La popularidad del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se ha erosionado en gran parte debido a su manejo de varias crisis de seguridad importantes, algunos de los cuales se extendieron a partir del 2014. Estos eventos incluyen la desaparición y probable asesinato de 43 estudiantes a manos de un grupo criminal con profundos lazos con el gobierno local y la policía; la masacre aparente de al menos 22 presuntos delincuentes por parte del ejército mexicano y la dramática fuga de Joaquín el Chapo Guzmán de una prisión de alta seguridad en junio, apunta la Fundación InSight Crime.

En el informe Game Changers 2015 , el equipo de InSight Crime revisó las tendencias del crimen organizado en las Américas, en el que observan que, de México a Brasil, numerosos funcionarios fueron criticados por el establecimiento de esquemas mafiosos que defraudaron a sus ciudadanos y aseguraron la impunidad.

Los resultados a largo plazo de la protesta generalizada de los organismos multilaterales, organizaciones no gubernamentales, sector privado, organizaciones políticas y grupos religiosos y cívicos diseñados para interrumpir estas redes criminales aún no están claras, pero el impacto a corto plazo ha sido profundo.

México reportó un descenso en los homicidios en algunas partes del país; sin embargo, en el 2016 y pese a los deseos gubernamentales de contar con un borrón y cuenta nueva, no será fácil desprenderse de los episodios más destacados en materia de inseguridad.

A más de un año de la desaparición de los 43 jóvenes, las posibilidades de búsqueda para los investigadores parecen más escasas que nunca. Por otro lado, mientras las autoridades han reportado haber estado cerca de recapturar al Chapo Guzmán, el barón de las drogas sigue siendo un objetivo difícil de alcanzar. Como tal, la pesadilla sobre seguridad de Peña Nieto parece que va a continuar .

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