¿Algo no sale bien en el trabajo y con frecuencia te exaltas y gritas? ¿No confías en tus capacidades y piensas que todo te sale mal? ¿Te pones nervioso cuando tienes una junta en el trabajo con clientes o proveedores y quieres salir corriendo? Inhala y exhala: el chimpancé que habita en ti se impone ante el humano racional que debes ser.

Steve Peters, psiquiatra y profesor titular de la Universidad de Sheffield, describe que en la mente de las personas conviven dos personalidades muy diferentes: el humano y el chimpancé. El chimpancé es la máquina emocional que todos tenemos: saca conclusiones rápidas, no espera a que llegue toda la información y puede basar sus decisiones en meros sentimientos o impresiones , explica en su libro La paradoja del chimpancé.

Por el contrario, el cerebro humano empieza a analizar lo que está pasando mediante el establecimiento de los hechos y buscando evidencias; está abierto a nuevos datos y tiene la capacidad de cambiar su forma de pensar y entender el punto de vista de otros.

El propósito del chimpancé es la supervivencia; mientras que el del ser humano es realizarse, convertirse en la persona que se quiere ser y conseguir las cosas que se desea alcanzar , explica el autor. El humano se rige por las normas y leyes sociales, mientras que el chimpancé responde a la ley de la selva: cuando se siente amenazado activa una respuesta automática de lucha, huida o inmovilidad.

NO LO ATES, GESTIÓNALO

El simio es emocionalmente cinco veces más fuerte que el humano, por lo tanto hay que aprender a gestionarlo si se pretende ser la persona que uno quiere.

El primer paso, según Steve Peters, es identificar quién está al mando. La regla de oro es que siempre que tengas sentimientos, pensamientos o conductas que no quieras o no te gusten, es tu chimpancé el que ha tomado control de ti.

El segundo paso es entender el proceso fijo que recorre la información cuando entra en nuestra mente: Primero pasa por el chimpancé. Es él quien decide si hay algo por lo que debamos preocuparnos o exaltarnos. Si no hay nada, entonces la situación queda en manos del humano , explica el libro.

La tercera clave es no controlar al chimpancé, sino gestionarlo, dándole lo que necesita para que esté en disposición de razonar. El autor escribe: Si tienes un chimpancé agresivo y dominante, hacer algo tan sencillo como practicar algún deporte puede ser una manera socialmente aceptable de satisfacer ese impulso primitivo de conducta dominante .

EL TERCER ELEMENTO

Hay un tercer elemento que también vive en la mente de las personas: el ordenador. El autor lo asemeja a un disco duro vacío que de manera consciente o inconsciente el chimpancé y el humano van llenando con conductas, creencias y experiencias.

Peters advierte que el humano no sólo tendrá que lidiar con el chimpancé, sino con los cuatro elementos que integran al ordenador: el piloto automático, el duende, el trasgo y la piedra de la vida.

El piloto automático es una creencia o conducta útil; por ejemplo: mantener la calma cuando algo va mal, concentrarse en la solución en lugar de los problemas, organizarse y disciplinarse. El duende es una creencia inútil o destructiva que se puede eliminar; entre ellas están la frustración, la ira y la depresión. El trasgo es una creencia o conducta inútil o destructiva muy arraigada, por ejemplo comentarios que alguien te hizo durante la infancia: eres un cobarde , nunca haces algo bien . La piedra de la vida contiene los valores y las creencias en función de los cuales una persona vive su vida. Tanto el humano como el primate toman al ordenador como un banco de datos y recurren a él para tomar cualquier decisión. El reto es no dejar que el duende del ordenador aconseje al chimpancé, porque entonces harás o dirás cosas de las que puedes arrepentirte después.

salvarez@eleconomista.com.mx

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