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Visita de Díaz Ayuso

Opinión
Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, aterrizó en la Ciudad de México con el objetivo de “conquistar” simpatías en el corazón de México, consolidar su perfil de líder internacional, ampliar sus dominios ideológicos de ultra derecha, así como a tender puentes con las élites económicas que ven en Madrid un refugio seguro. Sin embargo, lo que pretendía ser una marcha triunfal terminó en un naufragio diplomático en las aguas, siempre turbulentas, de la política mexicana.
La “conquista” de Ayuso encalló antes de tocar puerto por un error de cálculo fundamental: Confundir la cortesía diplomática con la validación de su agenda revisionista. La delegación madrileña esperaba que el discurso de la “libertad” frente al “populismo” resonara con fuerza, pero no contó con que, en el México de 2026, la figura de Hernán Cortés no es un símbolo de unión, sino un nervio expuesto que la sociedad civil no está dispuesta a dejar que se toque sin réplica.
El epicentro de la debacle de la gira de Díaz Ayuso en México fue el polémico y fallido homenaje a Cortés en la Catedral Metropolitana, que debía ser el gran acto de lucimiento, pero se convirtió en el iceberg que hizo naufragar su expedición de “conquista”. La intención original era celebrar una misa titulada “Celebración por la Evangelización y el Mestizaje en México: Malinche y Cortés”, impulsada por la producción del musical de Nacho Cano.
Lo que para la comitiva madrileña era un acto de “hermandad”, para la sociedad civil mexicana fue la chispa que incendió la “nave conquistadora” de la presidenta de la Comunidad de Madrid. La movilización de colectivos indígenas y organizaciones de la sociedad civil que se congregaron frente a la Catedral Metropolitana con consignas como: “El genocidio no se bendice” y “No es fe, es propaganda colonial”, fue el primer síntoma de que la “conquista” de simpatías había fracasado antes de empezar.
El deslinde de la Iglesia también contribuyó al “naufragio” de Díaz Ayuso. Ante el riesgo de un escándalo mayor, la Arquidiócesis Primada de México canceló abruptamente el evento programado. A través de un comunicado tajante, la Iglesia aclaró que la eucaristía “no es un acto simbólico para exaltar personas o hechos históricos” y que la producción de Nacho Cano (exintegrante del grupo español Mecano) no contaba con los permisos de grabación necesarios.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, desmanteló el intento de idealización de Hernán Cortés por parte de la presidenta de la Comunidad de Madrid recurriendo a la propia corona española. Recordó que no es solo la izquierda mexicana cuestiona al conquistador, sino que el propio Rey Carlos V (Carlos I de España) terminó descalificando y marginando a Cortés.
Sheinbaum calificó la reivindicación de Cortés como una muestra de “ignorancia histórica”. Con base en datos históricos, rememoró que, tras la caída de Tenochtitlán, la Corona española, temerosa del poder absoluto y las arbitrariedades de Cortés, le retiró el mando político de la Nueva España, lo sometió a “juicios de residencia” y le prohibió volver a la capital de los aztecas, dejándolo morir en un ostracismo relativo en España.
Este dato dejó a la delegación madrileña en una posición incómoda, ya que, Ayuso intentaba defender en México a un personaje que la propia monarquía española del siglo XVI ya había desautorizado por sus excesos. La presidenta de la Comunidad de Madrid no tomó en cuenta que México es una nación con una soberanía emocional muy definida y que, al intentar utilizar la figura de Cortés como ariete político, no solo no ganó aliados, sino que logró lo impensable: Unificar a sectores muy diversos de la sociedad mexicana en un rechazo unánime a su visión de la historia.
El propio presidente español, Pedro Sánchez, desde la península ibérica, calificó la gira de Díaz Ayuso como un espectáculo que daba “vergüenza ajena”. Además, diversos sectores de la izquierda española y grupos de la sociedad civil madrileña enviaron cartas a Sheinbaum pidiendo perdón por lo que consideran un “bochorno institucional”.
Frente a las críticas y rechazo de amplios sectores políticos y sociales de México, la visita de la presidenta de la Comunidad de Madrid, que originalmente contemplaba diez días de actividades incluyendo una parada en Monterrey y la asistencia a la gala de los Premios Platino en Cancún, se desmoronó como un castillo de naipes al ser suspendida después de cinco días.
Isabel Ayuso -después de pasar varios días de vacaciones en el sureste mexicano- regresó a Madrid denunciando un boicot, pero un análisis objetivo de su visita a México, indica que su proyecto “naufragó” por exceso de soberbia y falta de contexto. No se pueden conquistar simpatías en una casa ajena ignorando las heridas de sus habitantes.
Al final, la “conquistadora” -invitada a México por gobernadores, alcaldes, líderes religiosos y empresarios de derecha- se fue sin tesoros y con menos aliados de los que traía. En el tablero internacional, la ideología puede abrir puertas, pero solo la prudencia y el respeto logran que no se cierren de golpe. Y en México, a Isabel Díaz Ayuso, las puertas le dieron un portazo que se escuchó a ambos lados del Atlántico.
El “mestizaje” que Ayuso pretendía celebrar quedó opacado por un “desencuentro” que será recordado como una lección de lo que sucede cuando la ideología ignora la soberanía de la memoria.