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Visas y manipulación política

Opinión
Urge que en México los políticos hablen y se conduzcan con sensatez. Por más alta que sea la tribuna donde hacen uso de la palabra, deben apegarse a la razón y expresar argumentos serios.
De manera manipuladora, actores políticos progobierno, se arrebatan la palabra para defender a una persona que nos anuncia que le ha sido retirada su visa de entrada a los Estados Unidos. Una carta, ridículamente redactada, contiene advertencias y descalificaciones a funcionarios norteamericanos. A quién le fue retirada su visa, no es un representante popular, no es gobernador, no es alto funcionario de gobierno estatal o federal; entonces ¿Qué trascendencia puede tener para el resto de los mexicanos si le retiran su visa o le dan la nacionalidad norteamericana?
El aludido nos quiere hacer creer que puede deambular por el mundo con todos los privilegios a su disposición: desplazar a líderes de su partido para ocupar un cargo importante y renunciar a dicho cargo con resultados obtenidos de desastre para ese partido; pasear por el mundo y hospedarse en los lugares más caros y consumir en restaurantes exclusivos o entrar a tiendas lujosas, sin que explique con qué recursos solventa esos gastos, pues no se le conoce trabajo alguno en su vida.
¿Toda esa excentricidad debe tolerarse? Además, nos condenan a aceptar que tiene dones extraordinarios para ser legislador por lo que pisoteando la ley y a la vista de las autoridades electorales recorre las calles para invitar a que cuando sea el momento voten por él y consiga el anhelado fuero. Se promociona para legislador y apenas estamos por empezar el tercer año de la actual legislatura federal.
Desde la presidencia de la República se lanzan consignas para aludir a la soberanía nacional y autodeterminación de México, que corren el riesgo de ser mancilladas con ese trámite administrativo de retiro de visa. Esa determinación se requiere para el momento de negociar el T-MEC o para defender los derechos de nuestros paisanos indocumentados.
La visa es una autorización previa solicitada por quien desea ingresar a un país ya sea por turismo, negocios, estudios, atención médica especializada o trabajo, una vez cumplidos los requisitos migratorios que el país respectivo establece. No debe ignorarse de que tener visa no garantiza la entrada a ese país, la última palabra la tiene el oficial de migración en el punto de ingreso. Así sucede en todos los países del mundo. México de igual manera otorga visas a nacionales de diversos países para que puedan ingresar y transitar libremente por su territorio.
El Departamento de Estado norteamericano anunció, (El País 11/agosto/ 2026), que canceló 175,000 visas de enero de 2025, al inicio del segundo mandato de Donald Trump, a agosto de este año. Esas cancelaciones se hicieron por estar relacionados sus titulares, con distintos delitos, por incumplimiento de las condiciones de las visas, llamados a la violencia y cuestiones de seguridad nacional, por agresiones sexuales, abuso infantil, malversación de fondos y fraudes, entre otros motivos; incluso, por razones de política exterior.
Si un particular cae en algunos de esos motivos y se le retira la visa, no puede alegar persecución política. Es una decisión soberana del país que le otorgó el documento de entrada.
No permitamos que la manipulación política se pasee en nuestro ambiente. Los intereses del país son unos y las necesidades de nuestros políticos otros. México es soberano: elabora sus propias leyes, administra sus recursos sin subordinación ni interferencias de potencia extranjera alguna. Si una conducta individual atenta contra los intereses de otros países y por ello es sancionado, que eso no se nos venda como persecución o injerencia extranjera, y mucho menos entorpezca nuestras relaciones bilaterales con un socio comercial con quien tenemos 3 mil kilómetros de frontera.

