Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

Los hijos que ya no nacieron

main image

Jorge A. Castañeda | Columna invitada

Jorge A. Castañeda Morales

El martes, el INEGI publicó los primeros resultados de la Encuesta Intercensal 2025 con datos muy reveladores y preocupantes particularmente en lo que se refiere a la caída en natalidad. Esta caída es un fenómeno global: de 236 países, 219 tienen una tendencia descendente en la fecundidad. Pero los números mexicanos resultaron peores de lo que cualquiera imaginaba, incluido quien escribe, que en mayo dedicó este espacio al tema.

La tasa nacional de fecundidad fue de 1.2 hijos por mujer en 2024. El Censo 2020 había medido 1.9 en 2019 con la misma pregunta, y las proyecciones se mantenían en torno a 1.9. Es una caída del 37% en cinco años, una de las más pronunciadas registradas en tan poco tiempo: Corea del Sur, el caso extremo, bajó 32% en su peor lustro (de 1.24 en 2015 a 0.84 en 2020). México hoy esta apenas por encima de Japón, que registró 1.15 en 2024 y es constantemente utilizado como ejemplo del problema de natalidad. Hoy, las 32 entidades federativas se encuentran por debajo de la tasa de remplazo. La más alta es Chiapas en 1.8; y la más baja la Ciudad de México, en 0.8 (compoarable a Corea del Sur). Puede que la conciliación del CONAPO suba unas décimas, pero ninguna fuente nos regresa a 1.9.

Las explicaciones que circulan caben en tres familias. La económica: vivienda inaccesible y empleo precario; en la encuesta del UNFPA en 14 países, más de la mitad citó barreras económicas y uno de cada cinco no tendrá los hijos que quisiera. La segunda, las exigencias de la vida moderna: carreras más largas, maternidad más tardía y una crianza más intensiva en tiempo y dinero. Kearney, Levine y Pardue, en el Journal of Economic Perspectives, no hallaron factores económicos ni de política que expliquenla caída estadounidense desde 2007, y la atribuyen a un cambio de aspiraciones y normas de crianza. La tercera, la pantalla: el Financial Times mostró en mayo que el punto de inflexión mexicano coincide con la masificación del smartphone en 2012, y la Intercensal apunta en la misma dirección: los solteros pasaron de 33.7% a 36.2%, los casados de 35.3% a 31.8% y los hogares unipersonales de 12.4% a 15%.

Aunque para algunos pueda parecer inocua la caída en natalidad, es y será un problema muy real en las próximas décadas. La razón de dependencia —cuántos niños y viejos hay por cada cien personas en edad de trabajar— está en 47, la más baja de la historia, y de aquí en adelante solo puede subir, ya no por los niños sino por los viejos: la de vejez pasó de 12 a 15 en cinco años. La CEPAL ubica el fin del bono demográfico hacia 2030; a partir de ahí habrá cada año menos trabajadores cotizando por cada pensionado, en un país con 55% de empleo informal y pensiones que ya cuestan el 6% del PIB, rumbo al 7% en 2030 según el CIEP. Habrá que atender a más adultos mayores con los mismos contribuyentes y faltarán cuidadores: en México a los viejos los cuidan sus hijos, sobre todo sus hijas, y con 1.2 hijos por mujer habrá cada vez menos quien lo haga. La población todavía crece 0.7% al año por inercia, pero va a empezar a bajar y no hay manera de evitarlo: los niños que no nacieron en 2024 no van a aparecer de la noche a la mañana ni en 2045, cuando les tocaría entrar a trabajar.

Hacia delante tenemos que prepararnos para esta nueva realidad. Un primer paso que todos los países van a tener que tomar, y es de las cosas más impopulares del mundo, es atar la edad de retiro a la esperanza de vida. De la inteligencia artificial y del cambio climático nos preocupamos a diario. Pero el verdadero reto hacia el futuro será la demografía no: los niños que no nacieron ya no van a nacer, y con ellos los trabajadores, contribuyentes y cuidadores de 2050. Quizá esto debería preocuparnos mucho más.

Temas relacionados

tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete