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México, su creciente informalidad y la poderosa economía “Bisnera”

Luis Bartolini Esparza | Columna invitada
“Pocas o ninguna vez se cumple con la ambición que no sea con daño a tercero”, Miguel de Cervantes.
Nada nuevo bajo el sol, ya Aristóteles consideraba como formas virtuosas o puras de gobierno a la monarquía, la aristocracia y la democracia/Politeia; en contraposición de la tiranía, la oligarquía y la demagogia/oclocracia. En cada caso, además del número de personas que la ejercen, la esencia está en las cualidades del o los líderes y sobre todo que, en las virtuosas, la orientación es hacia el bien común mientras que, en las formas corruptas, se busca el beneficio personal a costa del pueblo. Actualmente, la parte política ya nos queda muy clara, pero ¿podemos hacer un símil para el mundo empresarial? Por ejemplo, ¿entre Emprendedores y Bisneros?, creo que sí.
Información objetiva, medible y comparable hay mucha y puede verse por ejemplo a la luz de los datos difundidos en materia de empleo, como los que se analizan y publican en El Economista por Felipe Morales Fredes, que fotografía en forma clara la situación actual bajo el simple pero certero encabezado “En 2025 se crearon un millón de empleos, todos informales y ocupados por hombres” después de un ejercicio de número netos resultantes (con un 54.6% de informalidad laboral, más de la mitad de la PEA). Otra óptica que puede servir para dimensionar esta situación, es la subsistencia de la utilización de dinero en efectivo en lugar de los distintos medios electrónicos para pagar. De la información publicada por el Banxico o en la ENIF (Inegi-CNBV) se desprende que los promedios de uso de efectivo en transacciones ordinarias andan alrededor del 80% (en algunos casos llega al 95%), y por su parte el IMCO, en un comparativo gráfico internacional nos ubica con notorias diferencias de 4 o 5 veces en uso de efectivo por nuestros principales socios comerciales USA (16%) y Canadá (15%).
El deterioro o eliminación de las instituciones nacionales, las políticas públicas esencialmente proselitistas y de corto plazo, el debilitamiento del Estado de Derecho, la proliferación de ejemplos de corrupción e impunidad en personajes relevantes de la política, la normalización del fenómeno de la extorsión y el endurecimiento de la fiscalización, tienen consecuencias importantes. Gradualmente, impactan a toda la sociedad en general pero particularmente al sector de los agentes económicos formales, para quienes el hecho de tener instalaciones con domicilio conocido, visibilidad física y en medios, reportes de información a autoridades, generación de empleos, etc., implica una mayor exposición a riesgos que suelen volverse no administrables con el consecuente proceso de cierre de empresas y negociaciones. Como efectos negativos, se da la disminución de la base de contribuyentes y mayor presión recaudatoria a los que quedan como cautivos, pérdida de empleos formales, etc. en otras palabras, deterioro estructural de la economía.
Lo anterior, es suficientemente grave pero como suele suceder cuando los sistemas se vician profundamente, se crea el desincentivo de permanecer en la formalidad y un poderoso incentivo de “prosperar” en la informalidad. Fértil campo para la proliferación de ideas utilitaristas y carentes de valor como “el que no tranza no avanza” o “así son las reglas del juego” se tornan en máximas incuestionables, sobre todo cuando son pronunciadas a manera de sentencia por algún personaje notoriamente opulento en una comida o club. La razón, muy fácil ¿qué mejor prueba de éxito puede ser el costo del licor que se bebe, el reloj que se ostenta o el vehículo en que se transporta con su correspondiente cauda de escoltas? Para evitar dudas y que esa diferenciación sea muy notoria, siempre está el recurso de agregar a los ya de por sí bienes de lujo, una orden extra de diamantes y otras piedras preciosas, eso no falla. Si estos alaridos visuales en reclamo de la distinción social de la que se carece se hacen por servidores públicos, el efecto es doblemente pernicioso, no sólo es un mal ejemplo, sino que el mensaje que dan los que representan la autoridad es precisamente que ese es el camino, si se quiere llegar lejos.
Al respecto, existen diferentes modalidades de personajes y actores en este ecosistema de moda, que incurren en distintos niveles de responsabilidad social e incluso jurídica, pero en esta ocasión nos referiremos a una de las especies que se han multiplicado en mayor medida y suelen mezclarse y convivir más fácilmente en sociedad; son los famosos Bisneros. Como corresponde a todas las degradaciones, siempre es de más a menos y la expresión deriva del término en inglés Business personificado en el Business Man u hombre de negocios, pero que en esta mexicanización no se refiere propiamente a los empresarios sino a los que buscan el Bisne, se entiende obviamente que Bisnero es una forma peyorativa y no un reconocimiento.
Según el Boletín 71/25 del Inegi, las empresas se catalogan como Micro (95.5%), Pequeñas (3.7%), Medianas (0.7%) y las Grandes (0.1%), en donde éstas últimas generan el 43% de los ingresos y las primeras sólo el 17.1%; pero todas ellas, así sea un hombre/empresa o una gran corporación tienen en común que invierten patrimonio, tiempo y esfuerzo en un proyecto, asumen riesgos de viabilidad y mercado, generan empleo directa e indirectamente, pueden aportar desarrollo y conocimiento técnico, tienen que lidiar con regulación y autoridades, tributan en menor o mayor medida (ya sea por el pago de impuestos directos o que como producto de su actividad todos inciden en el consumo y pagan indirectos), etc. En suma, eso que hacen aporta valor a la economía cuando se trata de empresas reales.
Por otra parte, el sector Bisnero todavía no refleja indicadores estadísticos, pero al igual que en el supuesto de los Emprendedores, los hay de distintos tamaños, capacidades y complejidad de perfiles, ya que pueden ser personas con altos estudios, inclusive en el extranjero, profesionistas promedio o simplemente cualquier espontáneo que se anime. Igualmente, los volúmenes de negocio que gestionan pueden ser ínfimos o cantidades millonarias. Los Bisneros que destacan suelen ser personas con buenas habilidades de relación social, siempre atentos a cualquier “oportunidad” que puedan escuchar en una charla con un grupo de amigos, en una reunión gremial y por supuesto, en un chat de negocios. Bajo la máxima “la información es poder”, usan expresiones que hacen parecer que tienen varias empresas, que participan en ciertos mercados, que conocen gente clave y en general, que son precisamente la llave estratégica que hará posible que se pueda comprar/vender, prestar/contratar un servicio, entre participantes privados o en una adquisición pública. Sin perjuicio de lo anterior, todos ellos tienen en común que la inversión patrimonial siempre es de terceros, el riesgo de viabilidad lo corren las partes puestas en contacto, no generan empleos, no aportan desarrollo ni conocimiento técnico (comúnmente desconocen la realidad profunda de las actividades que circunstancialmente están promoviendo), no tienen que afrontar riesgos regulatorios, y en muchas ocasiones, la comisión se cubre en efectivo o en especie (incluyendo criptoactivos) por lo que tampoco suman en la parte fiscal. En otras palabras, incrementan los costos por su comisión (en ocasiones en detrimento de la calidad de los bienes o servicios) y no aportan valor agregado a las transacciones que de cualquier forma se hubieran cerrado entre los actores que saben y realmente hacen las cosas.
Finalmente, no es nueva la actividad ya que anteriormente se usaba como verbo la expresión coyotear, que claramente tampoco denotaba una conducta honorable, pero lamentablemente pareciera que es otra de las costumbres que, al generalizarse se normalizan hasta ganar la apariencia de ser buenas.
X: @LBartoliniE

