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Dos noches para viajar al pasado musical de Belle and Sebastian

Foto: Cortesía OCESA
La banda escocesa Belle and Sebastian tomó posesión del Teatro Metropólitan de la Ciudad de México. Entre las inclemencias del clima la banda liderada por Stuart Murdoch conjuró fantasmas musicales para llevarnos en un viaje espectral hacia un distante 1996.
Fueron dos noches de celebración. Una para el Tigermilk. La otra para If You’re Feeling Sinister. Dos noches para celebrar 30 años de historia de la banda escocesa y uno de los estandartes del indie pop.
Belle and Sebastian no encajaba en los moldes tradicionales. No cantaban sobre convertirse en estrellas de rock o sobre meditaciones sobre la vida en las grandes urbes. Tampoco usaban la Union Jack como un símbolo identitario. No había acid house o beats electrónicos. Las letras de Murdoch y compañía eran relatos inusuales sobre personajes marginales un poco más cercanos a los estudios de personajes de Ray Davies o Paul Weller sacados de algún pastoral escocés.
La primera sesión fue con Tigermilk. El primer trabajo de la banda, editado en junio de 1996, los puso en el mapa como una agrupación diferente de los estándares musicales de la era del britpop.
If You’re Feeling Sinister fue grabado unos meses después y publicado en noviembre de 1996 ayudó a solidificar su lugar aparte del canon del pop británico. Desde los primeros acordes de “The Stars of Track and Field” Belle and Sebastian se extiende como un ente flexible que fluye con las simples confesiones acústicas de su líder Stuart Murdoch informadas por la música de Nick Drake y John Martyn.
Ambos trabajos se alejan del exceso y los himnos bombásticos del britpop que reinaban a mediados de la década de 1990 y se intercambian por baladas calladas que provienen de un lugar más pastoral.
La banda integrada está por: Stuart Murdoch (voz y guitarra) Stevie Jackson (guitarra), Chris Geddes (teclados), Richard Colburn (batería), Sarah Martin (violín, teclados, flauta), Bobby Kildea (guitarras) y Dave McGowan (bajo). Belle and Sebastian es capaz de recorrer los terrenos del pop cameral hasta los paisajes psicodélicos de la C86, la legendaria compilación del NME que informó a toda una generación de músicos.
Belle and Sebastian es música para los inadaptados. Es para aquellos que miran tímidamente en el patio a los populares del colegio durante el recreo. Aquellos que aman en secreto, vierten sus obsesiones en tontas canciones de amor y sienten que son las únicas almas incomprendidas en este mundo.
Cada álbum fue presentado en orden cronológico y, como el ritual del vinilo lo dicta, tuvo su obligada pausa para “cambiar el lado”.

Foto: Especial
Todo lo demás fueron las canciones que uno tiene en su lista de deseos: “I’m a Cuckoo”, “Dear Catastrophe Waitress”, “If She Wants Me”, “Funny Little Frog”, “Another Sunny Day”, “Piazza, New York Catcher” y “The Boy with the Arab Strap”.
La banda sólo presentó una canción nueva “It Only Takes One Lion”, un himno con influencia directa de los “Three Lions” de The Lightning Seeds y “World in Motion” de New Order, para vivir una apasionada fantasía futbolística —pre mundialista— como los personajes de Nick Hornby. Un partido imaginario del Belle and Sebastian FC.
Esta presentación fue para los nostálgicos y para los fanáticos. Fue una oportunidad para escuchar sus primeros dos discos, una buena parte de Dear Catastrophe Waitress y un puñado de hits. Un buen pretexto para celebrar la historia de la banda.
Los conciertos de Belle and Sebastian fueron un repaso por los viejos álbumes fotográficos. Una oportunidad para hurgar por el baúl de las memorias y recordar los viajes musicalizados por estos álbumes.
La música de Belle and Sebastian continúa siendo un lugar para los introvertidos. Es un bálsamo para las almas solitarias que encuentran refugio en estas pequeñas tontas canciones de amor y un antídoto perfecto para olvidarnos del mundo por un par de horas.




