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La Fed de Warsh: diplomacia de liquidez

Enrique Campos Suárez | La gran depresión
Es muy probable que el cambio en la presidencia de la Fed abra el debate más allá de posibles bajas en la tasa de interés de 25 o 50 puntos base.
Hay una redefinición geopolítica en curso y quien se perfila como el próximo titular del banco central estadounidense, Kevin Warsh, busca participar en esa recomposición del mundo a través de la liquidez y hacer de la Reserva Federal una herramienta de la diplomacia financiera.
Recientemente el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, declaró ante el Comité de Apropiaciones del Senado que muchos países del Golfo Pérsico y de Asia han solicitado formalmente apoyo financiero a través de swaps; líneas de intercambio que los ayuden a superar la asfixia provocada por la volatilidad derivada del conflicto en el Medio Oriente.
Sin embargo, el propio Departamento del Tesoro tiene un límite en el Fondo de Estabilización que tiene una capacidad operativa que no supera los 220,000 millones de dólares. Es una cantidad enorme, pero hablamos también de economías muy grandes y con problemas complejos y de altísimo costo.
Ahí es donde aparece la posibilidad de una Fed que tenga ánimos de poner a funcionar la fábrica de dólares a todo vapor para surtir de una liquidez prácticamente ilimitada a sus socios y amigos en problemas.
El Tesoro depende de las aprobaciones presupuestales del Congreso, la Fed no. El banco central puede tomar la decisión de inundar de dólares al mundo con el pretexto de evitar la venta masiva de activos estadounidenses por parte de los tenedores extranjeros.
La Reserva Federal bajo el mando de Jerome Powell difícilmente accedería a un movimiento de esta magnitud. Pero Powell presenta hoy la decisión de política monetaria y se va. En cambio, Warsh se formó en la crisis de liquidez del 2008 y claramente tendría una estrecha colaboración con Bessent.
El beneficio colateral, o principal, es que si la Fed de Warsh decide otorgar esas líneas swap a sus cercanos emproblemados habría un fortalecimiento muy claro de la dominancia del dólar como moneda hegemónica en el mundo, al menos durante el tiempo de vigencia de esos contratos, esto es, décadas.
La ventanilla que podría abrir la Fed, con una sonrisa de oreja a oreja del presidente Trump, es la de un prestamista de última instancia a nivel global; lo que implicaría ponerle competencia enfrente al Fondo Monetario Internacional.
Para México, esta hegemonía no es noticia, aunque sí represente un choque frontal para la narrativa del régimen. Resulta contradictorio enarbolar banderas de soberanía nacionalista mientras se vive bajo el protectorado del dólar.
Con un Acuerdo de Estabilización de 9,000 millones de dólares del Tesoro y una línea swap con la Fed que va de los 3,000 millones garantizados hasta los 60,000 millones si una crisis lo amerita, aquello de la autonomía es retórica de consumo interno.
En el discurso “Masiosare” tan de moda en estos días, debe ser difícil aceptar que la estabilidad del peso no se decide en los pasillos de Palacio Nacional, sino en la ventanilla del dólar. Así es la interconexión con esa potencia que ahora busca expandir sus alcances a otros países.

