Las expectativas del inicio del gobierno del presidente Peña apuntaban, ahora sí, a una fuerte presencia de México en el mundo. El tránsito del etnocentrismo hacia el geocentrismo, ilusionaba.

El quinto eje estratégico revelado el 1 de diciembre de 2012 por el recién inaugurado gobierno federal fue: “México como un actor de responsabilidad global”.

De manera inédita, el presidente de México realizó ocho visitas al exterior en tan solo cuatro meses, enero a abril de 2013: China, Japón, Italia, Perú, Venezuela, Costa Rica, Chile y Haití. Al finalizar el año visitó 18 países y sólo Turquía se trató de una visita de Estado.

Un año después, en 2014, la frecuencia de viajes al exterior se redujo a ocho, sin embargo, cinco de ellos con la categoría de visitas de Estado: Portugal, El Vaticano, España, China y Australia.

Se trataba del Mexican Moment (MeMo); periodo en el que el presidente salía al mundo para promover el nuevo rostro del país a través de las reformas constitucionales.

En menos de 50 días, los presidentes de Estados Unidos y China visitaron México para conocer a fondo el nuevo entrono de inversiones del país.

Una de las decisiones que confirmaron la voluntad del presidente Peña en materia de responsabilidad global ocurrió el 24 de septiembre de 2014. De manera inédita, México anunciaba su participación en operaciones de paz coordinadas por las Naciones Unidas.

La desaparición de cuatro decenas de estudiantes en Ayotzinapa, en septiembre de 2014 provocó que el presidente Peña cambiara de manera radical su agenda internacional.

En marzo de 2015 el presidente Peña fue recibido en visita de Estado por la reina Isabel II en Londres; se dirigió al número 10 de Downing Street  para charlar con el todavía primer ministro David Cameron. El Brexit todavía no llegaba.

Dos síntomas confirmaron que algo comenzaba a disipar el Mexican Moment: un pequeño grupo de mexicanos se manifestaron en los alrededores de Downing Street con proclamas sobre Ayotzinapa y la cancelación, a petición del gobierno mexicano, de una conferencia de prensa de Cameron y Peña.

Lejos parecía el 1 de diciembre de 2012. A partir de ese momento, el presidente Peña redujo de manera significativa sus viajes al exterior.

Trump, la relación imposible

En 2016, la candidata demócrata a la presidencia Hillary Clinton realizó duras críticas  en contra del gobierno mexicano en materia de derechos humanos. En dos periódicos estadounidenses en español le recomendó al presidente Peña mejora los protocolos del Ejército en materia de derechos humanos.

Fue Trump, quien sí aceptó la invitación a Los Pinos el último día de agosto de ese año. A partir de ese momento, la relación con Estados Unidos entró en un laberinto con difícil salida. La victoria de Trump produjo la puesta en marcha de una estrategia populista en materia comercial por lo que el viejo TLCAN fue sometido a una revisión por orden del presidente estadounidense.

La apuesta de Luis Videgaray fue errónea: la relación personal con Jared Kushner nunca podrá sustituir a la relación institucional. En efecto, a Trump poco le importa los vínculos institucionales con México, pero el gobierno mexicano tiene en ellos, una carta estratégica de negociación, una de ellas, por ejemplo, es la seguridad.

Sobre América Latina, la crisis regional deja en la Alianza del Pacífico como uno de los pocos proyectos de integración regional de perfil progresista.

Frente a lo que ocurre en Venezuela, y tras el fracaso de la OEA en esta materia, México fue uno de los países que promovió el Grupo de Lima para mejorar la coordinación de sanciones dejando a un lado a los países del Caribe.

Una de las sombras sobre política exterior mexicana en el presente sexenio fue el apoyo que le dio el presidente mexicano a India para su integración al club de proveedores de materias primas de armamento nuclear cuando el país del primer ministro Narendra Modi se encuentra fuera de los acuerdos de no proliferación de armamento nuclear.

Finalmente, en términos administrativos, Luis Videgaray se apuntó una victoria en el sector diplomático mexicano al promover una ley de pensiones con la que los profesionales de la política exterior verán mejorar sus ingresos cuando se retiren.

En fin, así llegamos al final de un sexenio cuyas expectativas en política exterior no se cumplieron.

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