La decisión de cancelar la construcción del aeropuerto en Texcoco constituye un golpe a la confianza y perdida de certeza jurídica en la relación de los inversionistas con el próximo gobierno, planteó Luis Foncerrada Pascal.

El exdirector del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado dijo que producto de ese hecho, ahora los empresarios y los inversionistas van a ser mucho más cautelosos a la hora de analizar la posibilidad de arriesgar sus capitales en México.

“Hay una pérdida de confianza sobre el respeto a las reglas del juego, sobre el respeto al Estado de Derecho, sobre el respeto a los contratos y un desprecio a la certeza jurídica”, expuso.

El consultor en materia económica señaló que los inversionistas van a ser muchísimo más cautelosos en términos de decisiones de inversión o de firmar un contrato con el gobierno porque ahora parece que se puede echar para atrás en cualquier momento.

En su opinión eso es grave porque ya había una suspensión de decisiones, es decir, “muchas decisiones de inversión entraron en pausa y muchas inversiones de empresas extranjeras que estaban por darse no solamente no se dieron sino que cerraron ya su oficina en México”.

Indicó que si la determinación de cancelar la opción Texcoco se hubiera planteado técnicamente y explicado por qué no es viable, hubiera resultado más digerible para el sector privado, para los inversionistas nacionales y extranjeros.

La gran preocupación de esa determinación —abundó— tiene que ver con la forma. Lo malo es que en este caso la forma sí fue fondo. Fue decir vamos a hacer una disque consulta para que haya una disque solución y luego vamos a hacer lo que yo dije, continuó.

Para el analista debió saltarse la consulta, porque eso crea mucho malestar y destruye la confianza.

Entonces es muy delicado romper esa confianza, eliminar la certeza jurídica, porque entonces se acaban las reglas del juego y si no hay reglas del juego entonces a ver quién juega, entonces ya depende de decisiones unilaterales, abundó.

Foncerrada insistió en que ése es el efecto más fuerte en los inversionistas. No tanto la cancelación de la construcción del aeropuerto, sino el mensaje de en cualquier momento sobre cualquier cosa se puede cancelar lo que sea y entonces éste es un mensaje delicado.

Nadie que haya vivido esto está dispuesto a creer en el gobierno. Cuando hay una pérdida de confianza es lo mas grave porque, ¿cómo se recupera?, se preguntó. Ahora, indicó, la primer consecuencia es a ver quién se anima a entrar a un contrato de inversión porque qué tal si se suspende mañana

Envió el mensaje de “Yo decido”

En opinión del economista la única explicación que pudiera darse a ese hecho es que el equipo del presidente electo haya encontrado o mandado a hacer una auditoría profunda para encontrar contratos, acuerdos o mecanismos de corrupción, o sobreprecios, o algo que constituyera una justificación seria de esta decisión.

Sin embargo, destacó que el único argumento que se supone hasta ahora es la sospecha de actos de corrupción, “a menos que haya sido comprobada”.

El economista dijo que aún en ese caso, lo que debió hacerse es cambiar a los proveedores, o se le quita de en medio a quien esté incurriendo en prácticas fraudulentas y se continúa con el proyecto que es por el futuro de México.

Coincidió con otros analistas en que fue un mensaje político según el cual el presidente electo envió el mensaje de “a ver, yo voy a tomar decisiones a partir de una consulta popular hecha de manera desorganizada y sin una metodología, pero yo voy a poner las casetas en donde se me ocurran en Sonora o en Baja California y a ver quién vota y a ver quién decide, lo cual es absolutamente arbitrario y es ilegal.

El mensaje es que hay una forma de tomar decisiones para el futuro que es absolutamente incomprensible y caprichosa.

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