Lectura 3:00 min
Revocar o ratificar

Ezra Shabot | Línea directa
Desde sus orígenes el tema de a Revocación de Mandato tuvo un objetivo claro. Meter al presidente en turno a la boleta electoral para darle legitimidad a la utilización de fondos públicos y de esa manera garantizar la existencia de un partido de Estado. Pero para un populista obsesionado con el poder como López Obrador, este instrumento de consulta pública podría llegar a ser el arma perfecta contra la posible insubordinación de su sucesora.
Sin embargo durante su sexenio, AMLO fue incapaz de conseguir la mayoría parlamentaria necesaria para forzar la inclusión de la Revocación de Mandato en las elecciones intermedias. En una democracia presidencialista, el referéndum que pudiese remover al jefe de Estado es una prerrogativa fundamentalmente de la oposición para intentar rectificar la decisión ciudadana emitida con anterioridad.
Pero en esta ocasión la insistencia por incluir este mecanismo de consulta en los comicios del próximo año,se basa en la urgente necesidad de permitir a Sheinbaum ser la cabeza de las campañas de gobernadores y diputados para controlar las disputas internas de Morena, y simultáneamente mover el aparato de gobierno en beneficio de su partido, anulando así prácticamente la presencia de la oposición en la Cámara de Diputados, al mismo tiempo que le proporciona una ventaja ilegítima a los candidatos oficiales a las distintas gubernaturas en disputa.
Para sus aliados externos —PT y Verde— la sola presencia de la presidenta en la boleta puede representar un mecanismo de concentración del voto tal, que los llevaría a desaparecer por la enorme fortaleza que representaría la campaña abierta de Claudia. En el mejor de los casos los dos partidos apéndice de Morena pudiesen permanecer en la Cámara de Diputados, pero sin fuerza política alguna al contar Morena con la mayoría calificada necesaria para no depender de ellos.
En cualquier democracia representativa la intervención del Presidente en las elecciones es vista como legítima, ya que es una parte inseparable del resto de las instancias de poder en disputa. Pero en el caso mexicano la intervención del jefe de gobierno implica la posibilidad real de movilizar grandes cantidades de dinero de las arcas nacionales para asegurar el triunfo de su partido.
Es cierto que las elecciones se ganan con dinero y más dinero. Por eso es indispensable regular de forma efectiva el flujo de efectivo y transferencias, que fue el punto débil de todas las reformas electorales que intentaron apuntalar la incipiente democracia mexicana.
Hoy, eso es historia de un proceso destruido por la 4T en su intento por reconstruir el régimen de partido único, que por lo pronto no ha podido armar instituciones que lo sostengan como consecuencia, entre otras cosas, de la enorme torpeza política de sus dirigentes. Así, mientras el país vive en una incertidumbre constante, la clase política gobernante busca como asegurar su permanencia en el poder a cualquier costo.

