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Opinión

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Por un nuevo #PGD

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Lucía Melgar | Transmutaciones

Lucía Melgar

El 10 de abril se cerró la consulta ciudadana acerca del nuevo Plan General de Desarrollo para la Ciudad de México (PGD), documento que establece lineamientos para el desarrollo capitalino a 20 años. Todo estaría muy bien si el PGD fuera un documento coherente e integral, basado en un diagnóstico incluyente orientado hacia el desarrollo sostenible y ordenado de la Cd.Mx. y si, en efecto, la consulta hubiera sido precedida por una amplia campaña de información y hubiera resultado tan plural y transparente como presumieron las autoridades en una conferencia de prensa. Desafortunadamente, en la ciudad “de los derechos humanos” y la multiplicación de “utopías” (según la propaganda oficial), nuestro derecho a la ciudad, a una participación real y efectiva en la determinación del presente y futuro de “nuestra casa común” están amenazados y se verán seriamente limitados si se implementa el actual proyecto de PGD.

En este documento, en efecto, hay claros huecos legales y conceptuales en tanto, por ejemplo, no toma en cuenta la autoconstrucción, ni el sistema de cuidados (cuya ley se está elaborando) ni el sistema educativo, y, en cambio, claramente se orienta a favorecer a  grandes intereses inmobiliarios en colusión con autoridades locales (de las alcaldías al menos).Peor aún, ni siquiera se basa en un diagnóstico serio con participación de  especialistas en urbanismo, movilidad y sustentabilidad, sectores académicos, empresariales, organizaciones civiles y comunitarias. Hacer un diagnóstico es indispensable para elaborar una política pública acorde con el contexto y con los problemas que se quieren resolver. En este caso, tal diagnóstico no existe. 

Por otra parte, consultar a la ciudadanía sin exponerle antes, de manera clara y comprensible, qué se pretende hacer, por qué y cómo afectará su vida cotidiana en los próximos años y décadas es torcer el sentido de la participación ciudadana. Preguntar, como se hizo, “¿cómo sueñas tu ciudad?” puede servir para analizar la ciudad ideal que todos quisiéramos, no para determinar si una mayoría informada está de acuerdo con la “redensificación” de numerosas zonas, que supone la construcción de más desarrollos habitacionales (muchos, de lujo) con la consiguiente escasez de agua, servicios y una movilidad cada vez más imposible.

La ausencia de diagnóstico, de una participación ciudadana amplia desde el inicio y de una consulta real, debería ser suficiente para retirar el actual PGD, incluso reformado con las propuestas derivadas de la “consulta”.  Si consideramos además las fallas, vacíos legales y propuestas autoritarias como la creación de Casas de Gobierno que en la práctica podrían remplazar a las alcaldías (electas) y a los representantes comunitarios (COPACOS, electos) y facilitar la imposición de decisiones gubernamentales mediante funcionarios designados y consultas a mano alzada, es evidente que la única salida democrática es reponer todo el proceso, tal como lo han solicitado organizaciones de todas las alcaldías (respaldadas por cuando menos 10,000 firmas). 

La jefa de Gobierno, que se precia de responder a la sociedad y ha condenado la gentrificación, tiene la oportunidad de demostrar su compromiso democrático: en vez de enviar al Congreso un PGD que promoverá un desarrollo devastador, podría solicitar al instituto de Planeación que haga bien su trabajo y convoque a un diagnóstico especializado. 

La deriva autoritaria inscrita en el PGD es tanto más preocupante cuanto se han multiplicado este año medidas arbitrarias que afectan el mapa de la ciudad, como súbitos cambios de códigos postales y de nombres de colonias aledañas o incluidas en zonas patrimoniales protegidas por programas parciales, así como desproporcionados aumentos de predial en zonas de nivel alto-medio y bajo. ¿Acaso se está reconfigurando la ciudad para recortar las zonas patrimoniales protegidas? ¿Se pretende exprimir a quienes habitan zonas de nivel alto y medio y expulsar a quienes habitan zonas de nivel medio y bajo para favorecer a intereses inmobiliarios?  

La Ciudad no debe ser negocio de unos cuantos.  Defendamos el derecho a la ciudad y a un futuro sostenible.

Lucía Melgar

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).

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