.

Incluso recordó que, en 2009, la crisis no le pegó tan duro a la aceptación del presidente Felipe Calderón, porque el argumento fue que la penuria económica venía de fuera.