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El imposible sistema de salud (2)

Miguel González Compeán | Columna invitada
En la colaboración anterior, decía yo que el sistema de salud pública descansaba en 3 patas. Los seguros -el IMSS y el ISSSTE-; el sistema federal de clínicas de salud y el seguro popular. En los tres, la palabra a resaltar es “seguros”. Es decir, que no son una dádiva estatal, sino que los propios agremiados junto con los empresarios y el gobierno quienespagan sus servicios médicos y es así desde los años 40 en el caso del IMSS y desde los 50 en el caso del ISSSTE.
El servicio del IMSS y del ISSSTE hasta los años 2000 funcionaba razonablemente, incluso para aquellos soportesdel sistema: los doctores, enfermeras o enfermeros y personal administrativo, que contaban con servicio civil de carrera, seguro social, acceso a la vivienda y atención familiar.
A principios de los años 2000 ya se había detectado que una buena parte de la población (alrededor de 50 millones de mexicanos) no tenía acceso a pesar de los esfuerzos de la secretaría de salud que tiene 1200 Hospitales y 13 institutos de especialidades, a todas luces insuficientes, combinado con los sistemas estatales. Se constituyó, entonces el seguro popular, que con una pequeña cuota se volvió una especie de mutualidad que daba acceso y atendía mas de 57 millones de personas en clínicas de primer piso y empezó a crecer en atención de segúndo piso y enfermedades castastroficas para 2018. Era un éxito y más barata que estar pagando los consultorios de las farmacias colocadas por las grandes cadenas farmacéuticas. Haber desaparecido el seguro popular, privatizó la salud popular en México; de las mejores estupideces de la 4t.
Ante el fracaso de salud para el bienestar, se les ocurrió una “idea genial” muy a la 4t: todos los 50 millones que estaban en el seguro popular, que ahora se atiendan en el IMSS y en el ISSSTE, lo que llevó definitivamente al colapso del sistema de salud pública.
Entre el colapso de uno y la inaccesibilidad de otro, me he ido encontrando con opciones para alguien como yo muy clase media o clase media medio alta: hospitales como el San Angelinn del sur del grupo Dalinde o los Starmedica, por ejemplo, y para toda clase de servicios de laboratorio o diagnóstico el sistema que se llama “Salud Digna” y “SUMAR Salud”. Todos con excelente servicio y accesibles para quien no tiene o no ha podido seguir pagando un seguro o quien, al haberlo perdido, como yo, con un poco de esfuerzo puede pagar la cuenta.
En un artículo reciente, aparecido en la revista Letras Libres de abril, Gabriel Zaid hace un recuento de la infraestructura existente en el país y ofrece una o dos alternativas interesantes, como la de establecer servicios de atención medica remota con “call centers” y con ello despresurizar la demanda cotidiana en los hospitales públicos.
Soluciones existen, alternativas se pueden crear, pero en esto, como en la educación, la energía o la salud, la perspectiva de tiempo no puede acomodarse al la vanidosa pretención del gobernante en turno. Se van haciendo poco a poco. Y, el mercado esa fuerza contundente, ha abierto alternativas a gente como yo y alguno de nuestros lectores. Las opciones son mínimas, sin embargo. La destrucción mayúscula y las alternativas una más inviable que la otra.
La realidad es que no hay reflexión, no hay estudios, no hay consejos, no hay asesoría. Está el voluntarismo, la visión ideológica y una visión de corto plazo que ha destruido el esfuerzo de casí un siglo de construcción, para tragedianuestra. Nada más, pero nada menos, también.

