La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) informó que mientras en el 2007 se contabilizaron 1,002 asesinatos de niños y adolescentes en nuestro país, 10 años después, es decir, en el 2017, la cifra se incrementó a 2,858 jóvenes menores de 19 años que perdieron la vida en hechos violentos ligados al crimen organizado.

Estos datos forman parte del estudio Niñas, Niños y Adolescentes Víctimas del Crimen Organizado, que fue presentado por el primer visitador de la CNDH, Ismael Eslava Pérez.

“La gravedad y la saña del ataque denota el nivel de riesgo en el que se encuentran muchas regiones del país, donde miles de personas están expuestas a la violencia criminal que parece no tener fin y que requiere de la intervención de los tres niveles de gobierno”, alertó.

El primer visitador mencionó que hechos como el asesinato de nueve personas de la familia LeBarón, entre ellos seis niños, en la frontera entre Sinaloa y Chihuahua, no pueden volver a repetirse y por ello el gobierno actual debe adoptar medidas urgentes para proteger a la niñez y la adolescencia del impacto de la delincuencia.

Mencionó que del 2015 al 2018, los estados de Chihuahua, Zacatecas, Michoacán, Guerrero y Baja California son los que registran mayor número de homicidios contra menores de 18 años.

Por su parte, la integrante del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Elisa Ortega, planteó que “el primer desafío que enfrenta la niñez y la adolescencia en el contexto del crimen organizado es mantenerse con vida en un entorno de violencia letal (enfrentamientos) por parte de instituciones de Estado y particulares”.

El estudio presentado refiere que las personas menores de 18 años que coadyuvan en las diversas tareas del crimen organizado se ven envueltas en diversos tipos de violencia para quedar bien con el jefe o, en su caso, evitar que les hagan daño.

“En ese sentido, la incorporación de los niños, las niñas y los adolescentes a esos grupos delictivos tiene dos caras. Por un lado, hace posible que puedan destacar como líderes y, por otro lado, hace que corran el riesgo de quedar atrapados en ese contexto de criminalidad, lo que hace que su vida se encuentre en un constante círculo de violencia”, aseveró el estudio.

En el documento se mencionó también que las pandillas formadas para cometer ciertos actos delictivos pueden ser consideradas como el escalón inicial para acceder al crimen organizado.

Las pandillas se forman por grupos pequeños de adolescentes, aunque también en ocasiones buscan a niños y niñas para que se integren, y es posible que sufran maltrato emocional y su conducta sea de baja autoestima, inmaduros, solitarios, con dificultad para manejar sus emociones.