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Opinión

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México, entre el progreso y la destrucción de su biosfera

Jaime Cervantes Covarrubias

Jaime Cervantes Covarrubias

México enfrenta una crisis medioambiental que amenaza su biodiversidad y la calidad de vida de sus habitantes. Según el Índice de Riesgo Climático Global 2024, nuestro país se encuentra entre los más vulnerables a fenómenos como sequías, huracanes y desertificación. Esta situación no es fortuita; es el resultado de decisiones gubernamentales y prácticas empresariales que han priorizado el desarrollo económico capitalista sin considerar el impacto ambiental y también social.

Lo anterior exige hablar de los desafíos ambientales que enfrentamos frontalmente, son numerosos y requieren atención inmediata.

Uno de ellos que me preocupa cada día más es el estrés hídrico, hay escasez de agua. Más del 70% del territorio nacional sufre estrés hídrico severo, y la desertificación avanza sin freno en el norte del país. Monterrey, una de las principales ciudades, ya enfrenta cortes recurrentes de agua. Imagínense ahora otras ciudades en condiciones de marginación social, política y económica. Los expertos alertan que, en menos de una década, la demanda de agua potable superará la oferta.

Otro más es la deforestación no regulada y la pérdida de biodiversidad asociada a estos actos de negligencia y que muchos de ellos se encuentran en manos del crimen organizado. Michoacán es una muestra deprimente del asunto así como el Estado de México. Entre 2001 y 2020, nuestro país perdió más de 1.3 millones de hectáreas de bosque. Las reservas como Calakmul y Sian Ka’an, esenciales para la biodiversidad, están siendo devastadas por actividades humanas sin control.

También podemos hacer mención a la fuerte dependencia de las energías fósiles. Nuestro país puede ser potencia mundial en materia de energías limpias, sin embargo, el 66% de nuestra energía sigue dependiendo de combustibles fósiles, acelerando el cambio climático y desaprovechando oportunidades de desarrollo sostenible.

Por otro lado tenemos un turismo depredador. Lugares como Tulum o Cancún sufren una expansión hotelera desmedida que destruye ecosistemas frágiles, incrementa la contaminación y desplaza comunidades.

Por último, siendo enunciativo más no limitativo de las tantas situaciones adversas que enfrentamos, quiero hacer énfasis en que se permiten proyectos en áreas naturales protegidas que obedecen a intereses políticos y empresariales cómplices de un ejercicio devastador y en perjuicio de nuestro entorno. El ejemplo más visible sucede en La Paz, Baja California Sur donde el megaproyecto turístico “Kuni” amenaza el Área Natural Protegida de Balandra, poniendo en riesgo ecosistemas sensibles como dunas y especies endémicas. Este desarrollo podría aumentar la población en 157,000 personas, presionando servicios públicos como agua, drenaje y electricidad.

Es momento de parar, ya no más. Hagamos una pausa, reflexionemos sobre este tema con valentía y conciencia soberana, mostremos una autocrítica sincera de las contradicciones gubernamentales y empresariales que lastiman al país. El gobierno y la industria han proclamado su compromiso con la sostenibilidad, pero, varias de sus acciones contradicen este discurso, como lo observamos en los siguientes ejemplos:

  • Tren Maya: Presentado como un proyecto de desarrollo económico, ha causado la tala de más de 8,000 hectáreas de selva y ha puesto en peligro a especies emblemáticas como el jaguar.
  • Desprotección de parques nacionales: Las áreas naturales protegidas han recibido recortes presupuestales que dificultan su conservación efectiva. Calakmul, por ejemplo, enfrenta invasiones de actividades agrícolas y turísticas ilegales.
  • Permisos de construcción discrecionales: Ciudades como la Ciudad de México permiten construcciones fuera de norma, destruyendo barrancas y saturando servicios públicos.
  • Falta de inversión en energías renovables: Mientras países como Chile y Brasil lideran la transición energética, México destina menos del 1% de su PIB a proyectos de energía limpia.
  • Proyectos turísticos en áreas protegidas: El megaproyecto “Kuni” en La Paz, Baja California Sur, amenaza el Área Natural Protegida de Balandra, poniendo en riesgo ecosistemas sensibles y aumentando la presión sobre recursos hídricos ya escasos.

