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La promesa y el destino

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OpiniónEl Economista

Rodrigo Perezalonso

AT&T llegó a México en 2014 después de la reforma de telecomunicaciomes con la chequera abierta: 2,500 millones de dólares por Iusacell, 1,900 millones por Nextel y, según sus propias cifras, más de 10,000 millones invertidos en red durante una década. El martes anunció que se va por 2,000 millones. Por cada dólar que metió al país sale con unos 14 centavos. Esa cifra explica la compra de Televisa mejor que cualquier comunicado.

El negocio que adquieren Televisa y Fintech, el vehículo de David Martínez, alcanza 24.7 millones de líneas, el segundo operador móvil del país e ingresos de 85,400 millones de pesos en 2025. Pero la utilidad de operación fue de 1,400 millones, un margen de 1.6 por ciento. AT&T facturaba mucho y ganaba casi nada, y la razón no está en Telcel sino en Hacienda.

Según el último estudio del extinto IFT, AT&T destinaba 17.3 por ciento de sus ingresos a pagar derechos de espectro; Telcel, 5.7. El propio regulador calculó que la empresa pagaba 7,528 millones de pesos al año por ese concepto, más de cinco veces su utilidad operativa. México cobra el espectro mediante derechos anuales y no con un pago único en licitación, y en 2021 ese esquema dejó desiertos 38 de 41 bloques. Telefónica devolvió todas sus frecuencias y se montó en la red de AT&T; el Estado dejó de recibir 4,500 millones al año. El Representante Comercial de Estados Unidos lo consignó este año como barrera a la competencia. AT&T no perdió contra Slim, perdió contra la Ley Federal de Derechos.

¿Qué gana Televisa? Precio: paga menos de la mitad de lo que AT&T desembolsó por armar el activo. Escala: izzi tiene 5.7 millones de suscriptores de banda ancha y apenas 820,000 clientes móviles como operador virtual; sumar 24.7 millones de líneas le da la única oferta fijo-móvil con red propia fuera de América Móvil. Estructura: cada socio pone la mitad, la deuda es sin recurso y la inversión no se consolida; S&P ya dijo que es neutral para su calificación.

El costo también es claro. Televisa pone unos 400 millones de dólares que obtuvo emitiendo convertibles por 19.5 por ciento de su capital, suscritos sobre todo por Fintech. Al convertirse, Martínez tendrá cerca de 22 por ciento de Televisa y más de 60 por ciento de la exposición económica a AT&T México, según Valmex. Televisa suspendió el dividendo y Moody's la tiene en Ba1. El comprador real es David Martínez; Televisa es el operador y la marca.

Falta el costo que nadie controla, el riesgo político y el regulatorio. La CRT y la Comisión Nacional Antimonopolio tienen una oportunidad que no deberían desperdiciar. La operación fortalece al rival del preponderante y merece aprobarse, pero con dos condiciones. Primera, que la red de AT&T siga abierta en términos no discriminatorios a Movistar y a los operadores virtuales que hoy viven de ella; de otro modo, el mercado pasa de tres redes a dos cerradas. Segunda, un compromiso verificable de cobertura 5G y de participación en las próximas licitaciones de espectro, que es justo donde AT&T dejó de aparecer.

A cambio, Hacienda debe hacer su parte antes del cierre en 2027: publicar los descuentos a derechos que la CRT prometió y abrir la discusión de un esquema de pago único por licitación, como en el resto de la OCDE. Si el Estado aprueba la compra y deja intacta la trampa fiscal, dentro de diez años escribiremos esta misma columna con Televisa en el lugar de AT&T, y el segundo operador de México habrá cambiado de dueño sin cambiar de destino.

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