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No es la primera vez en el absurdo

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
La oscuridad no existe, la oscuridad es en realidad ausencia de luz. Albert Einstein
Contenidos, retención de silencios, agotamiento de esperar sin razones, pensamientos en fuga, son algunos de los cuestionamientos al caer el día a día, en las noches de insomnios recurrentes, sin la algarabía de otros tiempos, porque conciliar el sueño se ha vuelto una asignatura pendiente, entre la confusión y las respuestas en tregua.
Argumentos ahora para llamar a cuentas a un sin número determinado de responsables, entre la inevitable quiebra de Petróleos Mexicanos, la falta de liquidez en la Comisión Federal de Electricidad y las interrogantes de lo que se está haciendo a favor de esa agua que llega de repente a cuenta gotas a todas partes.
Unos cuantos disfrutan de las mieles de los excesos en el pasado reciente, lo político se mezcla con la incertidumbre de conocer hacia adonde vamos, a poco más de un mes de ese grito con dolores, porque cada quien festeja a su manera, entre la recurrencia de la simulación.
Somos un país que adolece de retratar en serio su realidad, la satisfacción del deber cumplido no está más en ese aparador de las causas perdidas, pareciera ser que el inulto ocupa la atención, y la rendición de cuentas es materia para resguardarse cada seis años con sigilo, con mecanismos poco claros ante una sociedad en queja.
En las prioridades no están enlistadas las verdaderas preocupaciones, ese desempleo que galopa, las oportunidades que cada vez escasean más para los que se preparan con ahínco, aquellas y aquellos en el deber de las universidades, donde un título ya no es argumento para ocuparse en la vida laboral, sin aspirar a desarrollar los conocimientos adquiridos, sino a la espera de ese pago quincena tras quincena, que está comprometido por deudas para solventar lo necesario.
A estas alturas, cuando hemos rebasado por ambos flancos el sexto piso, no importan tanto las referencias del absurdo, sino las respuestas a un mensaje que es leído; no nos interesa si los días son claros con el sol a cuestas, o las lluvias intensas nos permiten la movilidad de las horas consideradas para el retorno a casa, porque hay otras alternativas en el tintero de lo posible.
Vivimos momentos extendidos de incertidumbre económica sin duda alguna, pocos hablan y se escribe menos de los precios de la cebolla o el tomate o jitomate; el aguacate de exportación con medidas de restricción por los Estados Unidos, los precios al alza del petróleo por la guerra que continúa con Irán, o la catástrofe de ayer lunes en Colombia, país que apenas el viernes pasado cambió de dirección hacia la derecha, en la confrontación entre quien se fue y quien llegó al poder.
El desgaste por llamar a cuentas al pasado es también un absurdo, en las pretensiones de los desvaríos, con la carga de negaciones de empresas fantasmas, o la duda entre exámenes aplicados y la recurrencia de la inteligencia artificial no regulada, vamos hacia el sospechoso barranco de las lamentaciones.
Los pendientes de repente son todos a la vez, al mismo tiempo concurren en el pensamiento lo que hemos dejado de hacer, hasta atrás van quedando textos escritos en la razón, entre conflictos de intereses y exhibiciones ridículas de algunos actores del reparto político, tratar de armar el otro rompecabezas, sin la suerte y sin mediar la narrativa del tiempo que burla los distractores, somos parte del sonido de la historia sin gritos.
Vamos en la huella del pasado lastimoso o no, de lo que consideramos se nos oculta, pero también en la entrada de la respectiva exhibición de las desapariciones, tema por demás complejo y complicado, que no pocos duermen con esas pesadillas sin cuentas por cumplir.
ENTRE LÍNEAS
Con el regreso a clases, en un ciclo escolar por inaugurar, los costos de los libros, cuadernos y uniformes están en esas alturas de un poder adquisitivo difícil, donde la familia tiene que priorizar quien sí continúa, y quien debe hacer una pausa; a pesar de las becas que ayudan un tanto.

