El auténtico melodrama electoral estará en la elección de Gobernador en Oaxaca, por la histórica intensidad de los comicios oaxaqueños y porque las encuestas muestran números muy cerrados y por la obsesión casi patológica de tantos para derrotar al gobernador Ulises Ruiz.

Es tan intenso el melodrama que cualquier victoria podría ser pírrica.

Es un melodrama político con todos los actores que requiere el guión de una confrontación cuya finalidad, según dijo a El Economista, el exgobernador Diódoro Carrasco es construir un modelo distinto de desarrollo del Estado , lo cual convierte a Oaxaca en un experimento, a riesgo de que tenga el resultado del experimento del aprendiz de brujo de Disney.

Los roles protagónicos son del priísta Eviel Pérez Magaña y el panista-petista-perredista-convergente Gabino Cué, aunque éste intenta darle ignorar a su adversario y pregona que su pelea es contra el gobernador Ulises Ruiz Ortiz.

Parte del elenco son las estructuras panista y priísta en la entidad, comprometidas con sus dirigentes nacionales, el panista César Nava y el perredista Jesús Ortega y, claro al director de escena más visible: Manuel Camacho Solís, quien ha conseguido su objetivo de impedir que la izquierda se quede aislada en sus contradicciones y junto forjó la alianza con el PAN.

El mano a mano

Hay protagonistas tras bambalinas: el gobernador Ulises Ruiz Ortiz, quien pelea con los exgobernadores Carrasco Altamirano, José Murat y Heladio Ramírez. El primero apoya abiertamente a Cué, los dos últimos también, pero discretamente, pues aún se dicen priístas y no quieren que una excesiva visibilidad arriesgue las posiciones familiares que en el tricolor tienen algunos de sus familiares.

La trama del melodrama del proceso electoral de Oaxaca está tan enredada como el quesillo regional.

Muchos de los aliancistas no tienen claro los objetivos, como lo explica el exgobernador Diódoro Carrasco en la entrevista con El Economista: A lo mejor no todos saben exactamente para qué, pero que se transforme la realidad política .

Tampoco la estrategia la tienen clara todos. Lo demuestra el discurso de Santiago Creel, quien afirma que no apuestan a resolver la contienda en los tribunales electorales, cuando desde ahora los dirigentes de la coalición buscan desacreditar el proceso electoral, sabedores que las cuentas electorales apuntan a una diferencia no mayor a 3 puntos porcentuales para quien gane.

Como el quesillo oaxaqueño, las fuerzas políticas no se realinean, se enredan y como ninguna elección en esta prevalecerán la mala fe y la sinrazón.

La táctica es que, en caso de eventual derrota, tomar la vía de las impugnaciones jurídicas y las movilizaciones de resistencia civil, para lo cual dependen de sus siempre dispuestos aliados: la Sección 22 del magisterio y la APPO.

A pesar de que Gabino Cué hizo compromisos con la Sección 22 del magisterio, por ejemplo, dejarles a cargo del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, la Secretaría de Educación Estatal, la dirigencia magisterial prefiere mostrar músculo y amenaza con boicotear las elecciones del 4 de julio, para lo cual bastaría ocupar las 13,000 escuelas de la entidad, pues 75% de las casillas se instalarán en edificios escolares.

A la APPO le entrega la candidatura plurinominal de Flavio Sosa, quien fuera el cabecilla de la insurrección civil que mantuvo secuestrada seis meses la capital de Oaxaca y fue posteriormente detenido, aunque fue liberado por el mágico desvanecimiento de delitos penales cuando el presunto responsable se identifica como activista político y social.

El candidato priísta Pérez Magaña también ha hecho sus compromisos. Ha conseguido atraer a algunos panistas, entre ellos está Pablo Arnaud, quien renuncia al PAN. Arnaud fue el primer alcalde de la oposición en la capital oaxaqueña. Batalla para disipar la noción de que su lealtad al gobernador Ulises Ruiz creará una suerte de minimaximato.

En la realidad, ésa siempre ha sido una leyenda urbana. A Ulises Ruiz lo impulsó su antecesor José Murat. Apenas tomó posesión la relación se enfrió. La constante histórica es que el Gobernador no comparte el poder con nadie, menos con su antecesor.

Mientras, arrancan las campañas para judicializar cualquier eventual resultado electoral. El PAN acusa ante la FEPADE al gobernador Ruiz Ortiz de utilizar recursos públicos para promover al priísta Pérez Magaña. Los oaxaqueños, comunicativos que son, aclaran que igualmente los delegados federales hacen uso de los programas del gobierno calderonista para sumar votos.

El ganador

Sin importar el resultado de las elecciones de Oaxaca, los más preocupados son los oaxaqueños.

Temen que si triunfa el PRI, la izquierda, con la anuencia panista y del gobierno federal, combinen las impugnaciones jurídicas con las movilizaciones de resistencia civil .

En suma, más allá de las matemáticas electorales, para el pueblo de Oaxaca, la obsesión por arrebatarle al PRI la gubernatura viene a ser una suma cero: perder, perder.

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