Aunque un candidato a la Presidencia de la República tenga una buena participación en un debate electoral, difícilmente puede ayudarle a remontar la ventaja que le llevan sus competidores, pues esos ejercicios no tienen un impacto real en las preferencias de los votantes, planteó Ramón Morales Izaguirre.

En entrevista, el investigador en Comunicación Política y profesor de la Universidad Panamericana (UP) aseguró que quien ve un debate generalmente ya tiene definido por quién va a votar, por lo que esos ejercicios sólo sirven para que refuerce su preferencia por cierta opción política.

“Los debates no producen conversiones en votos, no trasforman a una persona que va a votar por López Obrador al PRI, o una que va a votar por Ricardo Anaya a votar por Andrés Manuel”.

En ese sentido, el experto afirmó que los debates no tienen un impacto sustancial en el resultado de las elecciones. “Las posibilidades de que los resultados del debate del 22 de abril tengan influencia en el voto del 1 de julio son muy pocas”.

Dijo que esos ejercicios ayudan más bien a decantar a algunos indecisos, pues para lograr que alguien cambie su voto, afirmó, se necesitaría, entre otros elementos, que el votante vea todo el debate para ver si alguna propuesta o carácter de los aspirantes lo atrapa, pero considerando que en México la mayoría ve sólo el principio y el final, difícilmente alguien puede apostar a robar simpatías de otro candidato. “Es muy poco probable que un candidato pueda remontar una ventaja en un debate”.

Un debate presidencial tiene tres ganadores

El experto aseguró que los debates más que exponer las propuestas, delinean las personalidades de los candidatos y que generalmente le va mejor a quien se muestra más espontáneo que con un desenvolvimiento muy ensayado.

Indicó que un debate presidencial no tiene uno, sino tres ganadores: el oral, el retórico y el mediático. Sobre el primero, explicó que se trata de la persona que es más atractiva a cuadro por la manera en que utiliza el lenguaje no verbal, por el tono de su voz y por las expresiones gestuales, lo que lo convierten en el personaje más entretenido de ver.

“El ganador oratorio es un ganador visual y auditivo, el auditorio se siente muy atraído por su forma de expresarse (…) No viene a ganar el debate, sino a producir spots, para reciclarlos en el futuro con sus mejores ataques”.

El ganador retórico, planteó, es aquel que va al debate a realizar propuestas; sin embargo, enfrenta el problema de cómo argumenta, pues entre más refinada sea su argumentación, menos personas entenderán los planteamientos.

“Si se eleva demasiado, pierde a la gente, por lo tanto tiene que mantener las propuestas básicas o por lo menos un lenguaje que la mayoría de la población pueda entender. Quadri le ganó a Peña, a Andrés Manuel y Josefina Vázquez Mota porque fue el candidato que mejor proponía y el mejor orador en términos visuales”.

El triunfador mediático, que dijo es el más importante, es aquel que los medios de comunicación ven como el ganador. “Es una victoria casi insustituible porque alguien pudo haber sido el más claro en el debate, el más contundente, el mejor orador, pero si la mayoría de los medios dicen que ganó otra persona entonces ganó otra persona en el ojo público”.

Esa apreciación de los medios de comunicación sí tiene un impacto en el elector.

Para el debate de este 22 de abril, quien mayores probabilidades tiene de ganar es el candidato del PAN-PRC-MC, Ricardo Anaya, porque tiene un lenguaje no verbal muy expresivo, porque maneja muchas gráficas, ataca con muchos apoyos visuales, y es el que más preparado está para los debates televisivos.

Emociones también son determinantes

Refirió que los sarcasmos, ataques, chistes, ironía, respuestas muy o poco emocionales también pueden determinar victorias o derrotas en los debates. Recordó el debate presidencial de 1988 entre Michael Dukakis contra George W. Bush, cuando al primero el moderador le preguntó: “Si Kitty Dukakis (su esposa) fuera violada y asesinada, ¿favorecería la pena de muerte irrevocable para el asesino?” a lo que respondió “No, no lo haría Bernard, y creo que sabes que durante toda mi vida, me he opuesto a la pena de muerte”. Esa fría respuesta contribuyó a que Bush se convirtiera en presidente.

“Es importante reconocer que el factor emocional y el factor entretenimiento tienen muchísima más importancia que el debate mismo”.

En México, recordó que la polémica causada por la vestimenta de la edecán en el debate del 2012 tuvo mucho más relevancia que la propuestas de los candidatos.

[email protected]