Coyunturalmente se anunció la creación de “Olinia”, el primer auto eléctrico 100% mexicano, lo cuál es materia de orgullo nacional como muestra de la innovación y el muy conocido ingenio mexicano, no obstante, la iniciativa aunque busca brindar una opción de movilidad urbana segura, eficiente y sustentable, al alcance de millones de mexicanos y mexicanas no debiera convertirse en palabra falsa. Deseo que esta vez su implementación sea efectiva y no se quede en un discurso popular. La población merece una movilidad digna, y proyectos como este deben ejecutarse con transparencia, eficiencia y compromiso con la sostenibilidad.

Tenemos una responsabilidad empresarial con la sostenibilidad

Más allá de las acciones gubernamentales, los empresarios y empresarias tienen un papel crucial en la protección del medio ambiente. Las decisiones de negocio deben ir más allá de la rentabilidad económica e integrar el cuidado de nuestra naturaleza como eje central en sus estrategias y actividades cotidianas.

Cada empresa tiene el deber de reducir su huella ecológica, adoptando prácticas basadas en la economía circular; apostar por energías limpias, optimizando procesos para reducir emisiones y consumo de recursos; fomentar proyectos de ecoturismo que preserven los ecosistemas mientras generan empleo y bienestar; y establecer alianzas para restaurar y proteger áreas naturales, compensando los impactos ambientales de su operación.

Las empresas familiares, en particular, tienen una ventaja competitiva por su visión transgeneracional, merece la pena invertir en educación sobre sostenibilidad en ellas. En lugar de maximizar ganancias a corto plazo, pueden liderar iniciativas que aseguren el bienestar para las futuras generaciones, demostrando que sostenibilidad y éxito económico no son excluyentes.

Construyendo un humanismo mexicano sostenible

La reconstrucción del tejido social implica reparar el daño ambiental y dejar de abusar de los recursos naturales. El humanismo mexicano al que aspiramos construir debe estar fundamentado en la responsabilidad socio ambiental como principio rector, siendo un modelo de desarrollo y prosperidad que dignifique a las personas, respete la biodiversidad y autorregular el uso responsable de los recursos naturales sin dejar en estado vulnerable a las nuevas generaciones.

Esta visión exige un cambio profundo en nuestra manera de pensar y actuar. Como líderes empresariales, debemos ser ejemplo de esta transformación, asumiendo nuestra corresponsabilidad con acciones reales, propositivas, reconstructivas y sustentadas hacia el bien común presente y futuro. Solo así podremos garantizar la vida para nuestras infancias y la humanidad.

Las empresas son importantes para la economía nacional y sin personas no hay empresas como lo he expuesto en distintos foros pero, es importantísimo dejar bien claro que sin planeta no habrá personas. ¿No crees?

Te invito a cuidar a México y al planeta con conciencia ecológica plena, en cada acción, decisión y proyecto que emprendas. El desafío es enorme, pero también lo es nuestra capacidad de cambio cuando actuamos en cohesión colectiva, con responsabilidad y visión a largo plazo.

No podemos quedarnos al margen mientras nuestro hogar común se deteriora. Es momento de transformar nuestras prioridades y de entender que el verdadero progreso no está en acumular riqueza, sino en asegurar un futuro digno para quienes vendrán después de nosotros/as.

Si cada quien asume el compromiso de cuidar su entorno inmediato, de exigir políticas coherentes, de innovar en nuestras empresas y de educar a las nuevas generaciones en el respeto por el medio ambiente, aún estamos a tiempo de revertir esta crisis.

Hago un llamado a todas las mexicanas y mexicanos, especialmente a quienes tienen el privilegio y la responsabilidad de liderar, a ser parte activa de esta transformación. Porque al final del día, proteger nuestro planeta no es solo un deber moral, es también el acto más patriótico que podemos realizar.

Abrazo esperanzador en letras.

*El autor es doctorante en Desarrollo Humano, Universidad Motolinía del Pedregal, México; Master en Desarrollo Humano, Universidad Iberoamericana, México; Master ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico, Instituto de empresa, España.

Correo electrónico: jaime.cervantes@desarrollistahumano.com | https://www.linkedin.com/in/jcervantesc | Instagram: @jaimecervantescovarrubias | X: @JCervantesC007

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El autor es Doctorante en Desarrollo Humano, Universidad Motolinía del Pedregal, México; Master en Desarrollo Humano, Universidad Iberoamericana, México Master ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico, Instituto de empresa, España.

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