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Política

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El puño en alto se volvió símbolo de esperanza

A más de tres meses de ocurrida la tragedia, un número de difícil cálculo continúa viviendo en campamentos y albergues. Los de mayor suerte están con familiares y amigos, otros incluso han tenido que migrar a otros estados luego de haberlo perdido todo.

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A las 13:14:40 horas del 19 de septiembre, la Ciudad de México, junto con seis entidades más se cimbró con un sismo de 7.1 grados. Parecía que la historia de hace 32 años se repetía. Apenas habían pasado un par de horas del simulacro que conmemoraba el terremoto de 1985 y la realidad imponía la emergencia.

Aunque la duración de un sismo varía de un lugar a otro, el miedo y la angustia se reflejó en los rostros de las personas que lograron salir de las edificaciones en las que se encontraban. Poco a poco fluyó la información de los puntos de colapso y, como hace tres décadas, fue la sociedad civil la que arribó primero y organizados con cubetas, botes de basura o cualquier recipiente comenzaron a mover escombros.

El “puño en alto” se convirtió en un símbolo de esperanza. Sobre montañas de concreto hecho pedazos, voluntarios, soldados, marinos, policías, jóvenes, adultos, hombres, mujeres, lanzaban al aire esa señal que significa silencio: el oído atento a cualquier sonido que viniera de las ruinas, la búsqueda de sobrevivientes apremió en las primeras horas y días.

Zonas de la delegación Cuauhtémoc, como la colonia Roma y Condesa, revivieron la tragedia del 85. Lugares como Iztapalapa y Tláhuac fueron atravesados por una grieta. San Gregorio Atlapulco, en Xochimilco, fue golpeado severamente. Y los daños se extendieron en Benito Juárez, Coyoacán, Gustavo A. Madero, Magdalena Contreras.

La Comisión para la Reconstrucción de la Ciudad de México dio cuenta de 710 edificios “severamente dañados”, 128 de éstos deberán ser demolidos, afectaciones de distinto grado en al menos 20,000 viviendas y un dato preocupante: 50% de los damnificados son adultos mayores con pensiones bajas y recursos disminuidos.

De las 369 personas fallecidas por el sismo en seis estados, la Ciudad de México fue la que más víctimas mortales contabilizó, con 228, siendo el edificio que se ubicó en Alvaro Obregón 286, en la colonia Hipódromo Condesa, donde hubo el mayor número, con 59 fallecidos.

Como hace 32 años los damnificados coinciden en que las “autoridades fueron rebasadas” y se lanzaron a organizarse. Caso destacado es el del Multifamiliar Tlalpan, donde tras el colapso de uno de los 10 edificios que componen la unidad, se constituyen en Asamblea representativa de 500 familias y articulan sus exigencias.

A ellos se van sumando poco a poco damnificados de otros puntos hasta que conforman Damnificados Unidos de la Ciudad de México, organización que aglutina afectados de 116 predios y un universo de alrededor de 1,850 familias.

Desde el principio han exigido participación en la creación de la Ley de la Reconstrucción de la Ciudad de México y rechazan la contratación de créditos para recuperar sus viviendas; sin embargo, no han sido escuchados: la ley ya se aprobó y no hay respuesta de recursos públicos a fondo perdido para cubrir sus necesidades.

A más de tres meses de ocurrida la tragedia, un número de difícil cálculo continúa viviendo en campamentos y albergues. Los de mayor suerte están con familiares y amigos, otros incluso han tenido que migrar a otros estados luego de haberlo perdido todo.

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