El tema de la marihuana es muy polémico, está muy estigmatizado y en muchos casos las autoridades priorizan los intereses políticos; por ello el proceso para regular sus diversos usos y conformar una industria sólida ha sido lento y complejo en México. Si no se aceleran los procesos, si no se esclarecen las leyes y si no se comienza a informar adecuadamente sobre la cannabis nuestro país, llegará tarde y mal al mercado global, dijo Mariana Larrea, abogada especialista en salud y regulación sanitaria, en entrevista para El Economista

Uno de los principales problemas es que no se conocen muchos de los usos de la planta en términos industriales, la especialista explicó que, la legalización de la marihuana no sólo se trata de consumo con fines recreativos o medicinales, en el mundo ya han sectores mucho más desarrollados que utilizan algunos tipos de cannabis para la industria alimentaria, la industria textil, la industria energética y hasta la industria del papel. “El problema es que el desconocimiento no sólo persiste en la población, incluso muchas de las autoridades involucradas en la regulación no están especializados en la materia”, dijo. 

Ante el avance en el Senado del proyecto de ley que busca la regulación de la marihuana, el sector industrial y empresarial se mantiene moderado y con incertidumbre por todos los cabos sueltos que presenta y las constantes modificaciones que se han hecho a las iniciativas en esta materia. “Es muy común que constantemente se presenten dictámenes y éstos cambien significativamente de contenido cuando se aprueban y pasen así de una autoridad a otra, esto produce que no haya reglas claras y el sector empresarial y los inversionistas prefieran no tomar riesgos y no entrar en el mercado de la cannabis en el país mientras que algunos países ya se tiene incluso una industria consolidada”. 

La regulación de la cannabis debe ir más allá de los usos exclusivos para fines médicos o para el consumo lúdico personal. Pero aún en estos rubros hay omisiones y trabas, la industria farmacéutica en México todavía no se desarrolla en el país, justamente por falta de claridad en las reglas, y las firmas que se han adentrado en la industria regularmente siempre acuden a recursos legales como los amparos para tener autorización de producir y comercializar algunos productos de uso medicinal.

Experiencias con el uso medicinal

En 2017 se aprobaron las modificaciones a la ley que penaliza la siembra, el cultivo y la cosecha integrando la excepción para fines medicinales, se eliminaron las prohibiciones para temas de investigación científica y se eliminó al cannabis de la lista de narcóticos. 

Sin embargo, no se eliminó de la lista de estupefacientes; esto ha provocado que la regulación sea más compleja, porque queda en las acotaciones que al ser considerado todavía un estupefaciente, aunque ya no se penaliza el uso medicinal, las empresas no pueden invertir en la industria cosmética o alimenticia utilizando cannabis.

Omisiones en el proyecto actual

La abogada especialista en temas de regulación sanitaria resalta que la omisión más importante que presenta el dictamen que avanzó en el Senado es que no desagrega ni contempla los distintos tipos de cannabis. “En este sentido hay mucha confusión, por ejemplo en el uso del cáñamo, una de las variedades de la planta y de las más prometedoras en términos industriales y ambientales”.

La planta cannabis se divide en tres tipos: la sativa, la indica y la ruderalis. Todos los tipos de marihuana que se conocen e incluso el cáñamo provienen de la planta sativa, que generalmente tiene niveles considerables de THC (Tetrahidrocannabinol), sin embargo, la subespecie cáñamo es una de las que poseen niveles más bajos de THC; el cáñamo es una planta alta, fibrosa y que no produce flor. 

“Del cáñamo puedes impulsar muchísimas industrias y de manera más ecológica; la semilla para la industria alimenticia, la fibra para la industria textil, la industria del papel y hasta la energética porque es posible hacer biodiesel e incluso para la construcción; ya se han construido casas totalmente verdes con cemento proveniente del cáñamo”, dijo Mariana Larrea. 

Otra de las omisiones persistentes en el proyecto presentado es que no contempla la eliminación de la prohibición de la siembra, cultivo y cosecha para el uso industrial, de modo que, aunque no esté penalizado el consumo recreativo o el uso medicinal, México seguirá sin tener empresas y una industria sólida que pueda producir, comercializar, importar y exportar este tipo de productos.

La especialista comentó que dentro del sector de empresas e inversionistas interesados en el mercado mexicano también se tiene mucha incertidumbre respecto de la creación de un Instituto para la regulación de la marihuana, “nosotros vemos que no es viable, además de que en el contexto actual en términos de salud esto implicaría mucho tiempo, toda la expedición de licencias y permisos, así como las leyes y reglamentos estarían atadas a este órgano. Esto implicaría un rezago importante para el mercado de cannabis mexicano, en términos de tiempo y eficacia”, comentó.

La cannabis es más que droga

Aunque es importante desestigmatizar el consumo de la marihuana porque en cantidades controladas puede tener efectos positivos en la salud, lo más importante desde la perspectiva de negocios es que se acabe la desinformación en el tema, “la gente escucha marihuana e inmediatamente lo asocia con narcotráfico y drogas y la realidad es que la planta tiene muchos otros beneficios”. 

La industria, de la AmeniC (Asociación Mexicana para la Normalización, Investigación y Legalización de la Cannabis) y otras organizaciones mexicanas que trabajan en la materia, busca que se transversalice desde la política pública una perspectiva amplia y de la cannabis. Desarrollar e impulsar una industria en este giro implicaría producción económica, generación de empleos e inversiones y si se hace de la manera correcta no debería haber impactos en la salud pública de la población o los niveles de consumo, comentó Larrea. 

En este sentido, en términos industriales más que la despenalización del uso lúdico y recreativo, el rubro empresarial busca que se flexibilicen, y sobretodo, se esclarezcan las reglas para la producción y comercialización de productos derivados de la marihuana, que se incentive la formación científica y la investigación en esta materia y se permita desarrollar un giro industrial sólido que pueda competir en el mercado global, como ya muchos sectores industriales en México lo hacen.

“Una de las experiencias internacionales de mayor éxito es la de Canadá; es el mejor ejemplo de regulación e industrialización, despenalizó todo. De hecho, de lo que hemos visto en México, la mayor parte de los inversionistas interesados en el mercado nacional proviene de Canadá. Las reglas son claras, tienen un sistema de trazabilidad de compras, un mercado de competencia saludable e impulso público sólo con las leyes que permiten al mercado desarrollarse. En Canadá incluso cuando compras un producto que contiene cannabis, escanéas un código que te lleva a una liga, te desglosa cada parte del proceso industrial de tu producto, desde por donde paso la semilla hasta cómo llego al pan que te vas a comer o la crema que te pondrás en la cara. Esta claridad tan explícita ayuda al consumidor a consumir seguro y a la industria a consolidarse como un motor importante de la economía sin tapujos”, concluyó la especialista. 

ana.garcia@eleconomista.mx

kg