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Petroleras: el barril caro de 2026 y la incógnita de 2027

Opinión
Las acciones petroleras hoy se mueven por una sola pregunta: cuánto costará el barril en 2027. Los reportes del tercer trimestre, que empezarán a publicarse a finales de octubre, tienen poco que aportar a esa respuesta. La mayoría mostrará cifras por debajo del segundo trimestre porque el Brent, referencia internacional del crudo, promedió 91.3 dólares por barril entre julio y septiembre, apenas 5.6% menos que los 96.7 de abril a junio. Es una baja menor que el mercado ya tiene descontada.
En el caso de las integradas, como Exxon y Chevron, que además de extraer crudo lo refinan, los resultados podrían ir por caminos distintos. En Exxon, nuestros estimados apuntan a ingresos apenas por debajo del segundo trimestre, con una baja cercana a 4%, y a un margen EBITDA estable, alrededor de 26 por ciento. Chevron enfrentaría más presión: sus ingresos podrían retroceder entre 10 y 15% y su margen neto estrecharse cerca de dos puntos.
Las empresas que se dedican sobre todo a extraer, como ConocoPhillips y Occidental, son las más expuestas al precio del crudo. En ConocoPhillips estimamos ingresos entre 8 y 9% por debajo del segundo trimestre y un margen EBITDA más apretado, que pasaría de alrededor de 51% a cerca de 48 por ciento.
Vista es un caso aparte. Aunque sus ingresos podrían caer alrededor de 11%, su margen EBITDA tendría espacio para ampliarse de 65 a cerca de 70%, reflejo de una empresa que todavía está en etapa de crecimiento.
El dato que nos parece más revelador está en la deuda. Al ritmo de pago que llevan estas empresas, hacia el primer semestre de 2027 su deuda neta podría reducirse a la mitad o más frente a los niveles de 2026, mientras se esperaría que la inversión se mantenga estable. Es una industria que usa la bonanza para fortalecer su balance y prepararse para precios más bajos.
El cuarto trimestre arranca con otra cara. El Brent cotiza alrededor de 107 dólares, 17% arriba de su promedio del II Trim., presionado por el riesgo en Ormuz y por el costo de los fletes: mover un barril del Golfo Pérsico a Asia cuesta más de 6x que antes del conflicto. Y el crudo que se entrega de inmediato se paga todavía más caro, señal de que el mercado real está más apretado de lo que refleja el precio de referencia.
Nuestra visión para 2027 es de normalización: esperamos que el Brent promedie entre 75 y 85 dólares. Los precios altos de este año empujaron a muchos países a buscar alternativas, y ese ahorro no desaparece cuando el barril se abarata. La demanda mundial cerraría 2026 con una caída de 2.6 millones de barriles diarios frente a 2025 y, aun con una recuperación parcial, en 2027 seguiría 0.6% abajo de ese nivel.
Del otro lado, la OPEP produce alrededor de 20% menos que antes de la guerra, y para 2027 se espera que la oferta mundial crezca 7.7 millones de barriles diarios frente a 2026, casi 4x lo que se recuperaría la demanda.
No esperamos, sin embargo, un regreso a los 67 dólares que promediaba el Brent antes del conflicto. Los inventarios mundiales están 509 millones de barriles por debajo de su nivel de finales de febrero, antes de la guerra, y los almacenados en tierra están en su punto más bajo desde al menos 2016.
Además, se espera que el diésel siga escaso durante buena parte de 2027, y reponer esos inventarios mantendría firme la demanda de crudo. El mayor riesgo al alza sigue en Washington: hacia adelante, buena parte del precio dependerá de lo que decida Estados Unidos frente a Irán.
Para las acciones, buena parte de esa normalización ya está en los números. Nuestros estimados contemplan que, hacia mediados de 2027, la utilidad por acción de estas petroleras podría ser entre 16% y 22% menor que en el tercer trimestre de este año. Vista sería la excepción: al seguir aumentando su producción, compensaría buena parte del menor precio y su utilidad se mantendría cerca de los niveles actuales. Lo que podría tomar por sorpresa al mercado es la velocidad con la que llegue ese ajuste.
En las integradas hay otro factor. La refinación tuvo márgenes muy altos en el tercer trimestre por la escasez de gasolina y diésel, pero no damos por hecho que se repita. El encarecimiento de los fletes ya redujo esos márgenes en Europa y Asia, donde Exxon tiene refinerías importantes, y solo en Estados Unidos se mantienen en máximos.
Las propias petroleras actúan como si esperaran un barril más barato: pagan deuda y no aceleran su inversión. Más allá de cuándo termine el conflicto, queda una duda de fondo. Cuando el petróleo vuelva a los precios que tenía antes del conflicto con Irán, ¿el mundo retomará el ritmo de consumo de principios de año o ya habrá encontrado cómo depender menos de él?