El ministro en retiro Genaro Góngora Pimentel se mantiene activo. Dejó su cargo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en 2009, al concluir su periodo de 15 años. Este 2019 ha publicado el libro Memorias: Los Supremos de la Corte, editado por Porrúa. El volumen presenta experiencias y aprendizajes de su carrera en el derecho mexicano.

Góngora Pimentel empezó su trayectoria en 1969 como secretario de estudio y cuenta en la Suprema Corte, después fue nombrado juez de distrito y luego magistrado de distrito. En 1995 fue seleccionado como ministro de la Suprema Corte para la nueva estructura de 11 ministros. En 1999 asumió la presidencia del maximo tribunal que ocuparía hasta 2003. 

En Memorias: Los Supremos de la Corte, Góngora Pimentel exprime su memoria, para recordar anécdotas, hallazgos, encuentros y desencuentros con una carga de ironía y sarcasmo, comenzando por la dedicatoria del libro a la periodista Carmen Aristegui. 

Presento aquí una versión de la larga conversación que tuve con Góngora Pimentel el 8 de agosto de 2019, con motivo de la presentación de su libro y como parte de una serie de entrevistas de El Economista en Facebook Live.

—¿La dedicatoria a Carmen Aristegui es parte de esa ironía, de ese sarcasmo?

—Pues sí, pero le gustó. Me invitó a hacerme una entrevista, me hizo una entrevista muy larga, poquito más de una hora. Yo aproveché para platicar con ella y para decirle: Carmen, Dios nuestro señor siempre te lleva a sucesos muy importantes, por ejemplo, recuerdo la vez que te declaró el presidente Miguel de la Madrid que Carlos Salinas de Gortari se había robado la partida secreta. ¡Uh! Se vino un escándalo y sobre todo los hijos de Miguel de la Madrid, los parientes, presionaron a Miguel de la Madrid.

Pero a veces, le dije a Carmen, en lugar de ser Dios nuestro señor el que te guía en tus investigaciones, te guía el maligno. ¡No, Carmen! El maligno no es Carlos Salinas de Gortari. El maligno es aquel santo, aquel arcángel que se sentaba a la izquierda de Dios, nuestro señor. ¡Ese es el maligno!

Y entonces, Carmen dijo: "¿Y en qué me ha influido el maligno?". Te ha influido en que me dijeron que dijiste que el nombramiento de (Juan Luis González) Alcántara Carrancá se debía a mi influencia y yo no tengo ninguna influencia. El nombramiento se debió a que es un extraordinario jurista, a que lo conoce muy bien el presidente Andrés Manuel y a que creo que es el primer nombramiento de Andrés Manuel, extraordinario. 

—¿Por qué? Sólo por el tema del ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá o hay que recordar que en el 2013, Carmen y sus reporteros trabajaron el caso de la pensión alimentaria de sus hijos.

—Así es, eso ya terminó. A una de las señoras con las que tuve hijos le construí un edificio de tres pisos, una casa en el municipio de Xochimilco, donde ella quiso; le di dos millones y medio. A la otra señora le di cinco millones y medio, y ya se quedaron muy contentas.

—Usted recomienda no emprender demandas por daño moral ante una publicación "calumniosa". Dice usted en el libro que emprender una demanda por daño moral contra una publicación "calumniosa" lo único que hace es que esa publicación se conozca mucho más. ¿No considera usted que al periodismo mexicano justo le falta mayor judicialización, como una herramienta para hacerlo más riguroso, más serio, más profesional?

—Sí, sí. Creo que tienes razón. Porque no ha habido demandas en contra de publicaciones periodísticas; al contrario, se han llevado a otros periódicos para combatir lo que dijo otro periódico, como es el caso de Andrés Manuel López Obrador con el periódico Reforma.

—Su libro por momentos me parece un ajuste de cuentas con algunos personajes.

—Así es.

—Principalmente con el ministro Mariano Azuela.

—Bueno, ajuste de cuentas no. Cuento lo que vi con Mariano Azuela, cuando era presidente (del máximo tribunal de justicia).

—¿Se equivocó alguna vez usted como ministro? 

—Todos nos equivocamos en nuestra vida. Decir que alguien nunca se equivoca es una exageración. Eso le preguntaron, un día que llegué muy noche a mi casa puse la televisión, y pude ver a Don Ignacio Burgoa, mientras una jovencita muy guapa con una falda roja muy corta, le preguntaba cosas y una de esas preguntas es la que me la hace usted. "Señor doctor, maestro Burgoa, ¿se ha equivocado usted alguna vez?". Y el maestro, con ese aire de gran señor que tenía, fumó la parte de puro que siempre traía en la boca, volteó al piso del techo, "Sí", dijo, "una vez". "Una vez nada más".

Y fue en un asunto mío, en donde me atacó despiadadamente en la televisión, el caso del caballo.

—Ministro, ¿qué reacciones espera de su libro?

—No sé. La reacción más agradable es que ya se agotó la primera edición y que José Antonio Pérez Porrúa me invitó a comer para decirme: "Ministro, ¿está usted de acuerdo en que hagamos una primera reimpresión?". 

Ya se hizo, parece ser la primera reimpresión de 1,000 ejemplares y pues algo quiere decir. Lo que ya había leído yo por ahí es que "si usted escribe sus memorias, no se preocupe si se venden o no, seguramente se venderán, porque a todo el mundo le encanta meter las narices en la vida de otra gente".

—Me viene a la mente una de las primeras anécdotas que usted recuerda en el libro y es la del licenciado Alejandro Athié. Me hizo pensar que la primera noticia que usted tiene sobre la Corte es una noticia relacionada con la corrupción, con el amiguismo, con el nepotismo. Usted estaba todavía adolescente cuenta allí.

—Muy chico, muy chico.

—¿Y ha cambiado la Corte en ese tema? En corrupción, nepotismo, amiguismo, tráfico de influencias.

—Mi abuela paterna, que fue una mujer muy inteligente, que sufrió mucho, porque le asesinaron a su marido, a mi abuelo paterno, me daba a veces algún consejo: "mira Genarito, si no puedes hablar bien de alguien mejor no hables". Es la contestación.

—¿Por qué hay que leer su libro?

—Porque es necesario que se sepa la verdad de cómo funciona un tribunal. En Estados Unidos se ha escrito sobre la naturaleza, la forma de ser de los ministros de la Corte Suprema norteamericana, pero aquí no teníamos, no tenemos todavía algo, algo a fondo. Es que tenemos un Senado que no hace su trabajo, nada más se limita a aceptar las propuestas del presidente de la República, pero él no investiga, no busca qué hay en el fondo de cada ponente.

—¿Y cómo quiere ser recordado: como ministro, como jurista, como experto del derecho en México?

—Eso lo dirá la posteridad y no sé qué dirá la posteridad. No sé, ya no estaré vivo. Ya se verán otras cosas.