Lectura 3:00 min
Los extremos

Ezra Shabot | Línea directa
La ausencia de diálogo en una sociedad es producto de la incapacidad de los actores de entender que la opinión diferente no es necesariamente incompatible con la convivencia cotidiana, y en el terreno del poder, de llegar a un compromiso entre las partes. Lo que estamos viviendo en México y en buena parte del mundo es esa disputa entre los extremos, donde la democracia como forma de vida va cediendo su paso a la imposición de verdades irrefutables puestas en práctica en función de quien tenga más fuerza para difundirlas.
Dos ejemplos muy claros de esto son los casos de la Argentina de Milei y la Colombia de la Espriella. En ambos casos sus triunfos electorales son producto del rechazo ciudadano a gobiernos autoritarios y excluyentes, peronistas y petristas cuya relación con sus opositores fue la de desprecio, descalificación e insulto.
Frente a esto la presencia de liberales, socialdemócratas, o conservadores, no sirvió como alternativa al populismo de los caudillos. Por el contrario, únicamente la reproducción de un discurso diametramente opuesto, sin espacio para el compromiso político, fue lo que avivó a los electores argentinos y colombianos a optar por la contraparte que de forma idéntica señala a sus adversarios como enemigos a eliminar para que no puedan volver a tener la más mínima oportunidad de recuperar el poder.
Pero ni el peronismo argentino ni el petrismo colombiano pudieron cerrar el camino de la alternancia electoral que permitió al otro extremo acceder al poder. Y es este espacio precisamente el que la 4T ha venido destruyendo en su intento por no dejar abierto orificio alguno por donde otra opción, caudillezca o liberal, pudiese colarse en un proceso electoral próximo. Teniendo en sus manos los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como el aparato de organización y calificación electoral, van ahora por el control de medios de comunicación y el alejamiento de los críticos de cualquier forma de conectarse con la sociedad.
Desde el triunfo del Brexit en el Reino Unido y la llegada de Trump a la presidencia de los Estados Unidos, el principio de la pluralidad democrática ha sido sustituido por el de la unanimidad de grupo como valor a defender a cualquier costo. En el fondo se trata de reproducir la lógica de cualquier totalitarismo donde no hay espacio para la disidencia.
El escritor israelí Amos Oz hablaba de dos formas de solucionar los conflictos. Una bajo el esquema Shakespeariano, donde al final ganadores y perdedores terminaban muertos, o mediante la narrativa Chejoviana donde todos los personajes acababan totalmente insatisfechos con la solución pero vivos. Ese es el dilema entre democracia y autoritarismo. Hoy este último es el triunfador en un mundo intolerante donde los extremos se convierten en la norma aceptable, y los demócratas son fácilmente desechables por el discurso de la verdad única e irrebatible.

