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La maquinaria del Bienestar asume control de Morena

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OpiniónEl Economista

La relevancia de las elecciones intermedias de 2027 obliga el movimiento de piezas clave y enroques en el tablero de ajedrez político de México, para “blindar” el proyecto de la Cuarta Transformación ante la prueba de fuego que representan las elecciones intermedias. La salida de Luisa María Alcalde Luján de la dirigencia nacional de Morena es parte de una operación de cirugía mayor para lograr retener el mayor número de gubernaturas y la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

La confirmación de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la invitación a Luisa María Alcalde para ocupar la Consejería Jurídica de la Presidencia, tras la renuncia -que se hará efectiva el 30 de abril- de Esthela Damián, quien buscará la gubernatura de Guerrero, no es un simple relevo en el gabinete, sino un movimiento estratégico de ajedrez por parte de la Jefa del Poder Ejecutivo Federal.

Y es que la salida de Esthela Damián abre un hueco crítico en el equipo legal de la presidenta de México. Luisa María Alcalde, quien ya aceptó el ofrecimiento de la presidenta Sheinbaum, ha demostrado experiencia operativa en la Secretaría de Gobernación, regresa al círculo más cercano de Claudia Sheinbaum. Además, su perfil como abogada laboralista y su experiencia en la estructura del Estado la convierten en la pieza ideal para defender las reformas constitucionales (como la Reforma Judicial que se perfila para 2028) que son el eje del actual sexenio.

Por otra parte, la eventual llegada de Ariadna Montiel a la dirigencia nacional de Morena es el movimiento más estratégico, ya que Montiel no solo es una operadora política, sino es la guardiana de la columna vertebral del obradorismo: Los Programas del Bienestar.

Ariadna Montiel, como titular de la Secretaría del Bienestar, gestionó una relación directa con millones de beneficiarios, por lo que su llegada a la dirigencia nacional de Morena significa la fusión definitiva entre la estructura del gobierno y la estructura del partido, lo cual será crucial de cara a las elecciones intermedias de 2027.

Morena requiere asegurar que el “voto duro” de los programas sociales se traduzca en votos para obtener la mayoría de curules y de gubernaturas. Ariadna Montiel es el perfil ideal para alcanzar ese propósito, pues conoce el “puerta a puerta” y domina el trabajo en territorio, a diferencia de perfiles más discursivos de otros liderazgos.

Además, con el reciente nombramiento de Citlalli Hernández al frente de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, el círculo se cierra, ya que mientras Ariadna Montiel se encarga de movilizar a la base, Citlalli filtrará quiénes aparezcan en la boleta. Su papel será fundamental para evitar rupturas internas que Luisa María Alcalde, por momentos, dejó crecer.

Con estos movimientos se constituye un “Dream Team femenino, que va acorde a la política del actual gobierno, de que “es tiempo de mujeres”. Desde una perspectiva de eficacia electoral, la combinación de la fórmula Montiel-Hernández, crea un binomio de control total, ya que mientras Montiel aporta el músculo operativo y la lealtad de la base beneficiaria de los programas de bienestar, Hernández aporta la ideología y el control disciplinario sobre las candidaturas.

Morena ha decidido dejar de lado los experimentos, toda vez que al enviar a Luisa María Alcalde a proteger el flanco jurídico de la presidencia y colocar a Ariadna Montiel al mando del partido, Claudia Sheinbaum envía un mensaje claro: En 2027 no solo quieren ganar, quieren consolidar el control absoluto.

Es la transición de un movimiento de esperanza a una maquinaria de precisión electoral que tiene en el Bienestar su combustible principal. Sin embargo, la eventual llegada de la “operadora de los programas sociales” a la presidencia del partido oficialista desdibuja la línea entre Estado y Partido, lo que podría judicializar el proceso electoral de 2027 incluso antes de que empiece.

En el tablero de ajedrez de la Cuarta Transformación, pocos nombres poseen la densidad operativa de Ariadna Montiel, originaria de la Ciudad de México, pero con raíces familiares hidalguenses, específicamente del Valle del Mezquital. Mientras los reflectores suelen posarse sobre las figuras legislativas o los aspirantes a candidaturas visibles, Montiel ha consolidado su poder desde la Secretaría de Bienestar, el corazón financiero y social del proyecto oficialista.

Su trayectoria viene desde las bases del PRD y la consolidación de Morena. Su éxito radica en la gestión de los Programas para el Bienestar, que hoy alcanzan a más de 25 millones de beneficiarios. Es de las pocas funcionarias que transitó del gabinete de Andrés Manuel López Obrador al de Claudia Sheinbaum sin perder un ápice de influencia, siendo ratificada en su cargo.

Ariadna Montiel es una pieza clave en el proyecto del segundo piso de la Cuarta Transformación, ya que, sin su gestión en el territorio, el partido guinda no tendría la fuerza que mostró en las elecciones de junio. Su llegada a los círculos más altos de decisión de Morena ya es prácticamente un hecho consumado.

Por otra parte, la renuncia de Esthela Damián, efectiva el 30 de abril, marca el inicio formal de las campañas internas por las gubernaturas de 2027, siendo Guerrero el primer gran campo de batalla donde el ala radical y el ala moderada de Morena medirán fuerzas. Esto apenas es el inicio de la disputa interna morenista por los cargos de elección, proceso que si no es bien conducido por Citlalli Hernández puede derivar en rupturas que pueden hacer tambalear el proyecto de la Cuarta Transformación. Sin embargo, este “Dream Team” femenino hace suponer a los círculos de poder de Morena que tendrá buenos resultados en las elecciones intermedias de 2027.

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